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ESTILO DE VIDA18 agosto, 2026

Borrar un tatuaje: cuánto cuesta y qué implica cambiar de opinión

Borrar un tatuaje: cuánto cuesta y qué implica cambiar de opinión
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Tatuarse toma unas horas; borrarlo puede llevar meses o años y costar miles de pesos. Aunque la eliminación de tatuajes se ha convertido en un negocio cada vez más visible, no todas las personas pueden pagar por cambiar de opinión sobre su propio cuerpo.

Tengo una pequeña mujer diabla tatuada en el brazo derecho. Mide unos cinco o seis centímetros, tiene cuernitos y llegó a mí durante una fiesta, después de unas chelas, cuando mi amiga Elianne y yo descubrimos que estaban haciendo flash tattoos, diseños que ya están preparados para tatuarse. Solo hay que escoger uno, poner el cuerpo y confiar en que el tatuador sepa lo que hace.

Las dos nos fuimos por el mismo. Nos pareció una forma muy nuestra, y bastante cagada, de guardar en la piel esa noche y nuestra amistad.

Durante años no pensé mucho en ese tatuaje. Hasta que un día mi pareja me preguntó por qué había escogido justo esa demonia. Su pregunta me abrió otras.

Desde hace un tiempo estoy clavada con los símbolos y con los significados que les damos. Entonces empecé a verla distinto. ¿Esa mujercita representaba mi lado juguetón e irreverente? ¿De verdad decía algo sobre mí o yo estaba tratando de encontrarle un significado profundo a una decisión tomada después de unas chelas?

Todavía no tengo una respuesta. Tampoco sé si quiero borrarla.

Especialista aplicando tecnología láser sobre la piel de un paciente para la eliminación de un tatuaje
Especialista aplicando tecnología láser sobre la piel de un paciente para la eliminación de un tatuaje

Mientras le daba vueltas, el algoritmo empezó a enseñarme el tema por todos lados. En TikTok me aparecían videos sobre estéticas más conservadoras, como la clean girl, que relacionan la piel sin tatuajes con ideas de limpieza, minimalismo y presentación personal. Otros, desde un lado más espiritual, decían que los tatuajes funcionan como talismanes y que el símbolo termina influyendo en la energía de quien lo lleva.

La aparición repetida de esos contenidos en mi feed no demostraba que quitarse los tatuajes se hubiera convertido en una tendencia general. Sí mostraba la manera en que las plataformas relacionaban la piel tatuada con nuevas ideas sobre orden, identidad y apariencia.

Entre los videos que casi me invitaban a borrarla y los que aseguraban que mi pequeña diabla ya era parte de mí, empecé a preguntarme si estaba cambiando la forma en que miramos los tatuajes.

La curiosidad me llevó hasta una clínica. Quería saber cuántas sesiones necesitaría mi pequeña diabla, cuánto me costaría borrarla y si de verdad estaba dispuesta a hacerlo.

Salí con una cotización de esas que te hacen volver a querer mucho a tu tatuaje, una promoción a meses sin intereses y tantas dudas que terminé convirtiendo la ocurrencia en una investigación.

Para entender el proceso hablé con dos profesionales que realizan procedimientos de eliminación de tatuajes en Ciudad de México. Mar Amaya es fundadora de Ciao Ciao Tattoo y cuenta con una certificación técnica en el uso de tecnología láser. Viviana Marín es médica cirujana y realiza procedimientos de eliminación de tatuajes en Arreis Studios, en Coyoacán.

Primer plano de una especialista aplicando el equipo láser sobre la piel durante una sesión de eliminación de tatuaje
Especialista aplicando el equipo láser sobre la piel durante una sesión de eliminación de tatuaje

¿Cuánto cuesta borrar un tatuaje?

Antes de hablar con ellas, llevé a mi pequeña diabla a una clínica. Me dijeron que borrarla tomaría por lo menos seis sesiones, quizá más.

Cada sesión costaba 3 mil 675 pesos. El paquete completo salía en 22 mil 50 pesos, pero con una promoción quedaba en 13 mil 230, a seis meses sin intereses.

Ahí entendí dos cosas: borrar un tatuaje puede costar bastante más que hacerlo y no ocurre de un día para otro.

En Ciao Ciao Tattoo, Mar me explicó que el precio se calculaba principalmente según el tamaño. Durante el reporteo, una sesión para un tatuaje muy pequeño, de alrededor de 2 × 2 centímetros, costaba 750 pesos; para uno chico, del tamaño de la palma, el precio era de 990 pesos, y para uno mediano, del tamaño de una mano, subía a mil 100.

En el consultorio de Viviana Marín, las sesiones comenzaban en mil 500 pesos.

En los establecimientos consultados para este reportaje, una sesión podía costar desde 750 hasta 3 mil 675 pesos, dependiendo de la clínica, el tamaño del diseño y el tratamiento propuesto. La diferencia demuestra por qué no puede calcularse un precio general a partir de una sola cotización.

Los precios fueron consultados en establecimientos de Ciudad de México durante 2026 y pueden cambiar. Son ejemplos obtenidos durante el reporteo, no un promedio oficial del mercado.

Antes de contratar el servicio, estas son algunas preguntas útiles para una valoración informada:

  • ¿Quién realizará el procedimiento?
  • ¿Qué formación tiene?
  • ¿Qué equipo utilizará?
  • ¿Se hará una valoración previa?
  • ¿Qué seguimiento ofrece?
  • ¿Qué resultados considera posibles?
  • ¿Qué riesgos identifica para esa piel y ese tatuaje?
  • ¿Qué ocurrirá si el tratamiento no produce el resultado esperado?

Ninguna de las fuentes consultadas pudo asegurar cuántas sesiones serían necesarias ni garantizar que el diseño desaparecería por completo. Una revisión mexicana sobre lesiones pigmentadas tratadas con láser Q-switched Nd:YAG registró tratamientos que necesitaron entre una y diez sesiones, mientras que publicaciones dermatológicas en español advierten que la terapia con láser no asegura la desaparición total del pigmento.

Especialista utilizando un equipo láser para tratar un tatuaje en la pierna de un paciente
Manipípula de un equipo láser utilizada en procedimientos dermatológicos para la eliminación de pigmentos

¿Cómo se borra un tatuaje con láser?

Mar utiliza dos clases de equipos: un láser de picosegundos y uno Nd:YAG. A sus máquinas las bautizó Morticia y Merlina.

Morticia fue la primera. Mar eligió ese nombre porque, según dice, al láser “el color que más le gusta es el negro”, uno de los pigmentos que suele responder mejor a determinadas longitudes de onda. Cuando adquirió el segundo equipo, lo llamó Merlina, la hija de Morticia. Así quedó completa la familia.

Mar aprendió a tatuar con su papá, uno de los primeros tatuadores en Sídney, Australia, pero con el tiempo se interesó más por quitar la tinta. Para capacitarse viajó a Estados Unidos y, en febrero de 2023, obtuvo la certificación Certified Laser Specialist de New Look Laser College, la división de formación de Astanza Laser, en Dallas, Texas.

Para ella, no basta con tener una máquina. Usar el láser sin preparación puede causar quemaduras, manchas y cicatrices. Por eso recomienda preguntar quién realizará el procedimiento, dónde se capacitó y qué experiencia tiene con tatuajes y tonos de piel diferentes.

Los láseres utilizados para eliminar tatuajes emiten pulsos dirigidos a determinados pigmentos. La energía actúa sobre la tinta y fragmenta parte de sus partículas.

Un informe del Ministerio de Sanidad de España sobre tatuajes, micropigmentación y perforaciones corporales explica que el láser actúa sobre las moléculas del pigmento para dividirlas en partículas más pequeñas. El organismo participa después en su procesamiento, aunque ese recorrido es más complejo de lo que suele explicar la publicidad.

Los equipos Q-switched —que emiten pulsos breves de alta energía— y los láseres de picosegundos producen pulsos de distinta duración. Ninguna tecnología funciona igual con todos los pigmentos, profundidades y tonos de piel.

Una revisión mexicana sobre tecnologías utilizadas en dermatología señala que los sistemas Q-switched se emplean para tratar pigmentos exógenos, como los tatuajes, y que la elección del equipo depende de la longitud de onda, la profundidad y las características del pigmento.

La tecnología no borra el tatuaje de manera instantánea. Después de fragmentar parte de la tinta, células y mecanismos del organismo participan en el proceso. Por eso nadie sale de una sesión con el diseño completamente desaparecido.

Entre una aplicación y otra deben pasar varias semanas para que la piel se recupere y continúe la respuesta del cuerpo. Mar deja pasar por lo menos cinco semanas, aunque el intervalo cambia según el tatuaje y la reacción de cada persona.

