Candela Capitán y el performance»Solas»: La denuncia al consumo corporal
Arte

Candela Capitán y el performance»Solas»: La denuncia al consumo corporal

La propuesta de la creadora gaditana Candela Capitán se inserta en una corriente denominada «danza post-internet», donde el movimiento no busca la armonía, sino evidenciar las patologías de la era moderna: la ansiedad por la validación, la hipersexualización de la imagen y la deshumanización a través de las pantallas.

En «Solas», cinco intérpretes habitan un espacio saturado de dispositivos electrónicos, convirtiendo el escenario en una suerte de «granja de contenido» donde la privacidad ha sido erradicada.

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La estructura técnica: Repetición y agotamiento

El valor investigativo de esta pieza radica en su uso del agotamiento físico como recurso narrativo. Capitán utiliza patrones de repetición infinita que emulan el «scroll» de las redes sociales o el bucle de un GIF.

Las bailarinas ejecutan movimientos mecánicos, a menudo vinculados a poses de deseo o de exhibición, hasta que el músculo falla. Este fallo técnico del cuerpo no es un error, sino una declaración política: es el límite de lo humano frente a la exigencia de productividad constante de la imagen digital.

El espacio escénico se divide en estaciones de trabajo equipadas con cámaras que retransmiten en vivo. Aquí, la coreografía se desdobla; el espectador debe elegir entre mirar el cuerpo real o la imagen procesada en las pantallas. Esta dualidad técnica obliga a reflexionar sobre la pérdida de la experiencia presencial en favor del consumo mediado por interfaces.

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Candela Capitán

La mirada masculina y la subversión del objeto

Un eje fundamental de la obra es la confrontación con la «male gaze» (mirada masculina). Capitán utiliza elementos de la estética del webcamming y las plataformas de contenido para adultos, pero los despoja de su carga de placer. Al llevar la exposición al extremo, las intérpretes recuperan su soberanía; el cuerpo ya no se ofrece para el deleite, sino que se impone de forma cruda, casi violenta, devolviéndole al público una imagen incómoda de su propio voyerismo.

La soledad, en este contexto, no es la ausencia de personas, sino la presencia constante de una audiencia invisible. Las intérpretes están «solas» frente a miles de espectadores potenciales, atrapadas en una búsqueda de identidad que se desvanece en el momento en que se apaga la cámara. La obra documenta este vacío existencial mediante un diseño sonoro abrasivo que subraya la frialdad de la conexión tecnológica.

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El cuerpo como territorio de resistencia

Frente a la perfección de los filtros y la edición, «Solas» apuesta por la visceralidad. Se han documentado en la pieza fluidos, sudor y fatiga real, elementos que el entorno digital intenta higienizar. Esta insistencia en lo orgánico posiciona a Candela Capitán como una figura clave en la resistencia artística contemporánea; su obra sugiere que el último reducto de libertad es el cuerpo que se cansa, que se duele y que se niega a ser una imagen estática y perfecta.

La relevancia de esta pieza para el análisis cultural actual es total. Al situar el deseo y la soledad en una línea de montaje digital, Capitán nos obliga a preguntarnos: ¿quiénes somos cuando nadie nos está grabando? La respuesta que ofrece la danza es un silencio ensordecedor mediado por el zumbido de los procesadores.

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Candela Capitán

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola