La exclusión de la población sin hogar de los ámbitos culturales es una realidad común en todas las grandes metrópolis. Sin embargo, en la última década, se ha consolidado un movimiento que integra a personas en situación de calle y el arte, demostrando que la cultura puede ser un eje fundamental en la generación de oportunidades de vida.
La premisa de este movimiento es audaz: vincular a la población históricamente marginada con el patrimonio como vehículo de apropiación y transformación. El referente más notorio de esta metodología es el proyecto «Historias de Ciudad Guías de Museos» en Bogotá, Colombia.
Su objetivo central es transformar la narrativa urbana, convirtiendo a los «invisibles» de la urbe en protagonistas de su propia historia gracias a la intervención que hacen las personas en situación de calle y el arte.
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La metodología de empoderamiento
El valor de estas iniciativas radica en su metodología: no se trata solo de visitas recreativas, sino de procesos formativos intensivos. El modelo de Bogotá, por ejemplo, ofrece talleres de fortalecimiento de habilidades académicas, discursivas y corporales.
Este proceso dota a las personas en situación de calle y el arte de las herramientas para reinsertarse en la sociedad y, lo que es crucial, para convertirse en intérpretes de su propio patrimonio. El uso del conocimiento como palanca de transformación personal es pionero y resuena con la filosofía de proyectos internacionales que buscan la dignificación antes que la simple asistencia.
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La resignificación del espacio: el museo como herramienta social
El impacto de este enfoque redefine el rol mismo del museo. El recinto cultural, tradicionalmente percibido como un espacio formal o de élite, se convierte en un escenario de inclusión activa. Al ser guiados por las personas en situación de calle y el arte como eje narrativo, los visitantes reciben una interpretación del patrimonio enriquecida por la experiencia de vida en los márgenes.
Esto genera una reflexión profunda acerca de las diversas formas de interactuar con la ciudad, obligando al público a confrontar la exclusión y la fragilidad del tejido social.
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La replicabilidad global
El legado de estos proyectos es su potencial de replicabilidad global, dialogando con iniciativas que operan en distintos formatos de dignificación.
En América Latina, el modelo de guionismo museístico de Bogotá resuena con Mi Valedor en la Ciudad de México, que utiliza la venta de una revista cultural y talleres de expresión para la reintegración sociolaboral.
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Este modelo latinoamericano se complementa con iniciativas europeas como The Big Issue (Reino Unido), que dignifica a través del trabajo económico con una revista, y The Street Museum of Art (EE. UU.), que lleva la cultura a las calles a través del Street Art.
Estos ejemplos demuestran que la rehabilitación social se logra al reconocer a la población vulnerable como agentes culturales. La dignificación a través del arte y el patrimonio es un camino de inclusión que las grandes ciudades deben seguir, haciendo de las personas en situación de calle y el arte una causa central.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





