Publicado originalmente el 11 de octubre de 2024. Actualizada el 12 de mayo de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
Que el punk suene desde la radio pública mexicana parece, de entrada, una contradicción. Pero quizá ahí está la importancia de Estoperol: no en volver dócil una cultura nacida desde la rabia, la protesta y la desobediencia. Más bien, se trata de demostrar que incluso los sonidos más incómodos necesitan memoria, archivo y un espacio desde donde seguir haciendo ruido.
Estoperol se ha presentado como uno de los espacios más singulares de la radio pública mexicana. Es un programa dedicado al punk, al hardcore y a las culturas subterráneas que no suelen encontrar cabida en la programación dominante. Por eso, es un respiro para quienes se identifican con los sonidos rebeldes y de protesta. También lo es para quienes entienden el punk no sólo como un género musical, sino como una forma de no quedarse callados ante el sistema.
El punk encuentra frecuencia pública en Reactor 105.7 FM
Desde Reactor 105.7 FM, emisora del Instituto Mexicano de la Radio, Ismael Montes de Oca, mejor conocido como Isma El Filoso, conduce esta nave dedicada a la cultura punk. La página oficial de Reactor describe a Estoperol como “El Programa Más Picudo De La Radio”. Igualmente, lo define como un espacio radiofónico dedicado a la cultura punk y a todas sus vertientes, latitudes y colores.
Actualmente, la ficha oficial del IMER ubica a Estoperol los martes de 22:00 a 24:00 horas, con Ismael Montes de Oca al frente. Desde su comienzo en enero de 2024, el programa se transmitía habitualmente los sábados de 18:00 a 19:00 horas y, en ocasiones, también entre semana. Aquellos primeros sesenta minutos intentaban abarcar distintas vertientes, latitudes y emociones del punk. Sin embargo, la actualización del horario no borra ese origen. Al contrario, lo confirma como un proyecto que pasó de la aparición inicial a la continuidad dentro de la programación pública.
El valor histórico de Estoperol está en esa permanencia. Durante décadas, el punk mexicano ha circulado sobre todo en tocadas, flyers, fanzines, foros independientes, mercados, barrios, periferias, archivos personales y memoria oral. Que una emisora pública le abra espacio no significa que la escena necesite legitimación para existir. Por el contrario, significa que una parte de esa historia empieza a quedar inscrita en un archivo más visible.

Isma El Filoso y la nave punk del IMER
Ismael Montes de Oca no llega al punk desde la distancia. Su relación con esa cultura aparece como experiencia personal, trayectoria radiofónica y vínculo con las escenas que han crecido fuera de los escaparates centrales. En entrevista con Once Noticias, Ismael resumió el punto de partida con una frase directa: “El punk siempre ha estado en mi vida”.
En esa misma conversación, el locutor explicó que ya había formado parte de Presta, programa dedicado al rock mexicano en Reactor 105.7 FM, y que desde ahí empezó a notar una ausencia: hacía falta un programa dedicado al punk. No como cápsula nostálgica, ni como rareza de programación, sino como espacio real para sonidos disonantes, expresiones de protesta y escenas que difícilmente encuentran cabida en otros lugares.
La frase importa porque no plantea Estoperol como una ocurrencia de cabina, sino como una necesidad cultural: abrir micrófono a sonidos que históricamente han sido tratados como exceso, ruido o margen. En ese sentido, Isma El Filoso funciona como mediador entre tres mundos que rara vez se encuentran con naturalidad: la escena punk, la radio pública y la memoria cultural.
Una casa para los sonidos que no cabían en otro lugar
Ahí aparece la paradoja de Estoperol: el punk entra a una institución pública sin dejar de cargar una historia antiinstitucional. El gesto no está libre de tensión. El punk no nació para pedir permiso, ni para ser decorado por una programación oficial. Pero cuando una institución pública le da frecuencia, horario y continuidad, también ocurre otra cosa. Entonces la escena deja de circular únicamente como rumor, tocada o archivo informal, y empieza a ocupar un lugar en la memoria pública.
