El SAT vs el muralismo: El caso Melchor Peredo y la crisis del pago en especie
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El SAT vs el muralismo: El caso Melchor Peredo y la crisis del pago en especie

Lo que parecía un conflicto de «criterios estéticos» ha escalado a un laberinto burocrático que raya en lo kafkiano. El caso del muralista Melchor Peredo revela la desconexión total entre las autoridades fiscales y la realidad del trabajo artístico. Melchor Peredo y el SAT se han posicionado en las tendencias por la gravedad del asunto.

La cronología de los hechos es una muestra de negligencia administrativa: en 2024, Peredo presentó su declaración del ejercicio 2023 entregando una obra valuada en 200 mil pesos para cubrir sus impuestos.

Sin embargo, no fue sino hasta 2025 —un año después— que el SAT le informó que el pago no era válido y le exigió una obra con técnica y proporciones idénticas a un bien previamente enajenado.

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El absurdo de las cifras: 32 mil pesos de deuda, 400 mil en obra

La exigencia del SAT no solo es lenta, es matemáticamente injusta. El impuesto que el maestro Peredo debe cubrir asciende a apenas 32 mil pesos. Para saldarlo, el artista entregó una pieza con un valor de 200 mil pesos, superando por mucho el monto adeudado (lo cual es común en este programa, donde el excedente queda a favor del patrimonio nacional).

No obstante, la autoridad pretende que Peredo realice una nueva obra mural con características específicas que implicarían duplicar el costo de producción, elevando su «pago» a un valor de 400 mil pesos para cubrir una deuda de poco más de 30 mil.

Esta demanda resulta absurda: el SAT le pide al artista que invierta tiempo, materiales y esfuerzo equivalentes a doce veces el valor de su impuesto real, convirtiendo un beneficio fiscal en una condena laboral y económica.

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Melchor Peredo y el SAT

Un año de silencio y una sentencia desproporcionada

El hecho de que el SAT haya tardado doce meses en responder a la declaración de Peredo pone al muralista en una situación de vulnerabilidad extrema. En lugar de facilitar el cumplimiento, la autoridad ha generado un cuello de botella que castiga al creador por la naturaleza misma de su obra.

Al exigir «técnica y proporciones similares» de forma arbitraria, el fisco ignora que un mural no es un objeto que se pueda replicar al gusto de un auditor; es un proceso intelectual y físico que, en este caso, se pretende cobrar con una usura estética sin precedentes.

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Melchor Peredo y el SAT

Este caso es el ejemplo perfecto de cómo la burocracia puede asfixiar la cultura. Melchor Peredo no se niega a pagar; el Estado es el que se niega a aceptar un pago justo, exigiendo en su lugar una «multa» en forma de obra de arte que sobrepasa cualquier lógica tributaria.

Si el programa de Pago en Especie se convierte en esta trampa de proporciones absurdas, la libertad y el patrimonio de los artistas en México están bajo una amenaza administrativa directa.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola