El Castillo de Dionisio es una rareza arquitectónica que se alza entre los cerros del Cordón de Velazco, en el pequeño pueblo de Santa Vera Cruz, en la provincia de La Rioja, Argentina. Lejos de ser la herencia de una antigua estirpe, este palacio de formas orgánicas es el legado de un solo hombre: Dionisio Aizcorbe (1920-2004), un santafesino que no fue arquitecto ni noble, sino un comerciante, artesano y autodidacta con una profunda inclinación por el esoterismo y la espiritualidad.
La idea del Castillo de Dionisio comenzó a gestarse cuando Aizcorbe, en la madurez de su vida, se embarcó en una búsqueda por todo el país para encontrar un enclave con una energía telúrica y mística particular. En 1973, a la edad de 53 años, encontró ese punto de equilibrio en la quietud de la Costa Riojana y decidió que allí forjaría su morada.
La edificación del Castillo de Dionisio fue, desde su concepción, una misión filosófica. Aizcorbe no solo pretendía construir una casa, sino materializar su convicción de que «el hombre es lo que piensa». La obra se convirtió en el reflejo de su mundo interior, una meditación en piedra que duró cerca de tres décadas. Durante este largo periodo, Dionisio trabajó en absoluta soledad y bajo un régimen de austeridad radical, enfrentándose a la incomprensión de los lugareños, quienes lo apodaron el «loco del castillo» y crearon mitos a su alrededor.
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Arquitectura y filosofía: las inspiraciones del Castillo de Dionisio
La arquitectura del Castillo de Dionisio es un fascinante crisol de influencias que lo hacen único en su especie. La característica más notable es su innegable parecido con la obra del maestro catalán Antoni Gaudí. De hecho, el Castillo de Dionisio es ampliamente reconocido como la única obra con un marcado estilo gaudiano fuera de España, gracias a sus formas sinuosas, el uso de la piedra sin ángulos rectos y la integración de elementos naturales y simbólicos.
Sin embargo, las referencias del Castillo de Dionisio van mucho más allá de la arquitectura española. Aizcorbe proyectó en sus muros una filosofía cósmica y universal. El visitante puede encontrar figuras y símbolos inspirados en diversas culturas y disciplinas que, en su época, eran temas de nicho:
- Misticismo Oriental: Figuras de Buda, mandalas y representaciones de los chakras.
- Mitología Antigua: Murales de la leyenda de Osiris y el Ave Fénix.
- Símbolos Esotéricos: Rosacruces, laberintos y representaciones de la unicidad de Dios.
Dionisio construyó el Castillo de Dionisio utilizando sus propias manos y empleando materiales rústicos como piedras recolectadas del río, cemento, hierro y materiales en desuso, en un claro ejercicio de Art Brut (arte bruto). El destino original de esta construcción no fue la fama ni el turismo, sino servir como un refugio ascético.
El propio Aizcorbe vivió sin electricidad, agua corriente o un baño convencional, reflejando su apego a la naturaleza y una vida lejos del consumismo dentro del enigmático Castillo de Dionisio.
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Del abandono al santuario turístico
La vida ermitaña de Dionisio Aizcorbe terminó con su fallecimiento en 2004, a la edad de 84 años. Tras su muerte, el Castillo de Dionisio quedó sumido en el abandono. Los elementos, el paso del tiempo y el vandalismo comenzaron a deteriorar esta singular obra, que permaneció inaccesible por un tiempo.
Afortunadamente, el destino intervino con la figura de Pedro Fernández (el actual propietario), quien adquirió la propiedad y se dedicó a la compleja tarea de su restauración y rescate. Fernández se considera a sí mismo el «guardián de la obra» y, basándose en fotografías y testimonios, logró rehabilitar la estructura de forma fiel al espíritu de su creador.
Hoy, el Castillo de Dionisio se ha convertido en un centro de turismo cultural y místico de gran relevancia, declarado Sitio de Interés Cultural. El lugar atrae a buscadores de energía, turistas y amantes del arte, ofreciendo visitas guiadas y actividades como trekking a la montaña, yoga y meditación, asegurando que el legado de Dionisio Aizcorbe y la singular belleza de su castillo perduren y sigan asombrando a quienes se aventuran a visitar este rincón mágico de La Rioja.
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Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





