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ESTILO DE VIDA28 agosto, 2026

Historia de los tacones: origen, evolución y por qué los usaban los hombres

Historia de los tacones: origen, evolución y por qué los usaban los hombres
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La historia de los tacones comenzó mucho antes de que este calzado se relacionara casi exclusivamente con las mujeres. Sus antecedentes más citados aparecen en la equitación de Asia occidental, donde una elevación en la parte trasera ayudaba a sujetar el pie al estribo. Al llegar a las cortes europeas, el tacón perdió aquella función militar y se convirtió en una señal de riqueza y rango.

Con el paso de los siglos cambió de significado, de usuarios y de altura. Fue calzado de jinetes, distintivo de aristócratas, complemento femenino, exigencia laboral y recurso para representar identidades dentro de la moda, el rock, el drag y otras escenas culturales.

También cambia según el trayecto. No produce la misma experiencia caminar unos metros desde un automóvil que cruzar una estación, subir escaleras, avanzar sobre adoquines o permanecer de pie durante una jornada completa. Hay personas que incluso llevan zapatos planos en una bolsa y se cambian antes de entrar a una oficina o a un evento. El objeto es el mismo; las condiciones de uso, no.

¿Cuál es el origen de los tacones?

Equitación, estribos y calzado elevado

Los antecedentes del tacón moderno no deben confundirse con las plataformas, los zuecos elevados o cualquier calzado que aumentara la altura. Una plataforma levanta prácticamente toda la planta; un tacón concentra la elevación en la parte posterior.

El Museo del Calzado Bata sitúa en Asia occidental el origen de los tacones empleados para montar a caballo. La institución conserva calzado persa del siglo XVII y explica que los europeos adoptaron este recurso hacia finales del siglo XVI. Su función ecuestre consistía en ayudar a mantener el pie dentro del estribo.

Algunas reconstrucciones históricas llevan este uso hasta la caballería persa del siglo X. Sin embargo, la documentación material conservada es posterior, por lo que conviene hablar de antecedentes persas y de Asia occidental, en vez de atribuir a una sola fecha la invención definitiva del tacón.

En su etapa ecuestre, la elevación trasera facilitaba una acción concreta: afirmarse sobre el estribo mientras el jinete controlaba al caballo o utilizaba un arco. Todavía no funcionaba principalmente como signo de elegancia.

Cronología breve de los tacones

  • Asia occidental: uso ecuestre de una elevación trasera para sujetar el pie al estribo.
  • Finales del siglo XVI: adopción del tacón por las élites europeas.
  • Siglo XVII: presencia en el calzado masculino y femenino de las cortes.
  • Siglo XVIII: reducción gradual del adorno en la ropa masculina occidental.
  • Siglo XIX: mayor asociación del tacón con la indumentaria femenina.
  • Siglo XX: producción industrial, aparición de tacones más delgados y expansión en el cine y la publicidad.
  • Siglos XX y XXI: permanencia en la moda femenina y nuevos usos masculinos, queer, drag y escénicos.
Retrato de cuerpo entero del rey Luis XIV de Francia vestido con una brillante armadura de guerra de acero, peluca larga rizada oscura, banda azul y botas oscuras de tacón grueso, sosteniendo un bastón de mando sobre su yelmo contra un fondo de batalla.
El rey Luis XIV de Francia (1638-1715) retratado con su arnés de batalla, portando botas con tacón pronunciado diseñado originalmente para la estabilidad ecuestre y adoptado como símbolo de dominancia.

Luis XIV y los tacones como signo de rango

Cuando el tacón llegó a Europa, cambió de contexto. Los hombres de las clases altas comenzaron a usarlo como parte de un atuendo que comunicaba riqueza, acceso a la corte y distancia respecto del trabajo físico.

Luis XIV ayudó a convertir los tacones rojos en una de las imágenes más conocidas de la monarquía francesa. El color era costoso y llamativo; la altura hacía que el cuerpo se viera más elevado. El Metropolitan Museum of Art conserva un zapato francés del siglo XVII con tacón rojo y explica que este tipo de calzado fue utilizado por hombres y mujeres de la corte.

