Dazed y los “punks indígenas” de El Chopo: la historia detrás de la polémica

Dazed publicó 35 retratos de Maxwell Vice realizados en Ciudad de México y presentó a sus protagonistas como “punks indígenas de la generación Z”. Pero las entrevistas incluidas en la propia nota apenas preguntan por esas dos identidades. ¿Qué información sostiene entonces el encabezado?
Imagina que viajas de México a Japón, visitas un mercado y encuentras a un grupo de jóvenes japoneses tatuados. Te interesan, les pides retratarlos y, al volver a casa, decides que tienes una gran historia entre manos: “Conoce a los yakuza secretos de Tokio”. Las fotografías son reales, las personas existen y quizá incluso aceptaron posar para tu cámara. Solo hay un problema: nunca comprobaste que fueran yakuza. Eran personas tatuadas en Japón y tú completaste el resto a partir de lo que esperabas encontrar.
La comparación no pretende equiparar a la yakuza con el punk ni decir que ambas identidades tengan las mismas implicaciones. Sirve para mostrar algo mucho más básico: la apariencia, el lugar donde encuentras a alguien y tus propias referencias culturales no bastan para decidir quién es esa persona. Mucho menos cuando su rostro, nombre y supuesta identidad terminarán publicados ante una audiencia internacional.
El 14 de agosto de 2026, Dazed publicó una serie realizada en Ciudad de México bajo el encabezado “Punketo: meet the Indigenous Gen-Z punks of Mexico City”. La pieza acredita a Elliot Hoste en el texto y a Maxwell Vice en fotografía y entrevista, y reúne una galería de 35 imágenes. El problema aparece al revisar lo que esas entrevistas realmente preguntan. ¿En qué momento los protagonistas se identifican colectivamente como “punks indígenas”?
De jóvenes creativos a “punks indígenas”
Las entrevistas publicadas por Dazed se concentran principalmente en el trabajo creativo de los retratados, sus prendas favoritas y la música que escuchan. Carla habla de su proyecto de ropa inspirado en Harajuku y de su interés por la fotografía, la pintura y la escultura. Jerome trabaja con música, prendas, fotografía y dirección visual. Baco desarrolla un proyecto de ropa. Pamela tiene una marca y hace música. Víctor trabaja como estilista y modelo. Oliver participa en proyectos de moda y curaduría. Marcela trabaja como modelo, actriz y productora.
Amanda sí establece directamente una relación con el punk. Describe su proyecto Muñeka Sucia como cercano al grunge y al punk y explica que, después de vivir nueve años en Ciudad de México, encontró una conexión con las escenas punk y rock que no había tenido anteriormente. Eso no demuestra que los demás no sean punks. El punk no tiene un uniforme obligatorio y una entrevista periodística tampoco necesita convertir la pertenencia cultural en un examen.
Lo llamativo es que Dazed presenta a todo el grupo bajo una misma identidad sin que las entrevistas publicadas se detengan a establecerla. En los testimonios visibles, el medio no pregunta a cada protagonista si se considera punk, qué significa esa pertenencia para él o ella ni qué relación mantiene con esa escena. El cuestionario se ocupa mucho más de sus proyectos, ropa y canciones favoritas.
Con la palabra “indígena” la distancia es todavía mayor. Ninguna de las entrevistas publicadas pregunta a los protagonistas si se reconocen como indígenas, a qué pueblo o comunidad pertenecen o de dónde proviene esa identificación. Sin embargo, la palabra aparecía como un hecho en el encabezado.
Lo que Maxwell Vice sí dijo en Dazed
El propio artículo de Dazed ofrece una pista sobre el origen de esa descripción. Vice explicó a Dazed que había sido el único chico moreno identificado con el punk o emo en su escuela de Nueva York y que, cuando supo de un lugar en Ciudad de México donde supuestamente se reunían jóvenes punks indígenas, la posibilidad de visitarlo le resultó especialmente significativa. Dazed también cuenta que el fotógrafo conoció el lugar gracias a su amigo Roy Martinez, originario de Ciudad de México, y que ambos acudieron a documentar a los jóvenes que encontraron ahí. La serie recibió el nombre de Punketos, término que el propio artículo relaciona con la subcultura punk mexicana.
Vice afirma además que las personas entrevistadas habían producido colecciones, álbumes o películas y que coincidían en ese mercado. Esa descripción encaja con buena parte de los testimonios publicados: la mayoría habla de ropa, música, fotografía, modelaje, actuación u otros proyectos creativos. Ahí aparece una contradicción difícil de ignorar. El material publicado muestra con claridad a un grupo de jóvenes involucrados en distintos proyectos creativos, pero no explica cómo esa descripción terminó convertida en una identidad colectiva de “punks indígenas”. El lector solo puede trabajar con lo que Dazed decidió publicar, y ahí la identidad indígena no se desarrolla y la pertenencia punk de la mayoría apenas se explora.
El lugar “secreto” era el Tianguis Cultural del Chopo
El relato de Dazed añade otro elemento. Vice afirma que no revelaría la ubicación exacta del mercado por petición de los vendedores y el texto lo presenta como un lugar conocido gracias a Roy Martinez. El sitio fotografiado es el Tianguis Cultural del Chopo, un espacio público ampliamente documentado dentro de la historia musical de Ciudad de México.
El Museo Universitario del Chopo registra que el tianguis surgió en 1980 dentro del propio museo como punto de intercambio para coleccionistas y aficionados a la música. Después salió del recinto y pasó por distintas ubicaciones hasta establecerse cerca de Buenavista. La UNAM lo describe como un referente donde han coincidido propuestas musicales alternativas durante décadas. Actualmente se encuentra en Buenavista y ha sido reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México.
Ese contexto vuelve extraña la manera en que aparece presentado. Para una audiencia extranjera, hablar de una ubicación que no debe revelarse ayuda a construir la sensación de estar entrando en un sitio oculto, casi descubierto para la ocasión. El Chopo, en cambio, lleva más de cuatro décadas formando parte de la vida cultural pública de la ciudad. Que Vice lo haya conocido por primera vez gracias a un amigo es perfectamente posible. Lo revelador está en otra parte: al convertir ese descubrimiento personal en el marco de la historia, un espacio conocido termina leyendo como un hallazgo.

Dazed muestra dos encabezados para la misma publicación
La manera en que Dazed presenta hoy la pieza añade otra rareza. Al 20 de agosto de 2026, la URL antigua que contenía indigenous redirige a la versión actual de la publicación, cuyo encabezado principal es: “Punketos: Meet the Gen-Z punks of Mexico City”.
La palabra Indigenous ya no aparece en el título principal. Las páginas de Fashion, Feature, Street Photography y Street Style muestran también la versión sin esa palabra. El cuerpo de la nota, sin embargo, todavía conserva la declaración atribuida a Maxwell Vice sobre un lugar de Ciudad de México donde supuestamente se reunían “Indigenous Gen-Z punks”. Dazed no explica dentro de la nota principal por qué retiró Indigenous del encabezado.
El cambio importa especialmente porque la palabra que desaparece es Indigenous. La palabra no es un adjetivo menor ni un matiz de edición: es precisamente la identidad que el texto publicado menos se ocupa de comprobar. La versión actual sigue llamando “punks” a los protagonistas, pero elimina Indigenous. Ese cambio deja una pregunta abierta sobre qué tan necesaria era esa palabra para describir realmente a las personas fotografiadas.
Ser indígena en México no puede deducirse de una fotografía
El problema de llamar indígena a alguien no es que la palabra sea ofensiva ni que las personas indígenas deban verse de una manera determinada. Precisamente por eso no es correcto intentar deducir esa pertenencia a partir del color de piel, ciertos rasgos, la ropa o una idea previa de cómo debería verse una persona indígena.
La autoadscripción es uno de los criterios centrales para la identificación y reconocimiento de los pueblos indígenas, de acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. La autoidentificación ocupa un lugar principal para comprender esa pertenencia, ya que no corresponde a personas o instituciones externas decidir quién es indígena únicamente desde fuera. La pertenencia también se relaciona con una historia, cultura, identidad y sentido de pertenencia compartidos, según material publicado por el propio instituto en 2026, que define la autoadscripción como el derecho de los pueblos a reconocerse y asumirse como tales.
Una fotografía no basta para determinar esa identidad.
Dazed podía preguntar a los protagonistas cómo se reconocían, si pertenecían a algún pueblo o comunidad y qué relación tenían con esa identidad. Esas preguntas no aparecen en el cuestionario publicado.

Las etiquetas cambian la información que acompaña a una imagen
Una misma fotografía comunica cosas distintas según el texto que la acompaña. Presentar a alguien como joven creador de Ciudad de México no equivale a presentarlo como integrante de una comunidad de “punks indígenas”. La imagen puede ser exactamente la misma; lo que cambia es la información que el medio afirma conocer sobre la persona.