Esa tensión es lo que vuelve importante al programa. Estoperol no domestica al punk por existir dentro del IMER; su potencia depende de que use ese espacio para amplificar lo que normalmente queda fuera. En ese sentido, el programa funciona menos como vitrina y más como punto de encuentro entre radio, escena, archivo y comunidad.
La paradoja de Estoperol: contracultura desde una institución pública
La historia del punk en México siempre ha estado atravesada por una contradicción. Por un lado, su impulso de protesta contra la cultura dominante. Por otro, su inevitable contacto con medios, mercados, instituciones y archivos que terminan registrándolo, amplificándolo o disputando su sentido. Una tesis alojada en el repositorio de TESIUNAM sobre rock mexicano y contracultura recuerda que la contracultura se ha entendido como una forma de oposición o margen frente al sistema. Así, ubica a los punks entre los grupos vinculados con esa genealogía en México.
Ese marco ayuda a entender por qué Estoperol no es un caso menor. La pregunta no es si el punk “puede” estar en la radio pública, sino qué sucede cuando una cultura nacida desde el ruido, la sospecha y la protesta ocupa un espacio institucional sin abandonar del todo su filo.
La respuesta no es simple. Toda entrada de la contracultura a una institución puede implicar riesgo de domesticación, simplificación o consumo rápido. Pero también puede abrir una posibilidad distinta. Esta es la de dejar registro, construir memoria, difundir escenas, conectar generaciones y reconocer que las culturas subalternas también forman parte de la historia pública del país.
Más que canciones: entrevistas, reseñas, agenda y periferias
En Estoperol, además de una buena dosis de música nacional e internacional, la audiencia encuentra notas informativas, entrevistas, recomendaciones de bandas nacionales, reseñas y agenda de eventos. El programa atiende los shows que ocurren en la Ciudad de México, pero también aquellos que alcanzan las periferias. En estos casos, el punk y el hardcore no aparecen como estética importada, sino como lenguaje de pertenencia, crítica y supervivencia cultural.
En entrevista con El Heraldo de México, Ismael Montes de Oca explicó que el programa cuenta con herramientas radiofónicas como notas informativas, entrevistas, reseñas y agenda punk. También subrayó una idea clave para entender el espíritu del proyecto: se trata de un espacio hecho “de la banda para la banda”.
Ese vínculo con los escuchas es una de sus claves. Estoperol no habla del punk desde una vitrina limpia ni desde la nostalgia de una escena congelada. Lo hace desde una relación directa con bandas, públicos, tocadas, subgéneros y circuitos que rara vez reciben espacio sostenido en medios masivos. Por eso su importancia no está sólo en “poner punk”, sino en narrar una escena mientras todavía se mueve.

Del post-punk al hardcore: las vertientes de una escena viva
El programa también presenta una selección variada de vertientes relacionadas con el universo punk: post-punk, punk rock, hardcore, sonidos experimentales y otras ramificaciones que dialogan con la cultura subterránea. Más que encerrar el género en una definición rígida, Estoperol trabaja con sus mutaciones: la rabia rápida, la disonancia, la canción política, el ruido emocional, la crudeza del directo y las formas en que distintas generaciones han usado el punk para decir “no”.
En su ficha oficial, Reactor/IMER define Estoperol como un espacio dedicado a la cultura punk y a todas sus vertientes, latitudes y colores. Esa amplitud es importante porque el punk no existe como una pieza fija: cambia de barrio, de década, de sonido, de causa, de público y de forma de organización.
En México, además, el punk y el hardcore han estado ligados a territorios específicos, circuitos independientes y formas de comunidad que muchas veces quedan fuera de la historia musical oficial. Por eso un programa como Estoperol no sólo programa canciones: también registra escenas, cruces, genealogías y afectos.
El significado de los estoperoles en la cultura punk
Uno de los elementos que más llaman la atención es el nombre. Estoperol no es una palabra decorativa: carga una imagen material. La Real Academia Española registra “estoperol” en México como sinónimo de tachón, mientras que el Diccionario de americanismos lo define como una tachuela grande, de cabeza dorada o plateada, usada para adornar objetos.
