El discurso político en los grandes escenarios globales suele tener repercusiones que trascienden la retórica. Durante la última gala de los premios Grammy, la cantante Billie Eilish lanzó una crítica directa a las políticas migratorias de Estados Unidos con la frase: “Nadie es ilegal en tierra robada”.
Si bien el mensaje buscaba visibilizar la situación de los migrantes y cuestionar al Servicio de Inmuebles y Control de Aduanas (ICE), la declaración activó una respuesta inmediata de los verdaderos propietarios ancestrales de la cuenca de Los Ángeles: la tribu Tongva.
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El territorio de Tovaangar frente a la propiedad privada
La nación Gabrieleno Tongva, reconocidos como los «Primeros Angelinos«, confirmó que la propiedad de Eilish, una mansión valorada en aproximadamente 3 millones de dólares ubicada en el sur de California, se asienta sobre territorio ancestral no cedido.
Para los Tongva, el uso del concepto de «tierra robada» por parte de figuras públicas de alto perfil debe ir acompañado de un reconocimiento explícito y contacto directo con las comunidades originarias afectadas.
Aunque la tribu expresó que valoran la intención de dar visibilidad a la historia del país, señalaron una omisión crítica: la falta de comunicación directa.
El portavoz de la tribu subrayó la importancia de que figuras con la influencia de Eilish mencionen específicamente que el Gran Los Ángeles sigue siendo territorio Tongva, permitiendo que el público comprenda la geografía política indígena que subyace a la ciudad moderna.
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La reacción política: El dilema de la renuncia patrimonial
Las declaraciones de Eilish no solo provocaron la reacción de la tribu, sino que encendieron un debate en el espectro político estadounidense.
Figuras conservadoras como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, y el senador Mike Lee, cuestionaron la validez del activismo de la cantante, sugiriendo que, si la premisa de la «tierra robada» es aceptada, la consecuencia lógica debería ser la entrega de sus títulos de propiedad a los nativos americanos.
Este cuestionamiento pone el foco en la responsabilidad financiera de las celebridades. Críticos independientes han señalado que, a pesar de su fortuna estimada en 50 millones de dólares y su discurso de justicia social, no existen registros públicos de donaciones o compensaciones directas de la artista hacia la nación Tongva por el uso y posesión de sus tierras ancestrales.
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Hacia un protocolo de reconocimiento real
El caso de Billie Eilish establece un precedente sobre cómo las celebridades manejan el reconocimiento de tierras (Land Acknowledgement). Para la comunidad indígena, no basta con el uso simbólico del término en discursos de aceptación; se requiere un compromiso que incluya:
- Comunicación Directa: Establecer vínculos con el gobierno tribal del territorio habitado.
- Mención Explícita: Nombrar a las naciones específicas (en este caso, Gabrieleno Tongva) para evitar la generalización del término «nativo americano».
- Reciprocidad: Pasar de la declaración ideológica a acciones de apoyo tangible para la preservación de la cultura y el territorio indígena.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola




