Area Nightclub: Cuando la noche se convirtió en un museo de sitio
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Area Nightclub: Cuando la noche se convirtió en un museo de sitio

Ubicado en el 157 de Hudson Street, en un antiguo almacén de correos de Tribeca (Triangle Below Canal Street) un exclusivo barrio de Manhattan, Nueva York, conocido por sus galerías, arquitectura industrial y alta concentración de celebridades que parecía destinado al olvido, Area Nightclub y el arte inmersivo de los años 80 se erigió como el epicentro de una revolución estética que canibalizó la vida nocturna de Manhattan.

Fundado por Eric y Christopher Goode, Shawn Hausman y Darius Azari, este espacio desafió la lógica comercial del entretenimiento al operar bajo la premisa de la autodestrucción creativa.

Cada seis semanas, el club cerraba sus puertas para ser demolido internamente y reconstruido bajo una nueva temática conceptual, transformando la pista de baile en un museo de sitio donde el diseño de interiores y la biopolítica urbana colisionaban sin jerarquías ni etiquetas de precio.

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Area Nightclub y el arte inmersivo

La curaduría de Area lograba disolver la frontera tradicional entre el creador y el espectador de una forma que ningún otro recinto ha logrado replicar. Mientras las discotecas de la época invertían en sistemas de iluminación convencionales, los fundadores apostaban por instalaciones que hoy consideraríamos la génesis de Area Nightclub y el arte inmersivo a nivel global.

Un ejemplo emblemático de esta ingeniería del absurdo ocurrió durante la temática dedicada a la «Comida«, donde la icónica piscina del club fue vaciada para ser llenada con una instalación surrealista compuesta por una sopa de letras gigante que flotaba como un recordatorio de que, en ese espacio, hasta el mobiliario era un mensaje cifrado que debía ser decodificado por el asistente.

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La intervención de leyendas del arte neoyorquino no era un evento especial, sino parte del ecosistema cotidiano del lugar. No era extraño encontrar a Jean-Michel Basquiat interviniendo directamente las paredes con su trazo frenético o a Keith Haring diseñando los escaparates que daban la bienvenida a los asistentes, reforzando el vínculo entre Area Nightclub y el arte inmersivo.

El propio Andy Warhol no solo fungía como un asistente de la élite, sino que se integraba como una pieza de performance viva; en varias ocasiones, Warhol donó «esculturas invisibles» consistentes en pedestales vacíos o participó en instalaciones donde se le observaba cenar en absoluto silencio, convirtiendo su propia cotidianidad en un objeto de exhibición para la masa que bailaba a unos metros de distancia.

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Area Nightclub y el arte inmersivo

Logísticamente, la metamorfosis de este espacio requería una disciplina casi militar y un presupuesto que hoy resultaría prohibitivo para la naturaleza efímera de la propuesta. Cada cambio de tema, que abarcaba conceptos tan diversos como Ciencia, Religión o Historia Natural, implicaba una inversión de entre veinticinco mil y cincuenta mil dólares de la época.

Durante noventa y seis horas ininterrumpidas, un equipo compuesto por carpinteros, soldadores y artistas de vanguardia trabajaba en la reconstrucción total del espacio, instalando desde aceleradores de partículas simulados hasta tanques con fauna exótica para asegurar que el concepto de Area Nightclub y el arte inmersivo se mantuviera en una evolución constante que ninguna otra discoteca podía igualar.

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Area Nightclub y el arte inmersivo

El legado de este experimento nocturno trascendió el cierre definitivo del club en 1987. El fenómeno de Area Nightclub y el arte inmersivo demostró que un espacio de entretenimiento podía poseer la misma profundidad intelectual y técnica que una galería del SoHo, influyendo de manera definitiva en el diseño de experiencias contemporáneas.

Fue el lugar donde la noche se convirtió en el soporte principal de la vanguardia, recordándonos que la soberanía narrativa de una generación puede construirse sobre cimientos de cartón, neón y la voluntad inquebrantable de sorprender a través de la transformación radical del entorno.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola