Dirigida por el maestro del terror, Wes Craven, y estrenada en 1988. La película La serpiente y el arcoíris marcó un hito en la carrera del director. Al alejarse de los slasher de éxito como Pesadilla en la calle Elm para adentrarse en un terror más psicológico y cultural. El filme, protagonizado por Bill Pullman, se basa libremente en el libro de no ficción del etnobotánico de Harvard, Wade Davis. Quien relató sus experiencias en Haití mientras investigaba el fenómeno de la «zombificación«.
La trama sigue al antropólogo Dennis Alan (interpretado por Bill Pullman). Quien es contratado por una compañía farmacéutica para viajar a Haití y encontrar un misterioso polvo. Que se rumorea, tiene el poder de revivir a los muertos, pero en un estado catatónico. Su objetivo es usar esta droga como un súper anestésico. Sin embargo, su búsqueda lo sumerge en el oscuro y complejo mundo del vudú haitiano. Un universo de rituales, magia negra y un terror más allá de la comprensión occidental. Alan se encuentra con la hostilidad de un poderoso sacerdote vudú. Que no se detendrá ante nada para proteger los secretos de su cultura.
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El impacto de los zombies reales en el cine
El impacto de la película en el cine de terror reside en su enfoque innovador y su intento de tratar el vudú con una seriedad inusual para el género. A diferencia de las representaciones estereotipadas de «zombis» devoradores de cerebros. La serpiente y el arcoíris presenta la idea del zombi como una persona que, tras haber sido envenenada y enterrada viva. Es revivida y sometida a una vida de esclavitud. Este concepto, enraizado en la realidad y la ciencia, le otorga un matiz de terror mucho más perturbador y creíble. Craven logra un balance entre el horror fantástico y la cruda realidad del contexto político de Haití en ese momento, con la represión de la dictadura de «Baby Doc» Duvalier como telón de fondo.
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Los retos detrás de «La serpiente y el arco iris»
La producción de la película fue tan intensa como su trama. Originalmente, se planeó filmar por completo en Haití, pero la inestabilidad política y el riesgo que representaba para el equipo. Obligaron a reubicar la mayor parte del rodaje en República Dominicana. A pesar de ello, algunas escenas se filmaron en Haití y el equipo de producción enfrentó múltiples desafíos. Incluyendo enfermedades y la necesidad de contratar a una milicia local para su protección. Craven se propuso capturar la autenticidad de la cultura haitiana. Y para ello se contrató a practicantes de vudú como asesores y extras. Lo que aportó un realismo inquietante a las escenas de rituales.
Aunque no alcanzó el estatus de culto de otras películas de Craven, La serpiente y el arcoíris es considerada por muchos como una de sus obras más subestimadas. Su habilidad para mezclar la paranoia y las alucinaciones con horrores de la vida real la convierte en una pieza cinematográfica única que merece ser revisitada.
Vic Vertigo
Redactora con 5 años de experiencia en el periodismo. Reportera especializada en cultura alternativa. Lee mi columna para un análisis profundo de las subculturas, arte urbano y la escena disidente de la urbe.





