Carnaval de Bahidorá 2026 se consolida como el epicentro de la resistencia sensorial en México. A través de una curaduría que unió el folk íntimo de Kings of Convenience, el trance electrónico de Four Tet y el pulso barrial de Sonido La Changa, el festival en Las Estacas, Morelos, transformó el baile en un ritual colectivo de desconexión digital y reconexión física.
El mediodía de los sentidos: De la calma nórdica al fenómeno de Macario Martínez
El inicio de Bahidorá 2026 fue un ejercicio de contraste necesario. Mientras el sol de Morelos alcanzaba su punto máximo el sábado, el escenario Sonorama recibió a Kings of Convenience. El dueto noruego, con sus guitarras limpias y un folk casi susurrado, logró algo inusual en la era de la saturación sonora: el silencio atento de una multitud. Fue una limpieza auditiva antes de la tormenta rítmica.
Sin embargo, la verdadera confirmación de la curaduría del festival llegó en La Estación con Macario Martínez. En Yaconic, celebramos cuando el ecosistema digital y el talento honesto convergen: «Hicimos famosa a la persona correcta». Macario, el joven chilango que pasó de las calles a la viralidad en TikTok con Sueña lindo, corazón, demostró que su mezcla de huapango, folk y rock tiene un peso específico que trasciende la pantalla. Su presentación fue un recordatorio de que la identidad mexicana en 2026 se construye desde la cotidianidad y la sinceridad.
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La noche como trance: La electrónica que reclama el bosque
Al caer la noche, la atmósfera de Las Estacas sufrió una metamorfosis. La electrónica dejó de ser acompañamiento para volverse el eje de una experiencia mística. The Blessed Madonna, DJ Seinfeld y Helena Hauff trazaron una línea evolutiva que fue del house más emotivo al techno industrial y crudo, preparando el terreno para uno de los momentos más esperados de esta edición.
Four Tet se apoderó de Sonorama durante dos horas. El productor británico, maestro en el uso de samples orgánicos y texturas hipnóticas, suspendió la noción del tiempo. Pero si hablamos de potencia física, la colombiana Ela Minus entregó el set más visceral del festival. Bajo una estética witchy y rodeada de sintetizadores y drum machines, Ela no solo tocó; realizó un acto de entrega total. Su performance eliminó la distancia entre el escenario y el público, creando un intercambio eléctrico y sudoroso que recordó por qué el baile es, en esencia, un acto político y corporal.
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El río y el barrio: La transformación final en Las Estacas
El domingo en Bahidorá 2026 no fue un cierre, sino una transformación. Mientras el público habitaba el río —ese espacio liminal donde los cuerpos flotan y descansan bajo el sol de Morelos—, el aire comenzó a llenarse de una frecuencia distinta.
Desde el corazón de Tepito, Sonido La Changa tomó el control. La presencia de las bocinas gigantes y el eco de los saludos al micrófono marcaron un hito en la historia del festival. La cumbia sonidera democratizó la pista de baile; no importaba el origen ni la trayectoria, el ritmo de barrio jaló a parejas, grupos y desconocidos por igual.
Esta integración de lo popular con lo avant-garde es lo que define la madurez de Bahidorá en 2026. El festival se despidió con el cuerpo al frente, demostrando que en un mundo hiperconectado, el único refugio real sigue siendo el encuentro físico, el agua y el baile que no pide permiso.
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Scarlett Lindero
Editora de La Cadera de Eva. Periodista (Carlos Septién García) con 10 años de trayectoria en distintos medios de comunicación. Lee mi columna para un análisis sociocultural riguroso y con perspectiva crítica.





