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MÚSICA27 agosto, 2026

Alice Bag: la pionera chicana que cambió la historia del punk mucho antes del riot grrrl

Alice Bag: la pionera chicana que cambió la historia del punk mucho antes del riot grrrl
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Dentro del mundo actual la equidad de género y la igualdad de oportunidades forman parte del vocabulario cotidiano. Todavía falta mucho para que ambos sean una realidad. Aunque sí hay avances con respecto al pasado. Ningún cambio se ha conseguido de manera inmediata. Pero una de las mujeres que utilizó el punk para hablar de violencia, machismo e identidad desde la primera escena de Los Ángeles fue Alicia Armendáriz, mejor conocida como Alice Bag. Su historia comenzó más de una década antes de la aparición del riot grrrl. Alice no perteneció a ese movimiento. Sin embargo, abrió un camino que mujeres de generaciones posteriores sí reconocieron.

Ni de aquí ni de allá: una chicana que creció entre dos culturas

Alice Bag nació en Los Ángeles en 1958, hija de padres mexicanos, y creció en East L.A. dentro de una casa donde el español era el idioma cotidiano. Ella misma ha contado que durante sus primeros años se percibía como una niña mexicana. Además, su entrada a la escuela, donde tuvo que enfrentarse al inglés, le produjo una sensación de estar fuera de lugar. En una entrevista con Milenio publicada con motivo de la edición en español de Violence Girl, explicó que en casa se hablaba español. También señaló que la televisión y la radio formaban parte de ese entorno cultural.

El cine fue otra parte importante de esa educación sentimental. Alice ha escrito sobre su infancia viendo las películas de la Época de Oro que preferían sus padres, con Pedro Infante, Jorge Negrete, Libertad Lamarque, Pedro Armendáriz y Silvia Pinal. Años después reconocería que estaba mucho más familiarizada con esas estrellas que con buena parte del cine estadounidense clásico. Esa mezcla terminó apareciendo también en su manera de cantar. En Violence Girl relaciona su interpretación vocal con figuras de la canción mexicana como Pedro Infante, Lucha Villa y José Alfredo Jiménez.

Crecer en East L.A. tampoco fue una experiencia sencilla. Alice ha hablado de las burlas sufridas en la escuela, de sentirse diferente y, sobre todo, de la violencia que veía dentro de su propia casa. Su padre golpeaba a su madre y ella, siendo niña, se sentía incapaz de intervenir. Décadas después explicaría que buena parte de la furia que aparecía sobre el escenario provenía de aquella frustración. De hecho, “el punk fue una especie de terapia para mí”, dijo al hablar de la forma en que podía sacar frente al público el enojo que de pequeña no tenía dónde colocar.

Su identidad chicana no apareció como una etiqueta colocada desde fuera muchos años después. Estaba en el idioma, en la música, en las películas, en East L.A. y en la tensión de pasar de un entorno mexicano a una sociedad estadounidense donde frecuentemente se sentía fuera de lugar. Cuando comenzó a tocar punk no necesariamente subía al escenario pensando “soy una mujer chicana”, como ella misma ha explicado. Sin embargo, aquellas referencias terminaron filtrándose en su voz, sus letras y los proyectos que desarrollaría después.

Retrato en blanco y negro de la cantante chicana Alice Bag gritando con furia punk al micrófono, luciendo su icónico delineado de ojos egipcio y un lazo negro al cuello durante un concierto en Los Ángeles en 1978.
Alicia Armendáriz (Alice Bag) vocalista de The Bags en California, Estados Unidos, 1978. Sentó los pilares del feminismo musical décadas antes de la ola del Riot Grrrl. Foto: Jenny Lens.

De Alicia Armendáriz a Alice Bag, una voz chicana clave del primer punk de Los Ángeles

Antes de The Bags, Alicia y Patricia Morrison ya habían intentado formar proyectos relacionados con el glam. El cambio ocurrió después de asistir en 1977 a un concierto donde tocaron The Germs, The Zeros y The Weirdos. Alice ha descrito aquella noche como una sacudida. The Germs apenas podían tocar, The Zeros mostraban que una banda integrada por músicos latinos podía ocupar ese espacio. Además, The Weirdos mezclaban canciones pegajosas con una imagen completamente desatada. Ella y Patricia salieron convencidas de que ya no tenían que esperar a convertirse en instrumentistas virtuosas para comenzar una banda.

De ahí surgió The Bags. El nombre estaba relacionado con una ocurrencia de Patricia: usar bolsas de papel sobre la cabeza durante las primeras actuaciones. Esa broma también terminó produciendo los nombres Alice Bag y Pat Bag, y Alicia Armendáriz comenzó a ser conocida públicamente por ese alias. La propia Alice ha contado la historia del concierto de The Weirdos y el origen de las bolsas.

