La Shenka: La cámara como trinchera, el beat como justicia
Arte

La Shenka: La cámara como trinchera, el beat como justicia

Para Montserrat Reyes, mejor conocida como La Shenka, la fotografía no empezó con un obturador, sino con una grieta. A los ocho años, una búsqueda en Google sobre su territorio, Cuautepec, le devolvió una sentencia: «barrio marginado y violento«. Ese fue el inicio de su «herida colonial», el momento en que descubrió que otros —los de la centralidad— se tomaban la libertad de definir su hogar desde el prejuicio.

«Al buscarlo me encontré con palabras que tal vez nunca se me van a borrar y también el inicio de una grieta y una herida colonial… como niña empieza esta herida de cómo otros describen tu territorio.»

Hoy, como fotógrafa documentalista y DJ multidisciplinaria, La Shenka ha convertido esa grieta en una cartografía de resistencia. Su trabajo no busca «dar voz», busca establecer las conversaciones necesarias para que el barrio se cuente a sí mismo.

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La Shenka contra el «héroe» de la lente

Montserrat, La Shenka es tajante al desmitificar la figura del comunicador tradicional. Para ella, la idea de que el artista «le da voz a los que no tienen» es un cliché paternalista que debe morir.

«La gente siempre ha tenido voz. Los medios solo son un puente, una herramienta para visibilizar, pero nunca para otorgarnos el título de portadores de voz. No somos héroes ni venimos a cambiar el mundo con nuestra foto; solamente somos enlaces.»

Su proceso es un ejercicio de respeto y horizontalidad. No llega a «extraer» la imagen; llega a escuchar. «Fotografío lo que me importa… la foto es una cartografía y un mapa de que siempre con lo que me estoy vinculando tiene que ver conmigo. Es un portal de búsquedas y de revelaciones.»

El archivo como trinchera ante la gentrificación

En un contexto donde la Ciudad de México se transforma a golpe de capital y desplazamiento, La Shenka ve en la fotografía una forma de resistencia civil. Su cámara es un escudo contra la amnesia colectiva.

«Yo elegí ser fotógrafa para primero no olvidar. Ante la incertidumbre que habitamos hoy día… ante movimientos que van a toda velocidad como la gentrificación, el archivo es una forma de salvaguardar nuestra memoria y con ello nuestra identidad. Es defender lo que somos.»

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La Shenka
Fotografía: Carlos Téllez

La música: Cumbia, Reggaetón y soberanía corporal

Si la foto es memoria, la música es soberanía. Para La Shenka, tocar no es solo entretenimiento, es un posicionamiento político sobre el cuerpo, especialmente el cuerpo femenino y periférico que ha sido hiper-vigilado o censurado.

«Nuestro cuerpo también es un territorio y es un territorio que de alguna u otra manera está oprimido por muchas razones… el baile es una forma de tomar el espacio público con nuestra existencia.»

Sobre su labor como DJ en espacios de élite o «centralidad», su consigna es innegociable: no blanquear.

«Mi propósito principal como DJ es no blanquear los sonidos que me gustan. Llegar con mis ritmos sin blanquearlos, de saber que esto es lo que somos, esto es lo que soy… es llevarlos con mucha dignidad.»

El Zócalo: Ocupar el centro con el pulso del barrio

Gracias a su trabajo como DJ, le fue posible presentarse en el corazón de la Ciudad de México durante la celebración del Festival «Luces de invierno» Esto fue para La Shenka, un acto de confrontación y justicia histórica. Pero fiel a su filosofía de que el arte es comunión, se negó a subir sola al escenario.

«Tocar en el Zócalo ha sido una de las cosas más simbólicas que he hecho… es un espacio de lucha histórica, una conexión total con nuestra ancestralidad. Yo no quería llegar sola; ese espacio tan grande merecía ser ocupado por otras voces.»

En lugar de un acto individualista, La Shenka convirtió su set de cumbia y reggaetón en un desplante de poder colectivo, invitando a sus amigos de Iztapalapa Conexion, a cantantes de San Juan de Aragón y Coacalco, y a bailarines que encarnan el ritmo de la calle.

«Llegamos de todas partes para tomar este espacio… eso me habla de la construcción del arte actualmente: deberíamos dejar de ser tan individualistas y empezar a creer que el arte es comunidad y colectividad. Fue darme cuenta de que otras personas se identificaban con ello; al final, ese es el poder del arte: resonar en los otros.»

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La Shenka
Fotografía: Carlos Téllez

Malportadas: Habitar la incomodidad

Su paso por el arte no ha sido sencillo. Reconoce que su existencia e identidad han incomodado a estructuras cerradas, incluso dentro del gremio femenino. Pero de esa incomodidad nació su libertad. Bajo el concepto de «Malportadas», La Shenka construye espacios donde no se necesita aprobación sistémica ni permisos institucionales.

«Siempre he sido esta persona que no ha seguido las reglas o las estructuras… No necesitamos ninguna aprobación sistémica para existir. Malportadas tiene esa idea de que seamos nosotros quienes contemos nuestras historias, sin pedir permiso.»

La Shenka es una sola: la que observa tras la lente y la que controla el ritmo en la torna. Una artista que sabe que el barrio no necesita ser rescatado, sino narrado con la dignidad de quien lo habita, lo camina y, sobre todo, lo baila. Monserrat se debe y se honra a sí misma a través de hacer lo que ama y le apasiona y eso, se traduce en imágenes poderosas que transmiten más allá de lo que a simple vista se mira.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola