«¡Que viva México!»: la historia detrás de la película inconclusa de Sergei Eisenstein

Publicado originalmente el 29 de mayo de 2025. Actualizado el 23 de julio de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
¡Que viva México! fue uno de los proyectos más ambiciosos de Sergei Eisenstein y también uno de los episodios más complicados de su carrera. El director soviético recorrió México entre 1930 y 1932 con la intención de filmar una obra sobre la historia, las tradiciones y los conflictos sociales del país, pero regresó a la Unión Soviética sin poder editar el material.
La película nunca quedó terminada bajo su supervisión. El financiamiento se detuvo, los negativos permanecieron en Estados Unidos y, durante las décadas siguientes, otras personas utilizaron las imágenes para producir cortometrajes y largometrajes que no necesariamente siguieron sus planes.
Aun así, las escenas filmadas por Eisenstein y el camarógrafo Eduard Tissé se convirtieron en un referente para estudiar la representación de México en el cine. El proyecto reúne imágenes de zonas arqueológicas, fiestas religiosas, haciendas, comunidades indígenas, corridas de toros y celebraciones del Día de Muertos.
Esta es la historia detrás de ¡Que viva México!, la película que Eisenstein filmó durante más de un año, pero nunca pudo montar.
¿Qué es ¡Que viva México!?
¡Que viva México! es una película inconclusa que Sergei Eisenstein comenzó a filmar en diciembre de 1930. Su intención era presentar distintas etapas de la historia mexicana mediante episodios relacionados entre sí.
No se trataba de un documental convencional ni de una historia protagonizada por un solo personaje. Eisenstein pensaba reunir relatos ambientados en diferentes regiones y periodos para mostrar la continuidad entre el México prehispánico, la Colonia, el Porfiriato, la Revolución y las celebraciones populares del siglo XX.
El director concibió la obra primero como una sinfonía y después como un mural formado por distintas historias, de acuerdo con la investigación de Aurelio de los Reyes publicada por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.
La propuesta cambiaría varias veces durante el rodaje. Eisenstein llegó a México sin un guion completamente cerrado y fue definiendo los episodios conforme conocía lugares, celebraciones, libros, fotografías y personas.
¿Por qué Sergei Eisenstein vino a México?
Antes de llegar al país, Eisenstein ya era reconocido por películas como La huelga, El acorazado Potemkin y Octubre. Durante 1929 viajó por Europa para estudiar las posibilidades del cine sonoro y posteriormente se trasladó a Estados Unidos.
En Hollywood firmó un contrato con Paramount, pero ninguno de sus proyectos llegó a filmarse. La relación con el estudio terminó en octubre de 1930 y el director comenzó a buscar financiamiento para trabajar de manera independiente.
Su interés por México no surgió de un solo encuentro. Desde años antes había leído textos, observado fotografías y escuchado relatos sobre el país. El investigador Aurelio de los Reyes encontró que Eisenstein guardó en su archivo un reportaje alemán sobre el Día de Muertos publicado entre 1927 y 1928.
También conocía México insurgente, de John Reed; había escuchado las experiencias de Vladimir Maiakovski y mantenía contacto con Diego Rivera. El muralista mexicano le habló sobre el país y le mostró fotografías de sus murales.
El cineasta Robert Flaherty lo animó a desarrollar una película sobre México. Diego Rivera reforzó la propuesta y Charles Chaplin habría sugerido que buscara el apoyo del escritor estadounidense Upton Sinclair.
Eisenstein llegó a México acompañado por Grigori Aleksandrov, su asistente, y Eduard Tissé, responsable de la fotografía.
¿Cuándo llegó Eisenstein a México?
Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov y Eduard Tissé llegaron a México el 7 de diciembre de 1930. Cuatro días después comenzaron a filmar en Tacuba y el 12 de diciembre registraron las peregrinaciones y celebraciones de la Virgen de Guadalupe.
El proyecto estaba planeado inicialmente para durar alrededor de tres o cuatro meses. Sin embargo, Eisenstein amplió la propuesta conforme descubría nuevos temas y lugares. La estancia terminó extendiéndose hasta los primeros meses de 1932.
La Filmoteca de la UNAM señala que el director recorrió el país con la intención de mostrar su historia, sus fiestas y distintas formas de relacionarse con la muerte.
No llegó invitado oficialmente por Frida Kahlo y Diego Rivera para realizar la película, como se afirma con frecuencia. Eisenstein ya buscaba filmar en México desde Estados Unidos y consiguió el dinero mediante un acuerdo independiente. Rivera sí fue importante para alimentar su interés, facilitar contactos y acercarlo a parte del ambiente cultural mexicano.
Upton Sinclair y el financiamiento de la película
El escritor Upton Sinclair y su esposa, Mary Craig Sinclair, organizaron el financiamiento. También participaron otros inversionistas estadounidenses.