Tableta digital mostrando el registro fotográfico y el avance en el proceso de eliminación de un tatuaje con láser
Tableta digital mostrando el registro fotográfico y el avance en el proceso de eliminación de un tatuaje con láser
Detalle de la piel de una persona con un tatuaje visiblemente desvanecido tras sesiones de eliminación con láser
Detalle de la piel de una persona con un tatuaje visiblemente desvanecido tras sesiones de eliminación con láser

¿Cuántas sesiones se necesitan para borrar un tatuaje?

No existe un número universal.

En su experiencia, Mar calcula que un tatuaje profesional con una cantidad moderada de tinta puede necesitar alrededor de ocho sesiones, pero insiste en que cada cuerpo y cada diseño responden de manera distinta.

El resultado puede depender de:

  • Los colores.
  • La cantidad de tinta.
  • La profundidad.
  • Las capas superpuestas.
  • Las cicatrices.
  • La antigüedad.
  • La zona del cuerpo.
  • El tono de piel.
  • La tecnología utilizada.
  • La respuesta individual.
  • El intervalo entre sesiones.

Mar y Viviana coinciden en que la zona del cuerpo influye. Los tatuajes ubicados en el torso pueden responder de manera distinta a los de manos, pies y otras extremidades.

También pueden influir la salud general, el tabaquismo y los cuidados posteriores.

Viviana utiliza como referencia la escala Kirby-Desai. Esta herramienta considera seis factores: tono de piel, ubicación, colores, cantidad de tinta, cicatrices y capas de pigmento superpuestas.

La escala Kirby-Desai fue propuesta a partir de un estudio con 100 pacientes y mostró una correlación entre la puntuación obtenida y el número de tratamientos requeridos dentro de esa muestra.

Funciona como referencia orientativa. No permite garantizar cuántas sesiones necesitará una persona ni sustituye la valoración individual. Además, fue desarrollada bajo condiciones específicas y no representa todas las tecnologías o protocolos actuales.

Como entre una aplicación y otra deben pasar varias semanas, el proceso completo puede extenderse durante meses o años.

¿Duele borrar un tatuaje?

Sí puede doler.

Mar compara la sensación con “un ligazo caliente”. Sofía Jiménez, una de las personas entrevistadas para este reportaje, la describe como “pequeños mordiscos constantes”.

La intensidad puede cambiar según los parámetros utilizados, la zona tratada, el tamaño y la tolerancia personal.

La aplicación suele durar menos que una sesión de tatuaje. Según Mar, tratar un diseño del tamaño de una palma puede tomar alrededor de cinco minutos.

Efectos que pueden aparecer después de una sesión

  • Enrojecimiento.
  • Inflamación.
  • Dolor.
  • Costras.
  • Ampollas.

Riesgos o complicaciones posibles

  • Infección.
  • Cicatrices.
  • Cambios persistentes de pigmentación.
  • Alteraciones de textura.

Estos efectos no son inevitables. Su frecuencia y gravedad cambian según la piel, la tinta, el equipo, los parámetros, los cuidados y la experiencia de quien realiza el tratamiento.

La literatura dermatológica en español documenta efectos como inflamación, ampollas, alteraciones de pigmentación y cicatrices. Una revisión publicada en Medicina Cutánea Ibero-Latino-Americana reconoce a los láseres Q-switched y de picosegundos entre los recursos empleados para eliminar tatuajes, pero también señala que los resultados dependen de la tinta, la piel y el procedimiento.

Otra publicación mexicana sobre tatuajes cosméticos advierte que el láser no garantiza la eliminación completa del pigmento y que puede producir reacciones inflamatorias y modificaciones en la piel.

ableta digital mostrando el resultado de la eliminación total de un tatuaje en la piel
Tableta digital mostrando el resultado de la eliminación total de un tatuaje en la piel

Qué tatuajes son más difíciles de eliminar

No existe una jerarquía absoluta de colores.

El negro y el azul oscuro suelen responder mejor a determinados sistemas porque absorben ciertas longitudes de onda. El verde, el rojo, el amarillo y los tonos claros pueden necesitar otros equipos o responder de forma menos predecible.

La experiencia publicada por médicos de la Clínica de Imagen Corporal del Hospital Médica Sur explica que la longitud de onda de 1,064 nanómetros del Nd:YAG se utiliza en pigmentos oscuros, mientras que la de 532 nanómetros se emplea en determinados pigmentos rojos.

Una revisión iberoamericana sobre equipos dermatológicos señala que los sistemas Q-switched de pulsos ultracortos se utilizan para tratar pigmentos exógenos, pero la respuesta cambia según la composición de la tinta y el equipo.

Los tonos claros, la tinta blanca y algunos pigmentos cosméticos pueden oscurecerse al recibir energía láser. Por esa razón, Mar evita tratar algunos rosas pastel: considera que la tinta blanca que contienen puede oxidarse y producir una mancha difícil de prever.

Ese es un criterio particular de su práctica, no una regla universal para todos los tonos rosas. La decisión depende de la composición del pigmento y de la evaluación de quien realiza el procedimiento.

Viviana no trabaja con tatuajes cosméticos, como el microblading —una técnica de micropigmentación de cejas—, porque algunos pigmentos pueden cambiar de color u oscurecerse.

Una revisión mexicana sobre micropigmentación periocular explica que los pigmentos utilizados en maquillaje permanente tienen composiciones y profundidades distintas, lo que puede dificultar su tratamiento con láser.

La cantidad y la profundidad también importan. Un tatuaje con pigmento distribuido de manera uniforme puede responder de forma más predecible que uno con tinta depositada a profundidades distintas. Si la distribución es irregular, algunas zonas pueden aclararse mientras otras permanecen visibles.

Los tatuajes con varias capas, cicatrices o grandes cantidades de tinta también pueden requerir más sesiones o producir resultados incompletos.

Eliminación de tatuajes en pieles morenas y oscuras

La melanina también puede absorber parte de la energía del láser. Por eso, en tonos de piel más oscuros deben ajustarse cuidadosamente la longitud de onda, la intensidad y el intervalo entre sesiones.

Existe riesgo de hiperpigmentación, cuando una zona queda más oscura, y de hipopigmentación, cuando pierde color. Esto no significa que el tratamiento sea imposible.

La revisión mexicana Tecnología en dermatología explica que la selección de las longitudes de onda y de los parámetros debe considerar el fototipo y la reacción de la piel. La absorción de energía por la melanina obliga a adaptar el procedimiento para disminuir alteraciones pigmentarias.

La respuesta depende del fototipo, el tatuaje y la tecnología. Por eso conviene preguntar si la persona que realizará el tratamiento tiene experiencia comprobable con diferentes tonos de piel.

Detalle de un tatuaje en proceso de eliminación con láser en la zona del pie
Detalle de un tatuaje en proceso de eliminación con láser en la zona del pie

El cuerpo tarda en procesar la tinta

Hasta ese momento yo seguía imaginando que el láser destruía la tinta y esta simplemente salía del cuerpo. El proceso es más lento y todavía guarda varias preguntas.

Viviana trabaja con un láser Q-switched Nd:YAG que fragmenta determinados pigmentos en partículas más pequeñas.

El organismo participa en el procesamiento de esas partículas, pero el recorrido y el destino de todos los componentes de las tintas todavía no se conocen por completo. Parte del pigmento puede permanecer en la piel o desplazarse hacia tejidos y ganglios linfáticos cercanos.

Una revisión médica en español sobre los riesgos asociados con los tatuajes señala que el pigmento puede migrar hacia ganglios linfáticos regionales. Otra publicación clínica explica que una parte del colorante puede drenar hacia los ganglios mientras otra permanece en células de la dermis.

Ese desplazamiento no ocurre únicamente después del láser. También puede encontrarse en personas tatuadas que nunca intentaron eliminar sus diseños.

No debe describirse como una ruta simple en la que el láser rompe la tinta y después el hígado o los riñones eliminan todos sus componentes. Todavía existen preguntas sobre los productos de degradación y sobre la permanencia de determinadas partículas.

Algunas publicaciones han explorado posibles relaciones entre los pigmentos y ciertos problemas de salud. Sin embargo, la información disponible no permite afirmar que la tinta almacenada en los ganglios cause cáncer.

Contraindicaciones y valoración individual

No cualquier persona puede comenzar el tratamiento en cualquier momento.

En su práctica, Viviana pospone las sesiones durante el embarazo y la lactancia. También espera al menos dos meses después de la realización del tatuaje.

Además, aplaza el procedimiento cuando encuentra infecciones activas, enfermedades no controladas o antecedentes importantes de cicatrices y queloides.

Estas decisiones corresponden a su práctica clínica y no deben convertirse en una lista universal para autodiagnosticarse. La valoración debe considerar el estado de la piel, los antecedentes médicos, el tatuaje, la tinta y la tecnología disponible.