Llevar zapatos poco adecuados para caminar largas distancias también comunicaba una posición social. Quien podía usarlos contaba, por lo general, con transporte, servicio doméstico y espacios acondicionados. El calzado mostraba que su portador no necesitaba recorrer a pie los mismos trayectos que un trabajador.

La altura dejó entonces de servir al jinete y comenzó a funcionar como señal pública de jerarquía.

¿Cuándo los tacones se volvieron femeninos?

El cambio ocurrió de manera gradual. Hasta el siglo XVIII, hombres y mujeres de las élites europeas compartían telas costosas, maquillaje, pelucas, adornos y zapatos elevados.

El artículo académico en español “Ornamento y masculinidad en los albores de la modernidad”, publicado en la revista Arenal, explica que la ropa de las clases altas estuvo durante siglos más vinculada con la distinción social que con una separación rígida entre prendas masculinas y femeninas. También documenta que los hombres de las cortes de los siglos XVII y XVIII usaban joyas, perfumes, maquillaje, pelucas y tacones.

A partir del siglo XVIII se extendió en Europa occidental una ropa masculina más sobria. La historiografía suele llamar a este proceso la Gran Renuncia Masculina: los hombres abandonaron buena parte de los colores, adornos y accesorios que antes habían formado parte de la presencia pública de las élites.

El mismo estudio relaciona esa transformación con cambios políticos, económicos y morales que asociaron la masculinidad con la discreción, la razón y la actividad productiva. La ornamentación quedó cada vez más ligada a las mujeres.

El tacón no pasó directamente de ser una herramienta masculina a una imposición femenina. Primero fue un recurso ecuestre; después, una señal cortesana utilizada por distintos sexos. Solo más tarde se consolidó como complemento femenino dentro de una separación cada vez más estricta de la ropa según el género.

Primer plano dinámico y desenfocado por movimiento de un pie femenino calzando un zapato destalonado negro de punta afilada y tacón de aguja dorado metálico sobre un suelo reflectante dorado.

Del tacón ancho al stiletto

La producción industrial del siglo XIX permitió fabricar calzado de manera más uniforme y ampliar su consumo. Durante el siglo XX, los cambios en materiales y técnicas hicieron posibles tacones más altos y delgados.

El stiletto, popularizado durante la década de 1950, debe su nombre a un tipo de daga italiana. Su estructura depende de una varilla interna resistente que permite sostener el peso con una base muy estrecha.

El cine, la fotografía publicitaria y las revistas ayudaron a asociarlo con glamour, sexualidad y feminidad. Caminar con él exige pasos más cortos y un apoyo reducido. Su presencia visual se volvió parte de la promesa: una silueta más alta a cambio de menor estabilidad.

No todos los tacones producen el mismo efecto. La altura, el grosor, la forma de la punta, el ajuste, el tiempo de uso y el tipo de suelo cambian considerablemente la experiencia.

¿Qué efectos tienen los tacones en el cuerpo?

Los estudios médicos no permiten afirmar que toda persona que use tacones desarrollará una lesión. Sí han documentado cambios en la marcha, la postura, el equilibrio y la distribución de la presión.

Una revisión publicada en Gait & Posture encontró que el aumento de altura modifica la posición del tobillo y la rodilla, reduce la longitud del paso y altera algunos movimientos de la pelvis y la zona lumbar. Sus autores también advirtieron diferencias entre estudios, tipos de calzado y participantes.

Una revisión sistemática y metaanálisis disponible en BMC Public Health encontró cambios en el equilibrio y en la mecánica de las extremidades inferiores. La evidencia fue más consistente en el pie, el tobillo y la rodilla que en otras zonas.

