Existe un fenómeno recurrente en Hollywood respecto de sagas cinematográficas que despegan con una premisa fantástica, atrayendo a millones de espectadores, solo para estrellarse en sus entregas posteriores. La audiencia se conecta con la primera película porque establece un universo intrigante, presenta un misterio cautivador y tiene una identidad clara. Sin embargo, a medida que la saga avanza, la necesidad de responder a todas las preguntas y complejizar el lore (mitología) resulta en una pérdida total de la esencia inicial.
La principal señal de alerta de este declive es cuando la secuela abandona la fórmula que funcionó para adoptar un tono más genérico. La tensión claustrofóbica se cambia por vastos paisajes, el misterio íntimo por la conspiración global, y el foco en los personajes se sustituye por la exposición excesiva de los orígenes de la amenaza. Este cambio de rumbo, motivado muchas veces por la ambición de hacer un blockbuster más grande, suele ser lo que desconecta emocionalmente a la audiencia que se enamoró de la sencillez dramática del inicio.
En este análisis, repasaremos varias sagas que ejemplifican este triste destino. Estos títulos comenzaron en la cima del éxito y la aclamación, pero terminaron diluyéndose en entregas que fallaron al intentar superar su propia sombra. Son ejemplos claros de cómo la expansión desmedida y la falta de foco pueden convertir una prometedora franquicia en una nota a pie de página en la historia del cine moderno.
El fenómeno de las distopías adolescentes
La década de 2010 fue testigo de un auge sin precedentes de las adaptaciones cinematográficas de novelas de fantasía y ciencia ficción distópica dirigidas al público juvenil. Este fenómeno, impulsado por el éxito inicial de franquicias como Los Juegos del Hambre, estableció una fórmula altamente rentable: un futuro post-apocalíptico, una sociedad opresiva gobernada por una élite, y un héroe adolescente inesperado que se levanta para liderar una rebelión.
Sin embargo, el deseo de los estudios de replicar este éxito condujo a una sobresaturación del mercado. Muchas de las sagas subsiguientes lucharon por distinguirse y, a menudo, cayeron en la trampa de la repetición y la complejidad innecesaria. El afán por extender la historia a múltiples entregas y responder a cada pregunta del universo forzó tramas que se sentían sobrecargadas, diluyendo la energía y la frescura de la premisa original.
En este contexto, sagas como Maze Runner se convirtieron en un ejemplo de cómo una primera entrega sólida puede sucumbir a la presión de la secuela. Estas franquicias demuestran que el éxito inicial, basado en una idea clara y contenida, es difícil de sostener cuando la visión se pierde en la ambición de la expansión mitológica y el world-building forzado, llevando a la decepción del público que esperaba una continuidad de la calidad inicial.
Maze Runner: De la tensión al exceso de exposición

La saga de Maze Runner (El corredor del laberinto), basada en las novelas de James Dashner, ejemplifica perfectamente el riesgo de una franquicia que pierde su esencia al expandirse demasiado rápido. La primera película, Maze Runner: Correr o Morir (2014), fue un éxito rotundo y una excelente pieza de cine juvenil. Su acierto radicó en una premisa de misterio claustrofóbico y supervivencia: un grupo de jóvenes atrapados en un laberinto gigante sin recordar cómo llegaron allí.
La película fue cautivadora porque se enfocó en el quién, qué y dónde inmediato, con un antagonista claro (el Laberinto y la criatura CRUEL) y reglas bien definidas. La tensión era palpable gracias a la atmósfera contenida y la sensación de peligro constante. Al mantener el universo a escala humana y centrarse en la dinámica del grupo, la primera entrega construyó un misterio orgánico que enganchó a la audiencia, dejando preguntas suficientes para justificar una secuela sin sentirse obligada.
Sin embargo, en las entregas posteriores, especialmente en Maze Runner: Prueba de Fuego (2015), la franquicia abandonó esa fórmula exitosa. El foco se desplazó del misterio y la supervivencia a la exposición masiva de la mitología de CRUEL, los orígenes del virus ‘Destello’ y las conspiraciones globales. El Laberinto, que era el corazón de la tensión, fue reemplazado por una persecución genérica a través del vasto desierto post-apocalíptico. Al intentar ser una épica aventura de acción de ciencia ficción, Maze Runner sacrificó la intriga íntima por una sobrecarga de lore, diluyendo la conexión emocional y agotando el entusiasmo del público.
John Carter: Un gran presupuesto y una visión sin foco

La película de ciencia ficción de Disney, John Carter, estrenada en 2012, es tristemente célebre por ser uno de los fracasos de taquilla más ruidosos y costosos de la historia del cine moderno. Basada en la serie de novelas Barsoom de Edgar Rice Burroughs (una fuente clásica de la ciencia ficción), la película representaba un intento ambicioso de iniciar una trilogía épica de gran escala, pero terminó generando pérdidas históricas para el estudio.
El fracaso se debió a una combinación de factores. El principal fue su presupuesto exorbitante, estimado entre $250 y $300 millones, sin contar los gastos de marketing. Además, la campaña promocional fue ampliamente criticada por ser confusa y poco atractiva, ya que no logró comunicar al público la premisa central de un veterano de la Guerra Civil transportado a Marte. La película, a su vez, luchó por simplificar su compleja mitología para una audiencia masiva.
Al final, John Carter solo recaudó $284 millones a nivel mundial, una cifra insuficiente para cubrir sus costos de producción y marketing. El resultado fue una pérdida estimada superior a los $200 millones para Disney en el primer trimestre fiscal. Este descalabro financiero llevó a la cancelación inmediata de toda la trilogía y cualquier futuro plan para la franquicia, sellando su destino como un caso de estudio sobre los riesgos de las producciones de alto presupuesto.
Jem y los Hologramas: Un fracaso debido a la pérdida de identidad

La película Jem y los Hologramas, estrenada en 2015, es un caso de estudio sobre cómo una adaptación puede fracasar rotundamente por alejarse del espíritu y la esencia del material original. Basada en el popular dibujo animado de los años 80, que combinaba música pop, moda extravagante y una temática de ciencia ficción (con la inteligencia artificial Synergy), la cinta intentó una modernización que no solo no gustó a los fans, sino que tampoco logró atraer a nuevas audiencias.
El fracaso fue rotundo tanto en la crítica como, especialmente, en la taquilla. Con un presupuesto estimado en $5 millones de dólares, la película solo recaudó $2.3 millones a nivel mundial, convirtiéndose en uno de los peores debuts comerciales de un estudio grande en la historia moderna. Fue duramente criticada por desdibujar la fantasía y el glamour del dibujo animado en favor de un drama adolescente genérico y superficial sobre la fama en la era de internet.
La cinta demostró que el reconocimiento de una marca no garantiza el éxito si el producto final carece de calidad o de fidelidad a los elementos clave que hicieron popular al original. La decepción del público fue tan grande que el fracaso de Jem y los Hologramas canceló la franquicia antes de que pudiera empezar, sirviendo como un claro ejemplo de un proyecto mal ejecutado que no supo capitalizar la nostalgia.
Daniel González
Columnista de apuestas deportivas y gaming en Yaconic. Comunicólogo (Universidad de Navarra, España). Con la visión de un especialista en iGaming y creador de contenido para plataformas de casinos online. Mi columna va más allá de la pasión por el deporte: analizo estrategias, cuotas y mercados, ofreciendo al lector un análisis riguroso y datos clave para tomar decisiones informadas en el mundo de las apuestas.