El acuerdo establecía que Eisenstein realizaría una película sobre México en un plazo limitado y con un presupuesto previamente establecido. Sinclair controlaría los fondos y conservaría legalmente los negativos hasta recuperar la inversión.
El problema comenzó cuando la filmación se extendió mucho más de lo acordado. Eisenstein continuaba registrando imágenes, pero no había entregado una película terminada ni un plan definitivo que permitiera calcular cuánto dinero faltaba.
De acuerdo con el Harvard Film Archive, hacia finales de 1931 ya se habían filmado cerca de 50 horas de material. Sinclair y los demás patrocinadores comenzaron a considerar que el proyecto no tenía un final financiero claro.
Las diferencias no fueron únicamente económicas. Eisenstein quería desarrollar una obra extensa sobre la historia mexicana, mientras los productores esperaban una película que pudiera completarse y distribuirse en un tiempo razonable.
También existían presiones políticas. El gobierno soviético exigía el regreso del director, quien llevaba varios años fuera del país. Al mismo tiempo, las autoridades mexicanas vigilaban el contenido filmado y esperaban que la obra no presentara al país de una manera que pudiera generar conflictos.

Los episodios de ¡Que viva México!
Eisenstein planeó la película como una serie de partes conectadas. La estructura más conocida incluye un prólogo, cuatro episodios y un epílogo, aunque los planes cambiaron durante la producción.
Prólogo
El prólogo relacionaba el paisaje de Yucatán con las civilizaciones prehispánicas. Eisenstein filmó pirámides, esculturas, rostros y cuerpos colocados frente a las construcciones antiguas.
El episodio no buscaba explicar arqueológicamente a los pueblos mayas. Su intención era establecer una sensación de continuidad entre las figuras de piedra, las personas vivas y el paisaje.
Las imágenes fueron filmadas principalmente en zonas arqueológicas de Yucatán, entre ellas Chichén Itzá.
Sandunga
“Sandunga” se desarrollaba en el istmo de Tehuantepec, Oaxaca. La historia seguía a Concepción y Abundio durante los preparativos de su matrimonio.
Eisenstein mostró mercados, vestimentas, hamacas, joyas, actividades cotidianas y una organización familiar en la que las mujeres tenían una presencia importante.
El episodio retomaba la imagen de Tehuantepec difundida por artistas, fotógrafos y viajeros durante las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, también debe leerse con cuidado: no es un registro neutral de la vida de toda una región, sino la interpretación de un director extranjero que seleccionaba personas, objetos y costumbres de acuerdo con la película que deseaba realizar.
“Sandunga” estaba pensado como uno de los apartados más tranquilos de la obra, relacionado con el amor, el matrimonio y la continuidad de la vida.
Maguey
“Maguey” era el episodio con mayor contenido social. Se desarrollaba en una hacienda pulquera durante el Porfiriato y mostraba la explotación de los peones.
El protagonista, Sebastián, se enfrentaba a los administradores de la hacienda después de que su prometida fuera agredida. La rebelión terminaba con la captura y ejecución de los trabajadores.
Para Eisenstein, el conflicto entre hacendados y peones era necesario para explicar las causas de la Revolución mexicana. Sin embargo, los productores y supervisores presionaron para reducir la carga política del argumento.
La investigación de Aurelio de los Reyes documenta que Eisenstein defendía la necesidad de mostrar la lucha de clases dentro de las haciendas para explicar el levantamiento contra el régimen de Porfirio Díaz.
Las secuencias de “Maguey” figuran entre las imágenes más difundidas del proyecto. Los encuadres de los peones, los magueyes y los castigos influyeron después en la manera de representar el campo mexicano en distintas películas.
Fiesta
“Fiesta” reunía celebraciones religiosas, procesiones y corridas de toros. Parte del episodio se relacionaba con la fiesta de la Virgen de Guadalupe y con la convivencia entre el catolicismo y prácticas anteriores a la Conquista.
Eisenstein filmó peregrinos en la Villa de Guadalupe, danzas, imágenes religiosas, multitudes y rituales colectivos. También registró corridas de toros, uno de los temas que había estudiado antes y durante su estancia.
El director no presentaba las celebraciones como simples curiosidades. Le interesaba observar cómo la religión, el espectáculo, el sacrificio y la muerte aparecían dentro de una misma cultura.
Soldadera
“Soldadera” estaría dedicado a las mujeres que participaron en la Revolución mexicana. Eisenstein planeaba mostrar a una mujer que acompañaba a las tropas y atravesaba distintas etapas del conflicto.
El episodio no pudo filmarse por completo. El director reunió referencias, elaboró planes y tomó como una de sus lecturas Los de abajo, de Mariano Azuela, pero el financiamiento terminó antes de que pudiera completar esta parte.
