En la rica historia del arte urbano, pocos nombres resuenan con la importancia de Darryl McCray padrino del graffiti, mejor conocido como «Cornbread». Este artista de Filadelfia es el auténtico arquitecto de lo que hoy conocemos como el movimiento moderno del graffiti. Su legado va más allá de simples marcas en la pared; es la historia de cómo una búsqueda de reconocimiento personal transformó el paisaje urbano y dio origen a una nueva forma de expresión artística.
A mediados de la década de 1960, mucho antes de que la cultura del graffiti explotara en Nueva York, Cornbread ya dejaba su huella. A diferencia de las marcas territoriales de las pandillas, McCray utilizó su alias para un propósito completamente nuevo: la autopromoción. Su obsesión era que todo el mundo conociera a «Cornbread«, y para lograrlo, convirtió las calles de Filadelfia en su lienzo personal. Este enfoque disruptivo, centrado en la fama personal a través de la omnipresencia de un «tag», fue su aportación más significativa.
El sobrenombre «Cornbread» tiene un origen tan peculiar como su carrera. Darryl comenzó a crear graffiti a la edad de 12 años mientras estaba en un correccional para jóvenes en Filadelfia. Fue allí donde se ganó el apodo de «Cornbread» porque, al parecer, odiaba el hecho de que solo hubiera pan blanco disponible y siempre pedía pan de maíz. Este apodo, simple y memorable, se convertiría en su firma icónica, presente en miles de superficies por toda la ciudad. La fama de Cornbread se cimentó con historias que parecen sacadas de una leyenda urbana.
Barry Mcgee: un pionero en el arte del graffiti

Una de las más famosas ocurrió cuando un periódico local reportó erróneamente su muerte en un tiroteo de pandillas. Para desmentirlo, Cornbread cubrió Filadelfia con la frase «Cornbread Lives» (Cornbread Vive), demostrando no solo que estaba vivo, sino también la magnitud de su presencia en las calles. Pero las hazañas de Cornbread no se detuvieron ahí. Su audacia lo llevó a «taggear» a un elefante en el zoológico de Filadelfia e incluso, en un acto que pasó a la historia, el avión privado de los Jackson 5 cuando la banda visitó la ciudad.
Estos actos no solo generaron una enorme publicidad para él, sino que también demostraron el potencial del graffiti para captar la atención masiva, trascendiendo los círculos marginales y adentrándose en la cultura popular.Aunque el «tagging» fue su principal vehículo de expresión, la obra de Cornbread sentó las bases para el desarrollo de estilos y técnicas más complejas que vendrían después. Su persistencia y la visibilidad que logró inspiraron a una generación de jóvenes a tomar aerosoles y marcadores.
Él demostró que el graffiti podía ser una forma legítima de comunicación y expresión personal, desvinculándolo gradualmente de la mera delincuencia y abriendo el camino para que fuera reconocido como una forma de arte. En la actualidad, Darryl McCray sigue siendo una figura respetada en el mundo del arte urbano. Su historia es un recordatorio de los humildes comienzos del graffiti y de la visión de un joven que, con un simple apodo y una determinación inquebrantable, logró transformar las paredes de una ciudad en un lienzo global.
LADY PINK: LA PRIMERA Y AUTÉNTICA DAMA DEL GRAFFITI

Su legado no solo se mide en las innumerables firmas que dejó, sino en la inspiración que sigue brindando a artistas y entusiastas del graffiti en Filadelfia y en todo el mundo. Su contribución es un pilar fundamental en la narrativa del arte callejero.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