Cuando el talón se eleva, una mayor parte del peso se desplaza hacia la zona delantera del pie. El paso suele acortarse y el cuerpo hace ajustes para conservar el equilibrio. Un tacón grueso y moderado ofrece una base distinta a la de uno alto y estrecho; agruparlos como si fueran iguales impide entender sus efectos.

El uso frecuente también se ha asociado con dolor y con ciertas alteraciones del pie, pero una asociación no demuestra por sí sola que el calzado sea la única causa. La edad, el peso, la anatomía, las horas de uso, la actividad laboral y los antecedentes médicos también influyen.

Por esa razón, resulta más exacto hablar de riesgos y cambios biomecánicos que afirmar que los tacones causan inevitablemente juanetes, dolor lumbar o lesiones.

Primer plano detallado de piernas esculpidas en cristal transparente simulando caminar sobre un paso peatonal, calzando zapatos de tacón aguja cerrados y metalizados en cromo plateado.

Tacones, ciudad y trayectos cotidianos

Una persona sale de un automóvil, cruza un vestíbulo y entra a un elevador. Otra camina quince minutos, baja escaleras, espera de pie, hace un transbordo y esquiva una banqueta rota. La altura del zapato es igual; el esfuerzo acumulado cambia por completo.

Los estudios sobre movilidad no investigan necesariamente el uso de tacones. Sí muestran que los trayectos están condicionados por los ingresos, el género, la ubicación de la vivienda y las tareas de cuidado.

El informe de la CEPAL sobre movilidad y género en América Latina explica que las mujeres suelen realizar recorridos más fragmentados, relacionados con escuelas, compras, atención médica y cuidado de otras personas.

En Ciudad de México, un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo sobre movilidad, accesibilidad y seguridad encontró barreras específicas para las mujeres en el transporte y en los centros de conexión.

Relacionar esos hallazgos con el calzado es una lectura de las condiciones cotidianas: los documentos no miden cuántas usuarias llevan tacones. Permiten entender, en cambio, por qué un zapato difícil de usar resulta más llevadero en un trayecto corto y controlado que durante varias horas de transporte, caminata y espera.

La banqueta quebrada, el andén lleno, los escalones y el tiempo de pie vuelven visible esa diferencia. En esas condiciones, llevar un segundo par de zapatos deja de parecer una anécdota y se convierte en una solución práctica.

Tacones y códigos de vestimenta en el trabajo

La relación entre calzado y empleo no se limita a una presión implícita. Existen casos documentados en los que las empresas exigieron tacones como parte de la presentación de sus trabajadoras.

En 2016, la recepcionista británica Nicola Thorp fue enviada a casa sin salario después de negarse a usar zapatos con tacones de entre cinco y diez centímetros. Su petición para prohibir estas exigencias reunió más de 152 mil firmas y llevó el tema al Parlamento británico.

El informe conjunto de los comités de Peticiones y de Mujeres e Igualdad de la Cámara de los Comunes examinó testimonios sobre códigos laborales aplicados a mujeres en sectores como comercio, hostelería, turismo, servicios empresariales y agencias de empleo.

El documento registró dolor, problemas para realizar tareas y presión para cumplir reglas distintas a las de los compañeros varones. También recogió evidencia de que las mujeres mayores y aquellas con discapacidad podían verse afectadas de manera desproporcionada.

La investigación comenzó a partir de un caso concreto, pero reveló una discusión más amplia: hasta qué punto una empresa puede asociar profesionalidad con una apariencia femenina que exige dolor o limita el movimiento.

Tras la polémica, Portico eliminó la obligación de llevar tacones y adoptó una regla general de zapatos negros, limpios y en buen estado.

Escena editorial ambientada en el periodo barroco francés donde un hombre con chaqueta de cuero y peluca le besa el tobillo a una mujer, cuyas piernas descansan sobre un cofre ornamental vistiendo zapatos destalonados de brocado dorado con broches antiguos y tacón bajo tipo kitten heel.

¿Los tacones representan poder o presión?

