Publicado originalmente el 7 de abril de 2026. Actualizado el 28 de mayo de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
Los fanzines son publicaciones independientes hechas con pocos recursos: fotocopias, recortes, grapas, dibujos, textos, fotografías, cómics, reseñas, entrevistas o poemas. Su circulación suele ser directa: de mano en mano, en conciertos, tianguis, ferias, talleres, escuelas, librerías pequeñas o por correo. Aunque hoy también existen en PDF y redes sociales, su historia está ligada al papel, la fotocopia y la autoedición.
La palabra fanzine viene de la unión de fan y magazine: una revista hecha por personas aficionadas a un tema para compartirla con otras. Con el tiempo, el formato dejó de estar asociado solo a comunidades de fans. Además, se volvió común en escenas punk, feministas, anarquistas, de cómic, música, poesía, gráfica y publicaciones independientes.
En México y Latinoamérica, el fanzine ha servido para registrar aquello que muchas veces no apareció en la prensa tradicional. Esto incluye conciertos pequeños, abusos policiales, debates internos de colectivos, escenas barriales, publicaciones feministas, redes de intercambio y formas de organización cultural. Por eso hoy no solo se leen como objetos de colección, sino también como documentos para estudiar una época.

¿Qué es un fanzine?
Un fanzine no necesita una editorial grande, una imprenta profesional ni una distribución comercial. Puede hacerse con una hoja doblada, un cuadernillo engrapado, una impresora casera, una fotocopiadora o un archivo digital. Lo importante es que quien lo produce decide qué publicar, cómo hacerlo circular y con quién compartirlo.
Esa libertad de producción hizo que el fanzine fuera útil para escenas con poco espacio en medios comerciales. En sus páginas podían aparecer entrevistas a bandas, dibujos, reseñas de discos, poesía, textos políticos, testimonios, historietas, directorios, convocatorias, cartas y crónicas de conciertos. Muchas veces, esos datos quedaron ahí antes que en libros, periódicos o archivos institucionales.
La revista Caleidoscopio, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, publicó el estudio “El fanzine como fenómeno cultural en la Ciudad de México”, donde Juan Alberto Martín del Campo Jiménez señala que el fanzine cobró fuerza en la capital durante los años ochenta. Además, hoy forma parte de la cultura visual y de las prácticas de autoedición de nuevas generaciones.
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Fanzines en México: del Chopo al Archivo Desobediente
En México, el auge del fanzine durante los años ochenta y noventa estuvo relacionado con escenas juveniles que no encontraban suficiente espacio en los medios comerciales. El punk, el rock subterráneo, el cómic independiente, la poesía, la gráfica y distintos colectivos usaron estas publicaciones para reseñar tocadas, publicar entrevistas, compartir letras, denunciar violencia y dejar constancia de lo que pasaba en sus comunidades.
La Ciudad de México fue uno de los puntos principales de esa circulación. El estudio de la UAA, que consultamos antes, ubica al fanzine capitalino como una publicación de bajo costo que permitió crear espacios de afinidad, convivencia y difusión para jóvenes creadores durante los años ochenta.
Uno de los lugares más importantes para esa historia fue el Tianguis Cultural del Chopo, donde circularon discos, casetes, carteles, ropa, revistas independientes y fanzines. La relación entre el Chopo y las escenas punk también aparece en el trabajo de preservación del Museo Universitario del Chopo: su Fanzinoteca conserva materiales vinculados con la cultura punk en México desde 1979 hasta la actualidad.
Por lo tanto, el Archivo Desobediente del Museo Universitario del Chopo, de la UNAM, es hoy una referencia importante para estudiar estas publicaciones. Su Fanzinoteca reúne materiales provenientes de colecciones personales y documentos relacionados con punk, autoedición, gráfica y escenas independientes en México.
Estos materiales importan porque guardan datos concretos: nombres de bandas, fechas de conciertos, direcciones postales, listas de contactos, dibujos, poemas, reseñas, denuncias y discusiones que muchas veces no quedaron en otros archivos.
