En un mundo de apariencias, la música fea para gente fea resulta ser, paradójicamente, el acto de belleza más genuino y necesario de la escena actual… Y esto, lo sabe muy bien Gloory Hole.
En la actual industria musical obsesionada con el algoritmo de la perfección, donde los contenidos parecen curados bajo una tiranía estética de pulcritud, Gloory Hole surge no como una propuesta, sino como una respuesta y su propia apuesta. Su lema, «Música fea para gente fea», ha dejado de ser un simple eslogan para convertirse en una postura política y un refugio para quienes habitan los límites de lo aceptable e incuestionable.
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La Fealdad como Estandarte Político
La pregunta es obligada: ¿en qué momento la fealdad dejó de ser un adjetivo estético para ser una bandera? Para la banda, la respuesta está en el hartazgo. «Creo que nace un poco desde el cansancio de este mismo discurso estético sobre lo que debe y no debe ser«, comentan Gloory Hole. En un mundo de filtros, lo abyecto se vuelve honestidad. «La crítica viene desde tratar de ser un poco cómicos, de hacer chistes relacionados a cómo debe verse un artista o una mujer artista. El personaje de música fea para gente fea existe para burlarse de eso y crear un espacio que resista«.
Esta resistencia no es gratuita. Hay una carga sociológica profunda en la elección de sus palabras. «Lo que es feo usualmente es lo que le gusta a la gente marginada, a las minorías, a los pobres. Eso es lo de mal gusto. Nosotros, al haber crecido con referentes del punk y la contracultura, tomamos lo feo y dijimos: ‘Aquí estamos, estamos feos’. Es una lucha: somos feos, nos vale verga estar feos y esta es nuestra belleza«.
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El Sonido: Un Caballo de Troya en el Algoritmo
Sonoramente, Glory Hole ha evolucionado. Si su primer disco fue un experimento lúdico, este segundo material busca metas más claras sin perder la esencia. La construcción de esa «fealdad» sonora no es siempre una distorsión estridente; a veces, el ataque es más sutil. «Hay canciones en este disco que tienen un sonido un poquito más limpio o digerible, pero que siempre va a ser un contraste con lo que las letras y el mensaje tienen«, explican.
Es aquí donde aparece la figura del Caballo de Troya. «Escuchas una canción que parece indie rock, bailable, con una melodía que te gusta, pero si te pones a leer la letra, te das cuenta de que está hablando de la guerra y de un montón de cosas. Yo lo veo así: entrar al oído del otro para soltar el mensaje cuando menos lo esperan«.
Salud Mental: habitar la herida para sanar
Uno de los pilares de la conversación fue la salud mental, abordada desde una sensibilidad que esquiva la banalización de las redes sociales. Para muchos, la rareza proviene de una herida —bullying o exclusión—, y Gloory Hole ha logrado que su música sea un espejo de esa vulnerabilidad. Sin embargo, son autocríticos con el concepto de «lugar seguro».
«Es muy fácil decir ‘vamos a crear un lugar seguro’, pero no somos conscientes de cómo se hace. Los lugares los hace la gente que los habita«, reflexionan con una honestidad punzante. «Tenemos un disco que habla textualmente de cómo me quise matar. Lo que está chido es que quienes habitan nuestra música es porque se sienten identificados con el mensaje o vivieron historias similares. Al final, depende de ellos: si se quieren seguir relacionando a través de la herida para seguir doliendo, o si se quieren juntar para intentar sanarla entre ellos» Menciona Gloria.

Tito Fuentes y el ADN del «Vale Madrismo»
La reciente colaboración con Tito Fuentes (Molotov) marca un hito generacional. No se trata solo de un nombre en los créditos, sino de una sintonía en la frecuencia del cinismo y la desfachatez. «Conectamos desde el mensaje del proyecto y desde la herida que igual y no es la misma, pero son similares. Tito siempre ha sido una figura controversial al que le vale verga, y desde ahí conectamos: hay que hacerlo porque hay que decir lo que es importante decir«.
A pesar de las críticas que la juventud actual pueda tener hacia las «vacas sagradas» del rock nacional, Gloory Hole reconoce el valor histórico de figuras como las de Molotov. «Como jóvenes a veces no somos tan justos con nuestros mayores del rock. Es importante poner las cosas en su contexto y no negar la cruz de nuestra parroquia. Para mi yo de 6 años, hacer una canción con Tito es algo increíble, aunque hoy pueda entender el proyecto desde otro lado«.
El video de esta colaboración, a cargo del colectivo Muerte al Buen Cine, es la cereza del pastel en este ecosistema de rareza. Realizado en un stop-motion de «postproducción express», el visual refleja la capacidad de resolución de la periferia. «Estos morros son de Neza, le saben al resolver conceptualmente. Como no podíamos hacerlo todo de plastilina por el tiempo, propusieron estos monitos de cerámica como de aparador. El video se terminó casi dos horas antes de que todo el mundo lo viera«.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