No existe una única respuesta. Para algunas personas, llevarlos forma parte de una elección, una celebración, un personaje escénico o una forma de ocupar más espacio. Para otras, significa dolor, una norma laboral o la necesidad de ajustarse a expectativas ajenas.

En una sesión fotográfica o sobre un escenario, unos tacones pueden aumentar la altura, cambiar la postura y completar un personaje. Durante ocho horas de trabajo o varios transbordos, esas mismas características pueden convertirse en una limitación.

La palabra empoderamiento resulta insuficiente cuando se aplica de manera general. Para hablar de elección también hay que preguntar si existe la posibilidad real de usar zapatos planos sin recibir sanciones, perder oportunidades o ser considerada menos profesional.

El caso británico muestra que esas presiones no pertenecen únicamente a la teoría. Algunas empresas llegaron a convertirlas en una regla escrita.

Tacones en el drag, la cultura queer y la moda masculina

La historia reciente del tacón tampoco cabe por completo en la oposición entre poder masculino y carga femenina. Distintas escenas lo han utilizado para representar, exagerar o cuestionar las reglas del género.

Los bailes drag celebrados en Estados Unidos desde el siglo XIX ofrecieron espacios de reunión y representación para comunidades queer. El Museo Nacional de Historia Estadounidense del Smithsonian documenta el crecimiento de los bailes drag y su importancia en la cultura negra queer de Harlem durante las primeras décadas del siglo XX.

Dentro del drag, los tacones pueden exagerar códigos asociados con la feminidad, ayudar a construir una figura escénica o transformar el movimiento. Su uso no siempre busca imitar de manera literal a una mujer; también puede jugar con proporciones, gestos y expectativas.

En el rock y la moda masculina, músicos como David Bowie, Prince y Elton John recuperaron botas elevadas y plataformas durante el siglo XX. La exposición Standing Tall: The Curious History of Men in Heels reunió calzado masculino desde el siglo XVII hasta modelos usados por John Lennon y Elton John.

El tacón masculino nunca desapareció por completo. Permaneció en botas vaqueras, calzado militar, escenarios, pasarelas y comunidades donde vestir también permite probar otras formas de masculinidad.

La investigación académica en español sobre los cambios recientes de la moda masculina señala que muchas propuestas consideradas novedosas recuperan prendas, colores y formas que los hombres ya habían utilizado en otros periodos históricos.

Lenny Kravitz recargado en una pared metálica urbana vistiendo una chaqueta de cuero negro, jeans vaqueros oscuros holgados y botas altas con tacón de piel de serpiente de pitón marrón.
Lenny Kravitz

El tacón como elección, herramienta e imposición

A lo largo de su historia, el tacón ha cumplido funciones distintas. Sujetó el pie de jinetes, mostró el rango de aristócratas, acompañó la separación moderna entre ropa masculina y femenina, modificó la silueta y formó parte de trabajos, escenarios y representaciones de género.

Su significado depende de quién lo lleva, durante cuánto tiempo, en qué lugar y bajo qué condiciones.

Un tacón puede ser cómodo durante unos minutos y agotador después de varias horas. Puede elegirse para una fiesta y exigirse en una recepción. Puede reforzar una norma femenina o servir para cuestionarla sobre un escenario.

La libertad no está en usarlo ni en rechazarlo por principio. Está en poder decidir sin que el calzado determine el acceso a un empleo, la credibilidad profesional o la forma en que una persona es tratada.

El verdadero privilegio no consiste en alcanzar unos centímetros más. Consiste en disponer de transporte, tiempo, descanso, superficies seguras y la posibilidad de cambiarse de zapatos cuando el cuerpo lo pide.

Redacción

Viridiana Velázquez

Viridiana Velázquez es editora en Yaconic y periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Cuenta con una década de experiencia en medios como Grupo Mundo Ejecutivo e Indie Rocks!, además de Comunicación Social del Gobierno de la Ciudad de México. Se especializa en consumo cultural, narrativas mediáticas y su relación con el arte, el mercado y la sociedad.

LinkedIn:Viridiana Velázquez

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