C.H.A.P.S.: mujeres punk dentro del fanzine mexicano
Uno de los ejemplos más importantes para hablar de fanzines en México es C.H.A.P.S., siglas de Chavas Activas Punks. El Archivo Desobediente registra el material CHAPS (Chavas Activas Punks), Año 1, No. 3, dentro de sus fondos consultables. Por lo que si quieres puedes consultarlos de manera digital o física.
C.H.A.P.S. es relevante para este país porque observamos cómo las mujeres dentro de la escena punk escribieron sobre su propia experiencia en un espacio donde predominaban voces masculinas. El colectivo surgió en los ochentas y sus páginas incluyeron textos, poesía, ensayos y arte visual, además de temas como machismo, anarquía y abuso policial. Una de las fundadoras originales, «Magos punk» aún conserva varios archivos originales y sigue activa en el activismo. Por otro lado, Zappa Punk, otra de las fundadoras, se consolidó como una de las voces más reconocidas en el punk mexicano. Abriéndose paso en un ambiente predominado por hombres y dominando con su personalidad hasta la fecha.
Este caso ayuda a entender que los fanzines no fueron solo publicaciones musicales. También funcionaron como espacios para hablar de cuerpo, violencia, participación política, trabajo colectivo, amistad, desigualdad y vida cotidiana.
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Fanzines en Latinoamérica: Argentina, Uruguay, Chile y Colombia
La historia del fanzine en Latinoamérica no puede contarse solo desde México. En países como Argentina, Uruguay, Chile y Colombia, estas publicaciones también sirvieron para documentar escenas musicales, cómic, gráfica, debates políticos, memoria social y formas de organización cultural durante y después de dictaduras, crisis económicas o conflictos armados.
En Argentina, uno de los casos más citados es Resistencia, fanzine creado por Patricia Pietrafesa en Buenos Aires en 1984 y publicado hasta 2001. Su importancia está en que registró durante años la escena punk argentina. Además, abrió espacio para discusiones sobre feminismo, derechos LGBTIQ+, antirracismo, ecologismo y derechos animales. El trabajo académico sobre fanzines anarco-punks en la recuperación democrática argentina analiza publicaciones producidas entre 1986 y 1993 en Buenos Aires y otras ciudades de la provincia.
Antes de Resistencia, Argentina tuvo antecedentes como Vaselina, editado entre 1979 y 1983 por Hari B, Sergio Gramatika y Marcelo Pocavida. Algunas investigaciones sobre publicaciones punk argentinas lo ubican entre los primeros fanzines punk del país, con entrevistas, comentarios de recitales y materiales hechos con recursos básicos de impresión.
En Uruguay, el libro Bajo tierra. Cartografía incompleta de revistas subte y fanzines en el Uruguay de la posdictadura (1986-1990), compilado por Eugenia González y Diego Pérez, reúne publicaciones alternativas de Montevideo durante los primeros años posteriores a la dictadura. La ficha del Parlamento de Uruguay señala que el libro reproduce alrededor de ochenta ejemplares y menciona publicaciones como Gas Subterráneo, Cable a Tierra y La Oreja Cortada. En ellas se discutían temas como represión policial, razzias, drogas, juventudes desplazadas y sexualidades fuera de la norma.
En Colombia, el fanzine ha tenido un papel importante en escenas culturales, gráficas y de memoria. La Zineteca, en Bogotá, se ha formado durante más de dos décadas como un archivo dedicado a reunir, conservar y activar publicaciones independientes. Bacánika la presenta como una de las colecciones de fanzines más completas del país.
Dentro de la escena colombiana, el estudio “(Fan)zines colombianos actuales entre constelaciones y comunidades” menciona a Plagio Punk Fanzine como un ejemplo relevante por incluir fotos de conciertos, historietas sobre la vida de punks y músicos punk, entrevistas, reportajes sobre bandas y registros de conciertos en Colombia y otros países.
En Chile, los fanzines también han servido para trabajar memoria y publicación independiente. Un caso reciente es 1974: una madre siembra una semilla, del Colectivo Bugambilia, que recupera historias de madres de detenidos desaparecidos durante la dictadura. El Mostrador documentó que este fanzine fue la primera materialización del trabajo del colectivo y que buscaba reunir más historias vinculadas con memoria e impunidad.