The Bags formó parte de una primera escena de Los Ángeles donde las fronteras todavía no estaban completamente marcadas. X, The Germs, The Weirdos, The Screamers, The Zeros, The Bags y poco después Black Flag compartían clubes, públicos y músicos en un circuito todavía pequeño. Alice recuerda esa etapa como una comunidad donde los integrantes de una banda podían estar entre el público viendo a otra. Además, mujeres, latinos y personas queer estaban presentes desde el comienzo, aunque buena parte de los relatos posteriores tendieran a concentrarse en hombres blancos.

Una vez convertida en Alice Bag, se distinguió por una voz potente, cruda y cargada de rabia. Sus gritos desaforados son el equivalente al rayo eléctrico con el que el Dr. Victor Frankenstein le dio vida a su criatura sin nombre. La metáfora funciona porque arriba del escenario parecía aparecer otra persona. Kid Congo Powers la recuerda como una intérprete tan intensa que nunca era evidente qué podía ocurrir durante una presentación.

Esa agresividad también coloca a The Bags cerca de la historia temprana del hardcore angelino, aunque sería un error reducir el origen del género a ellos y Black Flag. El propio sitio de Alice Bag recoge que el sonido rápido, áspero y emocional de The Bags ha sido señalado como una influencia temprana en lo que después se desarrollaría como hardcore. Se trata de una historia en la que participaron múltiples bandas y escenas del sur de California.

La rabia tampoco era solamente pose escénica. Alice ha explicado varias veces que una parte venía de la violencia que había presenciado en casa. En una entrevista con La Jornada habló de su padre golpeando a su madre y de cómo, al comenzar a cantar, encontró por primera vez un espacio donde podía sentirse poderosa. Así pudo convertir aquella frustración en algo audible. Su presencia tenía fuerza porque detrás del volumen y los movimientos había una experiencia que ella llevaba años sin poder expresar.

Alice Bag cantando intensamente al micrófono junto a la bajista Patricia Morrison durante un concierto en vivo de la banda punk The Bags en un club underground de Los Ángeles en 1978.
Alicia Armendáriz (Alice Bag) junto a la bajista Patricia Morrison (quien más tarde ganaría fama mundial en The Gun Club y The Sisters of Mercy) durante una presentación de The Bags en Los Ángeles, Estados Unidos, 1978. El registro captura la visceral puesta en escena que rompió los esquemas de género en la primera ola del punk californiano. Foto: Jenny Lens, cronista visual indispensable de la contracultura de la Costa Oeste.

Una precursora del riot grrrl y el empoderamiento de la mujer

Alice Bag pertenece a una generación anterior al riot grrrl, que comenzó a tomar forma a principios de los años noventa alrededor de escenas como Olympia y Washington D.C. No fue integrante ni creadora de ese movimiento. Su importancia está en otra parte: The Bags ya había puesto sobre escenarios punk a una mujer chicana que cantaba con agresividad, hablaba sobre violencia y rechazaba la idea de que las mujeres debían ocupar un lugar secundario dentro de una banda.

Grupos como Bikini Kill, Bratmobile, Babes in Toyland y L7 citaron “Survive”, de The Bags, como referencia, mientras que Kathleen Hanna, de Bikini Kill, y Allison Wolfe, de Bratmobile, terminaron colaborando directamente con Alice en “77”, incluida en el álbum Blueprint. Ahí sí existe una línea comprobable entre la primera escena punk de Los Ángeles y mujeres que años después serían centrales para riot grrrl y otras ramas del punk feminista.

En “Violence Girl” está documentada la misma relación entre rabia, violencia vivida en casa y presencia física sobre el escenario. En la apertura de Violence Girl, Alice reconstruye la energía con la que interpretaba la canción, moviéndose de un lado a otro, empujando al público a reaccionar y usando el escenario como un espacio donde podía expresar una furia que durante su infancia había tenido que guardar. Esa intensidad también conecta con sus testimonios posteriores sobre la violencia de su padre y la manera en que el punk se convirtió para ella en una forma de sacar ese enojo.

Su trabajo fuera de los escenarios también explica por qué su legado no puede reducirse a The Bags. Durante más de veinte años trabajó como maestra bilingüe de primaria en Los Ángeles, en escuelas con una importante presencia latina. Esa profesión terminó cambiando incluso su manera de escribir canciones. Alice ha contado que trabajar con niños la obligó a aprender a comunicar con precisión, escuchar cuándo una idea no estaba llegando y buscar otra forma de explicarla; con los años sintió que esa experiencia la convirtió en una compositora más clara.

La educación también la acercó a Centroamérica. En 1986 viajó a Nicaragua mientras trabajaba como maestra, en parte porque varios de sus alumnos provenían de esa región y quería comprender mejor sus contextos. Había leído Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire, y estaba interesada en formas de enseñanza que no trataran a los estudiantes como simples recipientes de información. Alice explicó esa relación entre su trabajo docente y el viaje a Nicaragua al hablar años después sobre el origen de su segundo libro.