La ausencia de “Soldadera” es importante porque impide conocer cómo habría conectado Eisenstein la Revolución con los episodios anteriores y con el México posterior al conflicto armado.
Epílogo
El epílogo estaría centrado en el Día de Muertos. Eisenstein quería mostrar calaveras, disfraces, juguetes, altares y celebraciones para cerrar la película con una visión en la que la muerte no aparecía separada de la vida.
Su interés por esta festividad había comenzado antes de viajar al país. Durante el rodaje estudió la obra de José Guadalupe Posada y adquirió varios de sus grabados.
La Filmoteca de la UNAM destaca la importancia que el Día de Muertos tuvo dentro del proyecto, pues permitía relacionar el pasado prehispánico, el catolicismo y las celebraciones populares del siglo XX.

¿Dónde se filmó ¡Que viva México!?
Eisenstein y su equipo recorrieron varias regiones. Entre las principales locaciones estuvieron:
- La Ciudad de México.
- Tacuba.
- La Villa de Guadalupe.
- Xochimilco.
- Tehuantepec, Oaxaca.
- Yucatán.
- Chichén Itzá.
- Mérida.
- Acapulco.
- Haciendas pulqueras de la zona central del país.
No todas las imágenes filmadas correspondían a una observación espontánea. Muchas escenas fueron preparadas, ensayadas o representadas para la cámara. Eisenstein combinaba habitantes de las regiones con personas elegidas para interpretar personajes concretos.
El uso de actores no profesionales ayudó a que los rostros y cuerpos tuvieran una presencia distinta a la del cine comercial de la época. Sin embargo, esto no significa que las secuencias fueran registros directos de la realidad: existían indicaciones, una historia y decisiones previas sobre la colocación de cada persona.
Eduard Tissé y las imágenes de la película
Eduard Tissé, colaborador habitual de Eisenstein, fue responsable de la fotografía. Ambos habían trabajado juntos en títulos como La huelga, El acorazado Potemkin, Octubre y La línea general.
En México utilizaron fuertes contrastes de luz, tomas desde ángulos bajos, primeros planos de rostros y composiciones en las que las personas se relacionaban con magueyes, pirámides, cruces, nubes y paisajes.
Varias escenas muestran influencias de la pintura, la escultura prehispánica, los grabados de José Guadalupe Posada y el muralismo mexicano. Eisenstein admiraba el trabajo de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, aunque su película no puede reducirse a una copia de los murales.
El proyecto buscaba trasladar a imágenes en movimiento una visión amplia del país. Cada episodio tendría un ritmo distinto, pero todos quedarían unidos durante el montaje, etapa que Eisenstein consideraba indispensable para producir el significado final.
¿Por qué quedó inconclusa ¡Que viva México!?
La película quedó inconclusa por una combinación de problemas económicos, contractuales y políticos.
El rodaje superó el tiempo y el presupuesto acordados. Sinclair dejó de enviar dinero y ordenó detener la producción. Eisenstein, por su parte, tenía que regresar a la Unión Soviética y esperaba recibir posteriormente los negativos para montar la película.
Eso nunca ocurrió.
Los patrocinadores conservaron el material porque el contrato les otorgaba control sobre los negativos. Eisenstein volvió a su país sin las imágenes y no pudo completar la edición.
El Museo de Arte Moderno de Nueva York resume que el proyecto se quedó sin financiamiento después de más de un año de trabajo y fue suspendido antes de su conclusión.
No es completamente exacto afirmar que Sinclair simplemente le “robó” la película. El escritor y los inversionistas tenían derechos contractuales sobre el material y trataban de recuperar parte del dinero. Sin embargo, las decisiones tomadas después impidieron que Eisenstein realizara la versión que había imaginado.

¿Qué pasó con las imágenes filmadas?
Después de suspender el rodaje, los negativos permanecieron en Estados Unidos. Parte del material fue entregado al productor Sol Lesser, quien lo utilizó para preparar nuevas películas.
En 1933 se estrenó Thunder Over Mexico, formada principalmente con escenas del episodio “Maguey”. También aparecieron Eisenstein in Mexico y Death Day, además de otras versiones y cortometrajes.
Estas producciones no fueron montadas por Eisenstein. Utilizaron sus imágenes, pero reorganizaron el material y añadieron narraciones según los intereses de otros productores.
El MoMA ha presentado varias ediciones e interpretaciones elaboradas a partir de las imágenes inconclusas, lo que demuestra que no existe una sola versión definitiva de ¡Que viva México!.
Durante décadas, espectadores y especialistas conocieron el proyecto mediante estos montajes parciales. Por esa razón, hablar de “la película” puede resultar confuso: existen las imágenes filmadas por Eisenstein, sus escritos y planes, y distintas películas construidas posteriormente con ese material.
La versión de Grigori Aleksandrov
Una de las versiones más conocidas fue preparada por Grigori Aleksandrov, quien había acompañado a Eisenstein durante el viaje.
Aleksandrov tuvo acceso a una copia del material y estrenó en 1979 un largometraje titulado ¡Que viva México!. La película intentó seguir las notas y los planes de Eisenstein, incorporó una narración y organizó las secuencias de acuerdo con los episodios conocidos.
Esta versión permite acercarse a una parte importante de las imágenes, pero tampoco debe considerarse la edición definitiva del director. Eisenstein había muerto en 1948 y nunca pudo decidir el orden final, la duración, las transiciones, el ritmo ni el acompañamiento sonoro.
La importancia del montaje dentro de su trabajo hace que esta ausencia sea fundamental. Para Eisenstein, grabar una imagen era solo una parte del proceso; su sentido dependía de la relación con las tomas anteriores y posteriores.
Por eso ¡Que viva México! puede considerarse una película inconclusa incluso cuando se ve la versión de Aleksandrov.
La influencia de ¡Que viva México! en el cine mexicano
Aunque Eisenstein no terminó la película, sus imágenes circularon entre cineastas, fotógrafos y críticos. Los magueyes, las nubes, los campesinos observados desde ángulos bajos, los rostros en primer plano y los paisajes amplios se convirtieron en referencias frecuentes.
Su paso por México coincidió con los años previos a la consolidación de la industria cinematográfica nacional. Fotógrafos y directores retomaron recursos parecidos para representar el campo, la Revolución, las haciendas y la vida indígena.
La huella puede observarse en parte del trabajo de Gabriel Figueroa y en películas de Emilio Fernández, aunque no debe atribuirse únicamente a Eisenstein. El muralismo, la fotografía de Edward Weston, Tina Modotti y Agustín Jiménez, y las propias tradiciones visuales mexicanas también participaron en la formación de esas imágenes.
Agustín Jiménez tuvo contacto con Eisenstein y Tissé durante el rodaje y después trabajó como fotógrafo en la industria nacional. Criterion señala que Jiménez fue uno de los fotógrafos mexicanos que observó directamente el trabajo del equipo soviético.
La influencia tampoco terminó en México. El material fue estudiado por cineastas de otros países interesados en representar procesos revolucionarios y culturas distintas a las europeas. Mijaíl Kalatózov pidió a sus colaboradores revisar las imágenes antes de realizar Soy Cuba, según la historia del rodaje recuperada por The Criterion Collection.

¿La película muestra el México real?
¡Que viva México! conserva imágenes valiosas de personas, fiestas, paisajes y regiones durante los primeros años de la década de 1930. Sin embargo, no debe verse como un retrato completo ni objetivo del país.
Eisenstein llegó con lecturas, referencias e ideas previas. Le interesaban especialmente la muerte, los rituales, las comunidades indígenas, el conflicto entre trabajadores y hacendados, y la continuidad entre el pasado y el presente.
Esa selección dejó fuera muchos aspectos del México urbano, industrial y político de la época. También reunió costumbres de regiones diferentes dentro de una explicación general sobre la identidad mexicana.
La película muestra tanto al México que Eisenstein encontró como al México que esperaba encontrar. Allí se encuentra parte de su valor, pero también uno de sus límites.
Sus imágenes permiten estudiar cómo un visitante extranjero interpretó el país después de la Revolución y cómo esa interpretación influyó en las maneras posteriores de representar lo mexicano.
¿Por qué sigue siendo importante ¡Que viva México!?
La película sigue despertando interés porque plantea una pregunta que nunca tendrá una respuesta definitiva: ¿qué obra habría realizado Eisenstein si hubiera podido editar todo el material?
Sobreviven miles de metros de película, fotografías, notas, dibujos, contratos y testimonios, pero falta la decisión final del director. Cada reconstrucción debe completar los espacios vacíos mediante su propia interpretación.
También es importante porque documenta el encuentro entre uno de los principales cineastas soviéticos y el México posterior a la Revolución. El proyecto relaciona cine, muralismo, fotografía, literatura, política, religión y tradiciones populares.
¡Que viva México! no fue una película terminada que después se perdió. Fue una obra que permaneció abierta desde el momento en que se detuvo el financiamiento. Las versiones posteriores permiten observar fragmentos, pero ninguna puede asegurar cómo habría sido el montaje de Eisenstein.
Esa condición explica por qué continúa estudiándose: no solo por las imágenes que existen, sino por la película que pudo haber surgido de ellas.
Redacción
Vic Vertigo
Redactora con 5 años de experiencia en el periodismo. Reportera especializada en cultura alternativa. Lee mi columna para un análisis profundo de las subculturas, arte urbano y la escena disidente de la urbe.











