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CULTURA17 junio, 2026

Studio 54: historia del club que definió la era disco en Nueva York

Studio 54: historia del club que definió la era disco en Nueva York
Michael Jackson, a los 19 años en Studio 54 junto a la modelo Amina Warsuma en Nueva York (1977). Foto: Adam Scull
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Publicado originalmente el 28 de abril de 2026. Actualizado el 17 de junio de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.


Studio 54 fue una discoteca de Manhattan abierta en 1977 por Steve Rubell e Ian Schrager. En menos de tres años se volvió símbolo de la era disco, la cultura de celebridades, la vida nocturna LGBTQ+ y el exceso de Nueva York en los años setenta.

Studio 54 abrió el 26 de abril de 1977 en el número 254 de West 54th Street, en Manhattan. Sus fundadores fueron Steve Rubell e Ian Schrager, dos empresarios que aprovecharon el auge de la música disco y de las discotecas como puntos de encuentro social. Ambos vieron una oportunidad en el crecimiento de la cultura disco y de los espacios nocturnos ligados a la vida gay de Nueva York.

El lugar se volvió famoso por varias razones: la música, las celebridades, la selección en la entrada, las fiestas teatrales y una mezcla de públicos que no era común en otros espacios de lujo. Por su pista pasaron artistas, modelos, músicos, actores, personas de la noche neoyorquina y visitantes anónimos que lograban cruzar la puerta.

Studio 54 duró muy poco en su etapa más famosa. Su periodo principal fue de 1977 a 1980, cuando Rubell y Schrager fueron condenados por evasión fiscal. Aun así, esos pocos años bastaron para convertirlo en una referencia mundial de la vida nocturna. El proyecto NYC LGBT Historic Sites señala que el club cerró en febrero de 1980, después del arresto de sus dueños por evasión de impuestos.

Multitud de personas y barricadas de la policía frente a la discoteca Studio 54 durante una redada federal en Nueva York, 1978.
Studio 54 durante la redada federal del IRS por evasión de impuestos (14 de diciembre de 1978). Foto: Allan Tannenbaum

De teatro y estudio de televisión a discoteca

Antes de llamarse Studio 54, el edificio tuvo varias vidas. Fue construido como Gallo Opera House en 1927, después se convirtió en New Yorker Theatre y más tarde fue adquirido por CBS en 1942. Roundabout Theatre Company, actual responsable del inmueble como teatro de Broadway, documenta esa trayectoria del edificio.

Esa historia importó mucho para la discoteca. No era un local vacío adaptado de cualquier manera. El antiguo teatro tenía escenario, altura, sistemas de iluminación y una estructura pensada para espectáculos.Studio 54 estaba ubicado en una antigua casa de ópera y estudio de televisión, y que sus fiestas usaban grandes elementos móviles, luces intensas y bailarines con vestuarios llamativos.

Por eso Studio 54 no funcionaba solo como una pista de baile. La noche podía sentirse como una función. Había música, luces, cambios visuales, invitados famosos y una multitud que también formaba parte del espectáculo.

Steve Rubell, cofundador de Studio 54, sentado en un sofá del club durante una entrevista.
Steve Rubell (centro), copropietario de Studio 54 (circa 1978). Foto: Sonia Moskowitz

Steve Rubell y la puerta más famosa de Nueva York

Uno de los elementos más recordados de Studio 54 fue su entrada. Steve Rubell se volvió famoso por decidir personalmente quién pasaba y quién se quedaba afuera. La selección no dependía únicamente del dinero. También importaban la apariencia, la actitud, la rareza, la fama o la posibilidad de aportar energía a la noche.

Esa puerta creó una sensación de deseo. Entrar significaba formar parte de algo que parecía exclusivo, impredecible y muy visible. Vogue, al revisar el documental Studio 54 de Matt Tyrnauer, recuerda que Rubell decía que su política de entrada no se basaba en el dinero, sino en la mezcla de personas.

La selección también fue criticada. Para muchas personas, Studio 54 representaba libertad y mezcla social; para otras, era un espacio arbitrario, elitista y cruel con quienes quedaban afuera. Las dos cosas podían convivir. La misma puerta que hizo famoso al lugar también construyó parte de su fama problemática.

Los fundadores de Studio 54, Steve Rubell e Ian Schrager, posando frente a las puertas con el logotipo del club en Nueva York, 1978.
Steve Rubell (izq.) e Ian Schrager (der.), cofundadores y dueños de Studio 54, retratados junto al emblema oficial de la discoteca en Manhattan.

Música disco, cultura LGBTQ+ y mezcla social

Studio 54 no inventó la música disco ni la cultura de baile LGBTQ+ en Nueva York. Antes de su apertura ya existían espacios fundamentales para comunidades negras, latinas y queer. Lo que hizo Studio 54 fue llevar parte de esa energía a un lugar mucho más visible para la prensa, la moda, el cine y la cultura de celebridades.

NYC LGBT Historic Sites señala que Studio 54 abrió en 1977 y se convirtió en una de las discotecas más famosas del mundo con una mezcla de público gay, bisexual y heterosexual. También indica que Rubell y Schrager tomaron como referencia discotecas gay de Nueva York, que ya estaban marcando tendencias en música y baile.

Ese punto es importante para entender su peso cultural. Studio 54 no fue solo un lugar de famosos. También fue parte de una etapa en la que la música disco abrió espacios de encuentro para personas que no siempre tenían libertad en otros ambientes.

Divine, Andy Warhol y Bianca Jagger posando juntos en un evento nocturno de Nueva York, década de 1970.
De izquierda a derecha: el ícono drag Divine, el artista pop Andy Warhol y la activista de la moda Bianca Jagger durante una noche de gala en Nueva York (circa 1976). Foto: Robin Platzer

La noche como espectáculo

Studio 54 entendió que una discoteca podía ser más que una sala con música. Las fiestas tenían elementos visuales, luces, escenografía, bailarines y una atmósfera que cambiaba de una noche a otra. El club se hizo famoso por sus luces teatrales, efectos especiales y una lista de invitados donde convivían bailarines anónimos y celebridades.

Esa mezcla ayudó a construir su mito. Andy Warhol, Bianca Jagger, Liza Minnelli, Diana Ross, Grace Jones, Truman Capote, Cher y muchos otros nombres quedaron asociados al lugar. Pero concentrarse solo en las celebridades deja fuera una parte importante: Studio 54 también dependía de bailarines, trabajadores, personas queer, artistas de la noche y asistentes sin fama que daban vida a la pista.

El documental de Matt Tyrnauer, intenta revisar esa historia más allá de la lista de famosos, con atención al contexto social, al equipo de trabajo y al final legal del club.

Andy Warhol dibujando en la pierna de una mujer en Studio 54, representando la soberanía intelectual y la validación social dentro del Studio 54 de Manhattan.
Andy Warhol con la actriz Leigh Taylor-Young (1 de octubre de 1968). Foto: Santi Visalli / Associated Press.

Sexo, drogas y exceso: lo que también marcó a Studio 54

Studio 54 fue famoso por el exceso. La cocaína, el sexo, el alcohol y la permisividad formaron parte de su reputación pública. Contar esa parte es necesario, pero también conviene evitar convertirla en simple leyenda.

El club existió en un momento muy específico: Nueva York atravesaba crisis económica, inseguridad y fuertes cambios sociales. Ian Schrager recordó en The Guardian que a mediados de los años setenta la ciudad estaba en una situación difícil, pero también vivía una etapa creativa intensa, con mucha energía en los clubes gay.

Ese contraste ayuda a explicar Studio 54. Adentro había música, brillo y famosos; afuera, una ciudad marcada por problemas económicos y sociales. La discoteca ofrecía una pausa, pero también mostraba las desigualdades de su tiempo: algunos entraban sin hacer fila, otros esperaban horas y muchos nunca cruzaban la puerta.

Liza Minnelli, Bianca Jagger, Andy Warhol y Halston celebrando el fin de año en la discoteca Studio 54 de Nueva York, 1977.
Liza Minnelli, Bianca Jagger, Andy Warhol y el diseñador Halston (31 de diciembre de 1977). Foto: Robin Platzer.

La caída: evasión fiscal y cierre

El éxito de Studio 54 fue rápido, pero también lo fue su caída. En 1978, las autoridades fiscales pusieron atención en las finanzas del club. En 1979, Steve Rubell e Ian Schrager enfrentaron cargos por evasión de impuestos; después fueron condenados y cumplieron prisión.

Variety recuerda que en 1980 ambos fueron condenados por evasión fiscal tras ocultar cerca de 2.5 millones de dólares en ingresos no declarados. NYC LGBT Historic Sites también registra que los dueños fueron arrestados en 1979 y que la etapa original del club cerró en febrero de 1980 con una fiesta llamada “The End of Modern-day Gomorrah”.

Ese cierre no terminó por completo con el local, pero sí cerró su etapa más influyente. Después tuvo otros usos y otras administraciones, hasta volver a formar parte del circuito teatral de Broadway. Roundabout Theatre Company lo opera actualmente como teatro.

Meseros o busboys disfrazados de cupidos con pelucas y alas cargando botes de basura en el club Studio 54 de Nueva York, década de 1970.
Ayudantes de barra (*busboys*) de Studio 54 (circa 1978). Foto: Allan Tannenbaum

Por qué Studio 54 sigue importando

Studio 54 sigue importando porque condensó varias fuerzas de su época: música disco, cultura LGBTQ+, prensa de celebridades, lujo, exceso, selección social y espectáculo nocturno. No fue la única discoteca importante de Nueva York, pero sí una de las más visibles y fotografiadas.

Su historia también permite entender cómo la vida nocturna puede influir en la cultura popular. Lo que pasaba en la pista se convertía en fotos, rumores, crónicas, moda, música e imagen pública. El Museum of the City of New York recuerda que Studio 54 abrió en 1977 en West 54th Street y que su entrada se convirtió en uno de los puntos más observados de la ciudad.

El legado de Steve Rubell e Ian Schrager no puede separarse de sus contradicciones. Crearon una discoteca que cambió la manera de entender la noche, pero también construyeron un lugar marcado por exclusión, drogas, evasión fiscal y desigualdad en el acceso.

Studio 54 fue breve, brillante y conflictivo. Su historia no se entiende solo por los famosos que entraron, sino por la forma en que convirtió una discoteca en un escenario social. En menos de tres años, logró algo que pocas noches consiguen: volverse parte de la memoria cultural de una ciudad.

Redacción

Viridiana Velázquez

Editora en Yaconic. Periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Mi especialidad es el análisis del consumo cultural y las narrativas mediáticas. Con una década de experiencia como reportera en medios de comunicación como Grupo Mundo Ejecutivo o Indie Rocks! y la Comunicación Social en el Gobierno de la Ciudad de México, examino cómo el poder, el mercado y el marketing determinan la percepción del arte y la sociedad. Te ofrezco una visión profunda de la cultura como producto y como reflejo de nuestro entorno.

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