El Grupo Memphis no fue solo un colectivo de diseñadores, fue un grito de guerra contra el minimalismo, una explosión de color y caos en el corazón de la sobria década de los ochenta. En un mundo donde el «menos es más» era la regla de oro, ellos decidieron que «más es más», y con esa filosofía, cambiaron para siempre el rumbo del diseño. Su historia, corta pero intensa, es una de rebeldía, pasión y una genialidad que aún resuena en la cultura alternativa y el arte contemporáneo.
Todo comenzó la noche del 11 de diciembre de 1980, en el apartamento del aclamado diseñador Ettore Sottsass en Milán. Cansado del diseño funcionalista y la estética burguesa que dominaba la época, Sottsass convocó a un grupo de jóvenes arquitectos y diseñadores para discutir una nueva dirección. Mientras el tocadiscos tocaba una y otra vez la canción «Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again» de Bob Dylan, nació la idea de un colectivo que desafiaría todas las normas. El nombre, una mezcla de la melancolía del blues de Memphis y la majestuosidad del antiguo Egipto, se adoptó al instante. El grupo incluía a talentos de la talla de Michele De Lucchi, Nathalie Du Pasquier, George Sowden y Martine Bedin, entre otros. Juntos, se propusieron desmantelar la idea de que el diseño debía ser sobrio, serio y funcional.
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La filosofía del Grupo Memphis se basaba en la transgresión y la fusión de estilos. Para su primera exposición en 1981, en la Feria del Mueble de Milán, presentaron una colección de muebles, cerámicas y textiles que parecían salidos de un sueño surrealista. Las piezas, con nombres tan provocadores como la lámpara «Super» de Martine Bedin o la estantería «Carlton» de Sottsass, eran una mezcla de formas geométricas estridentes, colores primarios y pasteles que chocaban a propósito, y materiales inesperados como laminados plásticos y terrazo. Su enfoque era anti-intelectual: los objetos no tenían que ser lógicos, tenían que ser emocionantes. Utilizaban patrones gráficos extravagantes, asimetrías y una paleta de colores audaz para crear piezas que eran más esculturas que simples muebles. Su innovación radical no residía en la tecnología, sino en la pura irreverencia estética.
El Grupo Memphis no solo diseñó objetos; creó una filosofía. Su mayor aporte fue democratizar el diseño al demostrar que podía ser divertido, pop y accesible en espíritu. Rompieron la barrera entre el arte y la producción masiva, llevando la fantasía a la vida cotidiana. Los críticos, en un inicio, los tildaron de «horribles» y «de mal gusto», pero el público y, con el tiempo, la industria entera, se rindieron ante su audacia. El grupo fue un éxito comercial y su estilo inundó la moda, los interiores y la cultura pop de los ochenta. Sin embargo, su disolución en 1987 fue tan rápida como su ascenso. Sottsass decidió que el movimiento había cumplido su misión y se había vuelto demasiado mainstream. Con su partida, el grupo se disolvió, dejando un legado que perdura hasta el día de hoy.
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El impacto del Grupo Memphis es innegable. Su estética ha influenciado a diseñadores de todas las disciplinas, desde la moda de Karl Lagerfeld hasta la cultura visual en series como Miami Vice. Su enfoque en el color, el patrón y las formas lúdicas resurgió con fuerza en el siglo XXI, demostrando que su visión estaba adelantada a su tiempo. Memphis nos enseñó que el diseño puede ser una expresión de libertad, una forma de arte que no teme ser diferente. Su corta pero brillante historia es un recordatorio de que a veces, para crear algo verdaderamente nuevo, hay que atreverse a ser radicalmente diferente.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





