En el corazón del altiplano boliviano, especialmente en la ciudad de El Alto, se alza un fenómeno arquitectónico y cultural que desafía lo convencional: los Cholets. Estas edificaciones, con su explosión de color, formas geométricas audaces y diseños innovadores, son mucho más que simples construcciones. Representan el orgullo, la identidad y el éxito económico de la emergente clase media y alta aimara (n grupo indígena originario de la región andina alrededor del lago Titicaca), marcando un antes y un después en el paisaje urbano de Bolivia con la cultura Cholet.
El término «Cholet» es una fusión ingeniosa de las palabras «cholo» (usado en Bolivia para referirse a personas de origen indígena, a menudo con connotaciones históricamente despectivas, pero resignificado hoy con orgullo) y «chalet» (refiriéndose a una vivienda familiar). Esta denominación encierra en sí misma la esencia de este movimiento: la afirmación de la identidad indígena y su capacidad de generar riqueza y modernidad, sin renunciar a sus raíces. La cultura Cholet es símbolo tangible de un proceso de empoderamiento cultural y económico que florece a la vista de todos.
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No se puede hablar de la cultura Cholet sin mencionar a su principal exponente: el arquitecto Freddy Mamani Silvestre. Autodidacta, ex-albañil y con formación en ingeniería, Mamani ha construido más de un centenar de estas edificaciones, principalmente en El Alto, desde principios del siglo XXI. Su estilo, a menudo denominado «nueva arquitectura andina» o «arquitectura cohetillo», es inconfundible. Mamani ha logrado llevar la iconografía aimara con referencias a cóndores, pumas, motivos textiles y de la cultura Tiahuanaco, a una estética futurista y barroca que fascina a propios y extraños.
La cultura Cholet es mucho más que una fachada llamativa. Su diseño es multifuncional, pensado para las necesidades de sus propietarios. Generalmente, un Cholet de Mamani consta de varios niveles: la planta baja suele destinarse a locales comerciales para generar ingresos. El primer piso se convierte en un salón de eventos o fiestas suntuoso, vital para las celebraciones comunitarias y familiares. Los siguientes niveles albergan apartamentos para alquiler, y en la cúspide, el dueño reside en un chalet de lujo que contrasta con el bullicio inferior. Esta estructura vertical refleja una cosmovisión de prosperidad y un sentido de comunidad.
La audacia y originalidad de los Cholets y la obra de Freddy Mamani han trascendido las fronteras de Bolivia. Sus diseños han sido expuestos y admirados en galerías y museos de renombre internacional, como el Metropolitan Museum de Nueva York y la Fondation Cartier en París, lo que subraya su impacto como una forma de arte y arquitectura contemporánea. Estos edificios no solo embellecen el paisaje, sino que también cuentan una historia de resiliencia, creatividad y orgullo cultural, convirtiéndose en un verdadero icono de la Bolivia moderna. La cultura Cholet es un testimonio vibrante de cómo la tradición y la modernidad pueden coexistir y florecer.
Sin embargo, el estilo de la cultura cholet ha evolucionado. Santos Churata, a quien se le atribuye la creación de la línea derivada «Transformers«, completó una docena de obras inspiradas en Mamani antes de su fallecimiento en 2021. Ejemplos como el Local de Eventos Iron Man (terminado en 2019) y el Salón de Fiestas Bumblebee (finalizado en 2020) muestran réplicas gigantes de estas figuras en sus fachadas. El escultor Ramiro Sirpa, creador de varias de estas figuras, explica en una entrevista para Bolivia TV que las elabora a mano con metal, resina, fibra de vidrio y luces, orgullosamente «cien por ciento bolivianas».




Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





