Ximena Cuevas: la cineasta mexicana que hizo del video una forma de mirar el país

Publicado originalmente el 1 de abril de 2026. Actualizado el 27 de mayo de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
Ximena Cuevas es una de las artistas mexicanas más importantes del videoarte. Su obra cruza cine, televisión, vida cotidiana, humor, género, cultura popular y crítica social. Desde los años ochenta ha trabajado con imágenes que parecen simples, pero que revelan cómo México se cuenta a sí mismo en la pantalla.
Nació en la Ciudad de México en 1963. Es hija del artista José Luis Cuevas, pero su camino no siguió la pintura ni el dibujo. Su trabajo se fue hacia la imagen en movimiento: primero desde el cine y después desde el video, un formato que le permitió trabajar con más libertad, menos presupuesto y más cercanía con la vida diaria.
Su nombre aparece en museos, festivales y colecciones internacionales porque fue una de las primeras artistas mexicanas en hacer del video una obra con peso propio. En 2001, el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquirió nueve de sus videos; el Hammer Museum de UCLA señala que fue la primera vez que el MoMA integró a su colección obra de una videoartista mexicana. Hoy el museo conserva más piezas suyas en su acervo.
Quién es Ximena Cuevas
Ximena Cuevas es realizadora, editora, artista de video y artista de performance. Su obra habla de la televisión, la familia, el amor, la mentira, el melodrama, la identidad mexicana, el cuerpo, el género y las formas en que la sociedad aprende a comportarse frente a una cámara.
Antes de dedicarse de lleno a su obra personal, trabajó en la industria del cine. FICUNAM y el Museo Amparo señalan que a los 16 años entró a trabajar en la Cineteca Nacional de México y que después colaboró en cine como asistente de dirección, directora artística, continuista y doble de luces. Entre los directores con los que trabajó están John Huston, en Bajo el volcán de 1984, y Arturo Ripstein, en Mentiras piadosas de 1988.
Ese paso por la industria fue importante porque le permitió conocerlo desde adentro: los rodajes, los equipos, las reglas de producción, la espera, los errores y los límites de trabajar dentro de una maquinaria costosa. Más tarde, el video le ofreció otra posibilidad: grabar con equipos más ligeros, editar de manera más directa y construir piezas fuera de los tiempos del cine comercial.
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De la Cineteca Nacional al videoarte
La relación de Ximena con la imagen empezó muy joven. Su primer contacto de trabajo con la imagen en movimiento ocurrió en 1979, cuando comenzó a reparar películas antiguas en la Cineteca Nacional.
Esto nos ayuda a entender una parte de su obra: Cuevas no llegó al video como una aficionada a la cámara portátil, sino como alguien con experiencia en el cine, su historia y sus procesos materiales. Había tocado película, había trabajado con celuloide, había visto cómo se arma una imagen y cómo puede manipularse.
A inicios de los años noventa, compró una cámara Video8 y se apartó del cine más convencional. Landmarks, programa de arte público de la Universidad de Texas en Austin, señala que en 1991 Cuevas dejó el mundo del cine comercial y empezó una carrera propia en el video, con piezas marcadas por su interés en los secretos, el melodrama, la televisión y las contradicciones de la vida social.
Qué es el videoarte y por qué Cuevas fue clave
El videoarte no es lo mismo que un videoclip, un documental o una película tradicional, aunque puede tomar elementos de todos ellos. En términos sencillos, es una forma de creación audiovisual donde la imagen grabada se usa para hacer una obra artística. Puede durar pocos minutos, mezclar grabaciones caseras, fragmentos de televisión, actuación, música, humor, texto o escenas aparentemente cotidianas.
Ximena Cuevas fue clave porque entendió que el video podía mirar cosas que el cine mexicano de su época no siempre atendía: la vida doméstica, la cultura televisiva, el deseo, la identidad sexual, la doble moral, la familia de clase media, la publicidad y las imágenes que el país consume todos los días.
Video Data Bank, archivo especializado en videoarte de la School of the Art Institute of Chicago, resume su trabajo como una exploración constante de la frontera entre verdad y ficción, y de las capas de mentira que cubren las representaciones cotidianas de la realidad.
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La televisión, el melodrama y las mentiras cotidianas
Una parte central de la obra de Ximena Cuevas está en su forma de mirar la televisión. No la trata solo como entretenimiento, sino como un espejo deformado de la vida mexicana. En sus videos aparecen gestos, canciones, frases hechas, cuerpos, escenas domésticas y emociones cercanas al melodrama.
Ese interés no es casual. En México, la televisión abierta moldeó durante décadas la forma en que muchas personas vieron la familia, el amor, el éxito, la feminidad, la masculinidad y la clase social. Cuevas tomó esos materiales y los llevó a otro terreno: los cortó, los exageró, los mezcló con escenas personales y los volvió preguntas.
La académica Laura G. Gutiérrez estudió este punto en “Mexican Nationalism, Mass Media, and Gender/Sexuality: Unmasking Lies in Ximena Cuevas’ Video Art”, publicado en Latin American Literary Review. Su lectura ubica a Cuevas como una artista que trabaja con los medios masivos para mostrar cómo se construyen ideas sobre México, la familia, el género y la sexualidad.
Obras clave de Ximena Cuevas
Una de sus piezas más conocidas es Corazón sangrante de 1993. Está en el MoMA como parte de su colección, junto con Las tres muertes de Lupe, Corazón sangrante, Para quererte, Medias mentiras, Cama, Marca registrada, Turistas y Cinépolis, la capital del cine. En este trabajo, Cuevas usa el bolero, el exceso sentimental y la imagen religiosa para revisar cómo se representa el dolor amoroso, especialmente desde lugares asociados a lo femenino.
Laura G. Gutiérrez analizó esta pieza en el artículo académico “Reframing the Retablo: Mexican Feminist Critical Practice in Ximena Cuevas’ Corazón Sangrante”, publicado en Feminist Media Studies. El texto estudia cómo toma elementos visuales ligados a la religiosidad popular y al melodrama para hablar del cuerpo, el amor y la pérdida desde una mirada crítica.
Otra obra importante es Medias mentiras, de 1995. El Centre Pompidou adquirió esta pieza en 2004. El título resume bien una preocupación frecuente en su trabajo: las verdades incompletas con las que se sostiene la vida pública y privada. En Cuevas, la mentira no aparece solo como engaño individual; también aparece como parte de la televisión, la política, la publicidad, el romance y la identidad nacional.
También están Cama de 1998, Marca registrada de 2001, Tómbola de 2001 y Cinépolis, la capital del cine de 2003. Varias de estas piezas trabajan con el consumo, la pareja, los programas de televisión, la publicidad y la manera en que las personas aprenden a desear lo que ven en pantalla.
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reinterpretan los símbolos de la identidad nacional y el exceso sentimental.
Ximena Cuevas y el humor como herramienta crítica
El trabajo de Cuevas no funciona desde el sermón. Muchas veces usa humor, repetición, actuación y exageración para mostrar lo absurdo de ciertas costumbres. Esa mezcla hace que sus videos puedan verse como piezas divertidas, incómodas y tristes al mismo tiempo.
La Jornada publicó en 2014 una entrevista donde Cuevas habló de su distancia frente al cine industrial. Ahí explicó que, al intentar hacer una película propia, se dio cuenta de que no tenía interés en convencer a instituciones o productores de financiar un proyecto costoso. Esa distancia la llevó hacia el video, donde podía trabajar de otra manera.
Esa decisión fue importante para su obra. En lugar de esperar grandes presupuestos, Cuevas trabajó con cámaras accesibles, grabaciones breves, actuaciones directas, material cotidiano y edición precisa. Así pudo responder más rápido a lo que veía en la calle, en la televisión o en su propia vida.
Género, deseo y vida cotidiana
Uno de los aportes más claros de Ximena Cuevas está en la forma en que trata el género y el deseo. Sus videos no presentan la identidad como algo fijo o limpio. La muestran llena de gestos aprendidos, frases repetidas, expectativas familiares, imágenes de televisión y contradicciones.
Su obra explora temas de género, desigualdad social y la influencia de la cultura, la música, el arte y la política mexicana. Ese cruce aparece en muchas de sus piezas: la pareja como puesta en escena, la familia como lugar de tensión, la televisión como escuela sentimental y el cuerpo como espacio donde se notan las reglas sociales.
Por eso su trabajo también es importante para pensar la presencia lésbica y queer en el arte mexicano, aunque no todas sus piezas traten el tema de forma directa. En lugar de explicar la identidad con discursos cerrados, Cuevas la trabaja desde imágenes, silencios, escenas absurdas, canciones, errores y deseos que no caben en la norma familiar tradicional.
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Reconocimiento internacional
El reconocimiento de Ximena Cuevas no se limita a México. Sus videos han sido presentados en festivales, museos y programas especializados. Su obra forma parte de colecciones como el MoMA de Nueva York, el Centre Pompidou de París y el Museo Universitario Arte Contemporáneo en la Ciudad de México.
También publicó Half-Lies: The Videoworks of Ximena Cuevas, una caja retrospectiva de cuatro volúmenes con 25 videos realizados a lo largo de 21 años, acompañada por un cuaderno de 75 páginas con ensayos sobre su obra. Esta edición ayudó a ordenar y circular una parte importante de su producción para públicos, archivos, escuelas y museos.
Su inclusión en colecciones internacionales importa porque el videoarte latinoamericano durante mucho tiempo tuvo menos visibilidad que la pintura, la escultura o el cine de largometraje. El caso de Cuevas muestra cómo una obra hecha desde formatos pequeños puede entrar en debates mayores sobre memoria, género, medios y cultura popular.
Por qué sigue importando Ximena Cuevas
Ximena Cuevas sigue siendo importante porque su obra ayuda a entender cómo las imágenes forman nuestra idea de país, de amor, de familia y de normalidad. Sus videos no solo hablan de una época. También hablan de una pregunta que sigue vigente: ¿cuánto de lo que somos viene de lo que aprendimos viendo televisión, cine, publicidad y melodramas?
Su trabajo permite mirar a México desde lugares poco cómodos: la sala de la casa, la cama, el set de televisión, la vitrina, la canción romántica, la telenovela, el cuerpo que no encaja y la risa que aparece cuando algo resulta demasiado falso para tomarse en serio.
En una época dominada por pantallas, filtros y contenidos rápidos, la obra de Cuevas conserva una fuerza especial. Sus videos recuerdan que una imagen no solo se mira: también se aprende, se repite, se actúa y se puede desmontar. Esa es una de las razones por las que su nombre sigue siendo clave para entender el videoarte mexicano y la historia reciente de la imagen en movimiento en América Latina.
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Redacción
Viridiana Velázquez
Editora en Yaconic. Periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Mi especialidad es el análisis del consumo cultural y las narrativas mediáticas. Con una década de experiencia como reportera en medios de comunicación como Grupo Mundo Ejecutivo o Indie Rocks! y la Comunicación Social en el Gobierno de la Ciudad de México, examino cómo el poder, el mercado y el marketing determinan la percepción del arte y la sociedad. Te ofrezco una visión profunda de la cultura como producto y como reflejo de nuestro entorno.