Ese material terminó convertido en Pipe Bomb for the Soul, publicado en 2015. El libro no nació como un manual abstracto de activismo: está basado en los diarios que escribió durante su estancia en Nicaragua en 1986, en plena guerra de la Contra. Alice conservó aquellos cuadernos durante décadas y posteriormente los editó, añadiendo contexto histórico sin borrar la forma de diario. Su sitio oficial mantiene el libro disponible también en línea y lo presenta como un texto donde aquella experiencia la llevó a cuestionar consumismo, capitalismo, raza, género y las formas de organizar la vida política.

Música, escritura y enseñanza terminaron cruzándose de manera bastante natural. Su activismo no apareció como una carrera paralela armada después del punk: salió de experiencias concretas —la violencia en casa, las aulas, sus alumnos, Nicaragua, el sexismo dentro y fuera de la música— que después reaparecieron en libros, canciones y proyectos comunitarios.

Retrato moderno de estudio de la legendaria cantante de punk chicano Alice Bag, posando con su icónico cabello teñido de azul brillante, labios rojos y una chaqueta con estampado de leopardo sobre un fondo rosa pastel.
Foto: Martin Sorrondeguy

Trabajo reciente de Alice Bag, desde Juanita y Juan hasta Bellas Artes

A pesar de todo el trabajo que Alice Bag ha realizado durante casi medio siglo, no parece demasiado interesada en quedarse repitiendo The Bags. Uno de sus proyectos recientes es Juanita y Juan. Es un dúo formado con su viejo amigo Kid Congo Powers, también chicano y conocido por su paso por The Gun Club, The Cramps y Nick Cave and the Bad Seeds.

El proyecto nació después de que ambos fueran invitados a escribir una canción en español para la serie The Resort en 2022. En una entrevista conjunta con Los Angeles Times, Alice Bag y Kid Congo Powers explicaron que les pidieron imaginar una especie de acto de lounge playero y que de esa colaboración surgieron los personajes Juanita y Juan. Ellos mismos describen su sonido con términos bastante menos solemnes: “loud lounge” y “punk folk”. Durante la grabación comenzaron a explorar ritmos latinos y tropicales, sintetizadores y cajas de ritmos. Además, exploraron guitarras muy alejadas de las expectativas que normalmente acompañan sus nombres.

Ese proceso terminó convertido en Jungle Cruise, publicado el 4 de abril de 2025 por In The Red Records. La amistad entre ambos se remonta a los primeros años del punk angelino. El disco aprovecha precisamente esa confianza para hacer algo que ninguno suele hacer por separado. La conexión chicana está presente, pero sin convertir el álbum en una demostración solemne de identidad. Sin embargo, ellos mismos hablan de la mezcla con humor y desde una libertad que combina lounge, punk, electrónica y ritmos latinos.

En 2026 Alice también volvió a México dentro del Primer Encuentro Internacional de Arte Chicanx, organizado por el Museo del Palacio de Bellas Artes. El encuentro reunió conversaciones alrededor de identidad, memoria, migración, producción artística y experiencias chicanas. El 1 de agosto de 2026, Alice participó en la Sala Manuel M. Ponce en el conversatorio “Punk chicanx: música, identidad y resistencia”, moderado por Raúl Vázquez “Rulo”, dentro de la programación oficial del INBAL.

Esa participación tiene sentido dentro de una historia que Alice lleva años intentando contar. La primera escena punk de Los Ángeles no estuvo formada únicamente por hombres blancos. Había chicanos, mujeres y músicos queer desde sus primeros años. Sin embargo, los nombres, apellidos y contextos de muchos de ellos desaparecieron de las versiones más repetidas de la historia. En 2025, al conversar con Kid Congo Powers sobre esa invisibilidad, Alice señalaba incluso algo tan simple como el efecto de los nombres artísticos: al convertirse en “Alice Bag”, su apellido Armendáriz dejó de ser visible para buena parte del público.

Ahí está una parte importante de su legado. Alice Bag fue cantante de una de las primeras bandas punk de Los Ángeles. Era una mujer chicana que convirtió experiencias de violencia y exclusión en una presencia escénica difícil de ignorar. Fue una referencia documentada para mujeres que llegaron después, autora de dos libros y maestra bilingüe durante más de dos décadas. Riot grrrl apareció muchos años después de The Bags. Sin embargo, algunas de las preguntas que ese movimiento pondría al centro —quién puede ocupar un escenario, quién cuenta la historia del punk y qué ocurre cuando las mujeres convierten su propia rabia en música— ya estaban presentes cuando Alice Bag tomaba el micrófono a finales de los setenta.

Redacción

Rodrigo Rojas Herrera

Rodrigo Rojas Herrera es periodista especializado en música, cine, literatura y cultura. Es fundador del fanzine digital Música Inclasificable y ha colaborado en medios como Dónde Ir, Noisey, Indie Rocks! y Chilango. También participa en los libros Rockabilly: antología de minificciones (2020) y 200 discos chingones del rocanrol mexicano (2022). LinkedIn:Rodrigo Rojas Herrera

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