Esa dimensión física ayuda a entender por qué la palabra dialoga tan bien con el punk: metal sobre ropa, intervención sobre lo cotidiano, defensa estética, marca de identidad. Los estoperoles son pequeñas piezas metálicas utilizadas para reforzar o adornar prendas, pero dentro del imaginario punk tienen un peso simbólico mayor: son una forma de personalizar y transformar objetos cotidianos hasta convertirlos en una expresión de individualidad, desafío y ruptura con lo convencional.
En la estética punk, los estoperoles no funcionan sólo como ornamento. También son señal, armadura y advertencia. Marcan distancia frente a la normalidad, convierten la ropa en declaración y hacen visible una postura frente al mundo. Representan una actitud rebelde y la voluntad de romper con lo establecido.
La sociedad de los estoperoles y las culturas subalternas
De acuerdo con la entrevista publicada por El Heraldo de México, Ismael Montes de Oca explicó el nombre del programa desde la idea de una “sociedad de los estoperoles”: culturas subalternas, críticas y dispuestas a levantar el puño.
Esa definición condensa el centro simbólico del programa. No se trata sólo de una palabra asociada a chamarras, cinturones, botas o pulseras. Se trata de una forma de nombrar a quienes se reconocen fuera del molde, a quienes construyen identidad desde el margen y a quienes encuentran en el punk una manera de cuestionar lo que se presenta como normal, correcto o inevitable.
Así, el nombre del programa funciona como metáfora precisa: pequeñas piezas metálicas que, juntas, forman una superficie difícil de ignorar. Así opera Estoperol dentro de la radio pública: como una incrustación incómoda, brillante y necesaria en un sistema que rara vez se detiene a escuchar las culturas subalternas con seriedad.

El punk como memoria histórica, no como nostalgia
Reducir Estoperol a un programa “de música punk” sería quedarse corto. Su relevancia está en documentar un momento histórico donde la radio pública abrió un espacio real para el punk y el hardcore; un espacio donde las culturas subterráneas no aparecen como rareza, sino como memoria.
En un país donde muchas escenas alternativas sobreviven más por insistencia comunitaria que por reconocimiento institucional, esa apertura importa. También importa porque corrige una vieja jerarquía cultural. Durante mucho tiempo, el punk fue leído desde fuera como escándalo, moda, violencia, inmadurez o simple ruido. Estoperol propone otra lectura: el punk como archivo social, como sensibilidad política, como red de afectos, como geografía de periferias y como forma de protesta sonora.
No lo vuelve académico ni solemne; lo vuelve registrable. Ahí está su fuerza: en demostrar que la memoria cultural no sólo se construye con museos, libros o aniversarios oficiales. También se construye con una hora de radio, una entrevista, una reseña de tocada, una recomendación de banda, una agenda de conciertos en la periferia y una voz que entiende que los sonidos disonantes también cuentan la historia de un país.
Cuando el ruido también se convierte en archivo
Estoperol ocupa un lugar singular porque permite escuchar lo que muchas veces se dejó fuera: el ruido de quienes no querían encajar, la música de quienes hicieron comunidad sin pedir autorización, la rabia de quienes encontraron en el punk una forma de nombrar lo que otros preferían ignorar.
Y si ese ruido ahora suena desde la radio pública, no es porque haya perdido filo. Es porque también merece archivo.
Tal vez por eso Estoperol importa: porque en la frecuencia de Reactor 105.7 FM el punk no aparece como pieza de museo ni como postal nostálgica. Aparece como algo vivo, incómodo y en movimiento. Una cultura hecha de protesta, estoperoles, periferias, acordes disonantes y memoria colectiva. Una prueba de que el ruido, cuando se escucha con atención, también puede convertirse en historia.
Viridiana Velázquez
Editora en Yaconic. Periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Mi especialidad es el análisis del consumo cultural y las narrativas mediáticas. Con una década de experiencia como reportera en medios de comunicación como Grupo Mundo Ejecutivo o Indie Rocks! y la Comunicación Social en el Gobierno de la Ciudad de México, examino cómo el poder, el mercado y el marketing determinan la percepción del arte y la sociedad. Te ofrezco una visión profunda de la cultura como producto y como reflejo de nuestro entorno.





