Imágenes peligrosas para cambiar el mundo

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Emory Douglas, foto Pedro Zamacona

Por Eduardo H.G. / @altermundos 

Empoderamiento. Si pudiéramos concentrar la obra de Emory Douglas (Michigan, 1943) durante su labor en uno de los movimientos sociales más importantes del siglo XX, el Black Panther Party (Partido de las Panteras Negras), sería en la idea del poder comunitario. El arte de Douglas retrata —pasmosamente y sin tapujos— la batalla encarnizada de las sociedades esclavizadas contra toda opresión. Un llamado a la conciencia y praxis liberadoras.

El arte por el arte no existe. La afirmación todavía incomoda, como en otros tiempos, a los cánones establecidos. Las imágenes que Douglas creó como ministro de cultura de los Panteras Negras y como ilustrador de su periódico –The Black Phanter-, en la década de los 60 y 70, navegaron en ese camino, donde las galerías eran las calles y el pueblo afroamericano el actor de un movimiento fundado por Huey P. Newton y Bobby Seale en Oakland, California, en 1966. EMORY DOUGLAS M1Tiempo atrás, cuando Emory tenía ocho años se trasladó a San Francisco, donde se convirtió en un delincuente. Tras su paso por un reformatorio estudió arte publicitario en el City College. Sus habilidades lo llevaron a colaborar en el Movimiento del Arte Negro, con los afiches para una visita de Betty Shabazz (viuda de Malcolm X) a la Universidad Estatal. Por aquellos días, en una reunión en la casa del activista y escritor Eldrige Cleaver, Douglas ingresa a las Panteras Negras:

“Una noche llegué y Huey y Bobby estaban allí para hablar con Eldrige. Bobby trataba de escribir la primera edición de The Black Phanter, quería redactar los titulares a lápiz. Me ofrecí a ayudarlo para mejorar la calidad. Luego me dirigí a mi casa —al otro extremo de la ciudad— y regresé. Estaban impresionados de que hubiera vuelto. Dijeron que iban a inaugurar el periódico y querían que yo fuera parte; me considerarían el `Artista Revolucionario´”, explica, sonriente y con 70 años a cuestas, en entrevista con Yaconic.

El momento marcó el inicio de una labor artística que Douglas realizó hasta su salida del partido en 1978. Cada semana, el periódico (que llegó a imprimir 400 mil ejemplares) incluía los afiches que hacía como reflejo de la política del Partido, englobada en su Programa de los Diez Puntos: libertad, trabajo, respeto al pueblo negro, atención médica gratuita, vivienda, educación, cese a la brutalidad policiaca y libertad de presos políticos, entre otros ejes.

Todo el poder para el pueblo

“En un principio el arte que yo hacía eran posters que tenían como base mostrar a los policías como cerdos [la conceptualización se volvió icónica y permanece actualmente en el imaginario popular]; también, hacer alusión a la reivindicación de la autodefensa armada: hombres y mujeres en chaqueta negra de piel, boina y armas en las manos”. Para ello Douglas recurrió a la técnica del Brandig o enfoque de ciertos elementos para transmitir o construir un concepto.

Después, en una segunda etapa, la creación dio un “gran giro al ver los problemas sociales e inquietudes de la gente. Este arte en esencia expresaba lo que las personas pensaban, sentían y pasaban en esos momentos. El arte era lo que la gente decía. Por ello no era arte simplemente, era el sentimiento de la gente reflejado en una pintura, una ilustración o una manta”.

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En ese terreno, la esencia del trabajo del periódico y del propio Douglas era mostrar el sentimiento de abuso, represión y racismo que el pueblo afroamericano sufría cotidianamente, así como reivindicar los programas sociales que el Partido aplicaba en las comunidades: clínicas y desayunos gratuitos para niños, servicio de transporte y ambulancias, lucha contra las drogas e impartición de clases. “Los Panteras Negras eran una organización basada específicamente en educar a la sociedad sobre los derechos humanos”.

—Consideras que los diez puntos del programa siguen vigentes – se le pregunta.

—Sí, la gente hoy en día los aplica e interpreta a su manera o conveniencia, en cierto punto es inspirador dado que es flexible y no tan rígido como en el pasado. La gente los aplica sin importar su ubicación geográfica o comunidad en la que vivan. Sin importar lo que hagan, los diez puntos pueden significar una guía de acción.

El arte puede cambiar al mundo

En el pasado, sostiene Douglas, había más solidaridad en el arte, más coaliciones: “viajábamos tratando de conectar a la gente como una organización y no como algo individual  o exclusivo.  Ahora hay más individualismo y el arte es más dinámico. Honestamente no veo nada de malo en las marcas nuevas. Simplemente se generaron más colectivos y dentro de éstos lo individual aporta y difunde más”.EMORY DOUGLAS M3

Con un trabajo artístico que continuó luego de su cargo como ministro de cultura del partido, Emory reconoce que una de sus mayores satisfacciones es que éste inspiró a los movimientos de liberación en general. Como ejemplo señala una de sus imágenes —diseñada en blanco y negro en un principio, a color después— donde se ve a un afroamericano militante y la consigna escrita en ella está traducida en cuatro idiomas.

Otra imagen refleja la consecuencia de Douglas, cuya obra se expuso ya en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, en el Museo de la Estación de Arte Contemporáneo de Houston y el Centro de Artes de Beirut, en Líbano. En 2012 viajó a México para participar en el proyecto Zapantera Negra, encuentro que tuvo como eje la relación entre el Partido Pantera Negra y el EZLN, en Chiapas, como movimientos de autodeterminación.

“Ha sido una experiencia de inspiración para mí. El ver como las comunidades con tanta cultura y pocos recursos estén orgullosos de sí mismos, de la identificación de sus raíces”, explica Douglas, de aspecto juvenil, cabeza rapada, camisa de franela, pantalón negro y un collar con lo que parecen ser motivos africanos. “Una persona silente”, según sus compañeros.

¿El arte puede cambiar el mundo?: “Definitivamente puede cambiar y cambia al mundo. En cualquier lugar al que vas observas arte. Eso motiva al artista a hacer más. Representar y mostrar los problemas cotidianos, y qué mejor forma que el mismo arte. Es una competencia cultural sana, pero con beneficios sociales en todo el orbe”, sentencia.

Staff Yaconic

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