En México, además, la relación entre apariencia, origen y discriminación está documentada. La Encuesta Nacional sobre Discriminación 2022 del INEGI encontró que 27.9% de los hombres indígenas y 28.1% de las mujeres indígenas de 12 años y más declararon haber sufrido discriminación durante los 12 meses anteriores. Entre los motivos registrados aparecen ser persona indígena o afrodescendiente, la manera de hablar, el tono de piel y la forma de vestir o arreglo personal, incluidos tatuajes, ropa, peinados y perforaciones.
No sabemos de consecuencias concretas que los participantes de Punketos hayan sufrido por aparecer en Dazed y el artículo no pretende atribuirlas. Una identidad publicada junto a un rostro puede permanecer asociada a esa persona durante años. El medio no solo difunde una fotografía: también fija información sobre quien aparece en ella. Ser punk o indígena no debería perjudicar la reputación de nadie. El problema aparece cuando esa identidad se publica como un hecho y el propio testimonio de la persona no deja claro de dónde salió.
¿Qué derechos tiene una persona sobre su imagen?
La discusión también tiene una dimensión jurídica. Con la información disponible no puede concluirse que Dazed o Maxwell Vice hayan cometido una infracción.
En Ciudad de México, la Ley de Responsabilidad Civil para la Protección del Derecho a la Vida Privada, el Honor y la Propia Imagen establece que toda persona tiene derecho sobre su imagen y puede autorizar o no su captación y difusión. La misma legislación contempla excepciones, entre ellas determinados hechos o acontecimientos de interés público. El artículo 17 reconoce la facultad de cada persona para disponer de su apariencia; los artículos siguientes desarrollan las condiciones relativas a consentimiento, publicación y excepciones.
En el ámbito federal, el artículo 87 de la Ley Federal del Derecho de Autor fue modificado en mayo de 2026 y su texto vigente se refiere específicamente a la imagen y voz de personas artistas intérpretes o ejecutantes. Por eso la antigua redacción del artículo sobre el retrato de cualquier persona ya no debe utilizarse como si continuara vigente sin cambios. Las autorizaciones y condiciones concretas que cada protagonista acordó con Vice o con Dazed no son públicas. El alcance de esos permisos y las circunstancias de cada caso serían necesarios para determinar si hubo o no una vulneración de derechos.

Fotografiar a alguien no significa saber quién es
Dazed ofrece espacio para que varios protagonistas hablen. Sabemos qué proyectos desarrollan, qué ropa prefieren y qué canciones escuchan. Lo extraño es que la publicación pregunte tan poco sobre las dos identidades que utiliza para presentarlos ante el lector.
¿Se consideran punks? ¿Qué relación mantienen con esa escena? ¿Frecuentan habitualmente El Chopo? ¿Se reconocen como indígenas? ¿Pertenecen a algún pueblo o comunidad? ¿Cómo entienden ellos mismos esas identidades?
La ausencia de esas respuestas no prueba que el encabezado sea falso. Deja, simplemente, un hueco demasiado grande entre lo que el título afirma y lo que el artículo consigue mostrar. Ahí está el centro de la controversia. No hace falta mirar las fotografías e intentar decidir quién “parece” punk o indígena. De hecho, hacerlo sería caer en el mismo problema. Basta con leer las entrevistas y comparar lo que dicen sus protagonistas con las palabras que Dazed eligió para definirlos.
El resultado es incómodo: conocemos bastante sobre sus proyectos creativos, su ropa y la música que escuchan, pero mucho menos sobre las identidades que terminaron encabezando la historia. Y todavía está esa otra rareza: Dazed retiró Indigenous del encabezado principal y de sus páginas internas, mientras el cuerpo de la nota conserva la referencia de Maxwell Vice a “Indigenous Gen-Z punks”.
Una fotografía puede mostrar cómo se viste alguien, qué hace durante un instante o cómo ocupa un espacio. Lo que no puede hacer por sí sola es decirnos a qué pueblo pertenece una persona o cómo se reconoce culturalmente. Eso requiere algo menos espectacular que una sesión de fotos, pero bastante más importante para una historia como esta: preguntar bien. Y escuchar lo suficiente antes de ponerle nombre a los demás.
Redacción
Viridiana Velázquez
Viridiana Velázquez es editora en Yaconic y periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Cuenta con una década de experiencia en medios como Grupo Mundo Ejecutivo e Indie Rocks!, además de Comunicación Social del Gobierno de la Ciudad de México. Se especializa en consumo cultural, narrativas mediáticas y su relación con el arte, el mercado y la sociedad.
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