Estos ejemplos muestran que los fanzines latinoamericanos no fueron iguales en todos los países. En Argentina y Uruguay estuvieron muy ligados a escenas punk y a los años posteriores a las dictaduras; en Colombia aparecen conectados con archivos, gráfica, música y memoria; en Chile también han funcionado como publicaciones para conservar relatos familiares y políticos. En todos los casos, el fanzine permitió dejar registro de escenas que no siempre fueron cubiertas por medios comerciales.
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Feminismos, memoria y publicaciones independientes
Los fanzines también han sido usados por colectivas feministas para compartir experiencias, denunciar violencias, circular información y crear archivos propios. No se trata solo de publicaciones personales: muchas veces reúnen testimonios, imágenes, consignas, directorios, textos colectivos y materiales que permiten reconstruir conversaciones de una época.
La revista Papel Político, de la Pontificia Universidad Javeriana, publicó el artículo “La potencia fanzinera y la archiva feminista: apuestas para tejer la memoria activista”, que analiza el lugar de los fanzines en la construcción y preservación de la memoria colectiva del movimiento feminista.
Este punto permite conectar a C.H.A.P.S. con una discusión más amplia en América Latina: los fanzines no solo circularon en escenas musicales; también ayudaron a guardar registros de activismo feminista, experiencias personales y debates sobre cuerpo, violencia, cuidado, trabajo y comunidad.
La fotocopia, el recorte y el hazlo tú mismo
El fanzine popularizó una forma sencilla de publicar: escribir, recortar, pegar, fotocopiar, engrapar y repartir. Esa producción barata fue clave porque permitió que una persona o un grupo pequeño hiciera circular sus ideas sin depender de una editorial, una imprenta grande o un medio comercial.
La fotocopia fue central porque redujo costos y facilitó tirajes pequeños. También permitió una gráfica reconocible: páginas armadas a mano, letras recortadas, imágenes intervenidas, dibujos, collages y textos que podían cambiar de un número a otro.
En México, esa forma de producción ayudó a que las publicaciones circularan en tianguis, tocadas, escuelas, talleres y redes de intercambio. En otros países de Latinoamérica, también favoreció el envío por correo entre ciudades y países. Por eso muchos fanzines funcionaron como redes de contacto: no solo se leían, también conectaban a personas que compartían música, ideas, direcciones y convocatorias.
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¿Por qué siguen importando los fanzines?
Los fanzines siguen siendo relevantes por dos razones. La primera es cultural: todavía permiten publicar de forma directa, barata y cercana, sin depender de grandes tirajes. La segunda es histórica: muchos fanzines antiguos hoy son documentos para estudiar escenas que no quedaron bien registradas en medios tradicionales.
El Archivo Desobediente de la UNAM, la Fanzinoteca del Chopo, C.H.A.P.S. en México, Resistencia y Vaselina en Argentina, Gas Subterráneo y Cable a Tierra en Uruguay, La Zineteca y Plagio Punk Fanzine en Colombia, así como proyectos chilenos como 1974: una madre siembra una semilla, muestran que estas publicaciones no pueden verse como simples curiosidades. Son materiales que ayudan a responder preguntas concretas: quiénes participaron en una escena, qué temas discutían, cómo se organizaban, qué música escuchaban, qué violencias denunciaban y qué redes construyeron.
El fanzine no necesita grandes palabras para demostrar su valor. Basta mirar lo que conserva: fechas, nombres, dibujos, cartas, direcciones, reseñas, poemas, relatos personales, convocatorias y huellas de comunidades que decidieron publicar con los recursos que tenían a la mano.
Viridiana Velázquez
Editora en Yaconic. Periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Mi especialidad es el análisis del consumo cultural y las narrativas mediáticas. Con una década de experiencia como reportera en medios de comunicación como Grupo Mundo Ejecutivo o Indie Rocks! y la Comunicación Social en el Gobierno de la Ciudad de México, examino cómo el poder, el mercado y el marketing determinan la percepción del arte y la sociedad. Te ofrezco una visión profunda de la cultura como producto y como reflejo de nuestro entorno.