Una señal de alerta es que un establecimiento prometa resultados exactos sin examinar la piel o que proponga sesiones demasiado frecuentes.

Aunque por fuera parezca recuperada, la piel necesita tiempo entre aplicaciones. Acelerar el proceso no garantiza que el tatuaje desaparezca antes y puede aumentar la posibilidad de lesiones o alteraciones en el tono.

“Un tatuaje está hecho para durar toda tu vida”, dice Viviana. “Nuestro trabajo como profesionales no debe ser convencer a nadie de borrárselo, sino brindar información clara, honesta y basada en evidencia para que cada persona pueda decidir con confianza”.

La información de este artículo es periodística y no sustituye una valoración médica individual. La tecnología, la intensidad, los intervalos y los resultados posibles deben definirse después de evaluar la piel, el tatuaje y los antecedentes de cada persona.

Pantalla táctil de control de un equipo láser para la eliminación de tatuajes mostrando parámetros de energía, frecuencia y fluence
Pantalla táctil de control de un equipo láser para la eliminación de tatuajes.

Métodos para borrar tatuajes que son una señal de alerta

La demanda también ha abierto la puerta a establecimientos y productos que prometen soluciones rápidas sin suficiente respaldo.

Mar advierte sobre métodos que describe como “barbáricos”: cauterizar o raspar la piel, aplicar productos químicos o utilizar supuestos imanes para extraer la tinta.

El informe del Ministerio de Sanidad de España sobre tatuajes y micropigmentación menciona que procedimientos como cortar o quemar la piel pueden utilizarse para retirar pigmento, pero identifica el láser como la opción empleada de forma más extendida para fragmentarlo.

Las cremas comercializadas para borrar tatuajes actúan sobre la superficie de la piel y no alcanzan con facilidad el pigmento depositado en la dermis. Pueden producir irritación, descamación o quemaduras sin retirar el tatuaje.

Otros procedimientos destructivos pueden causar heridas, infecciones, cicatrices y cambios permanentes. Incluso cuando aclaran la superficie, no necesariamente eliminan el pigmento.

También son señales de alerta:

  • Prometer una eliminación total o un número exacto de sesiones.
  • Proponer aplicaciones semanales.
  • Comenzar sin preguntar por antecedentes ni valorar la piel.
  • No explicar qué equipo se utilizará ni sus riesgos.
  • No acreditar formación o experiencia.
  • Presionar para comprar un paquete de inmediato.

Aclarar un tatuaje antes de cubrirlo

No todas las personas buscan regresar a una piel sin tinta.

Eso me quedó claro cuando hablé con Sofía Jiménez. Tiene 38 años, varios tatuajes y ninguna intención de abandonar la piel tatuada.

El diseño que decidió tratar era un lobo de entre 15 y 20 centímetros en el brazo, acompañado por un mandala. Se lo había hecho una persona cercana.

El lobo representaba fuerza y resiliencia, pero con los años el realismo perdió definición, el mandala desarrolló una cicatriz hipertrófica y la relación con quien la había tatuado también cambió.

“No diría que me arrepentí”, me dijo. “Fue un tatuaje que dejó de gustarme por cómo evolucionó técnicamente y porque ya no conectaba con él de la misma manera. Tuvo sentido en su momento y simplemente ya había cumplido su ciclo”.

Al principio pensó en hacerse un cover-up, es decir, cubrirlo con otro tatuaje. El problema era la cantidad de tinta negra: para ocultarlo necesitaba una pieza todavía más grande, oscura y cargada.

Por eso decidió aclararlo con láser. No quería recuperar una piel “limpia”, sino reducir el pigmento lo suficiente para poder tatuarse otra cosa encima.

Durante aproximadamente un año se sometió a tres sesiones. Me contó que la primera fue la más difícil: sintió “pequeños mordiscos constantes” y después le aparecieron ampollas.

Todavía no sabe cuál será el siguiente diseño. Le gustaría que tuviera relación con su mamá o con su familia, pero esta vez quiere pensarlo un poco más.

“Más que sentir que eliminé un error, sentí que recuperé la posibilidad de volver a elegir”, me dijo.

Por qué las personas deciden borrarse tatuajes

A la clínica de Mar llegan personas que necesitan quitarse un tatuaje para cumplir determinados requisitos de ingreso al Ejército, la Marina o la Guardia Nacional.

También llegan quienes quieren borrar el nombre de una expareja porque la relación terminó, pero la tinta se quedó.

Las razones son distintas:

  • El diseño dejó de gustar.
  • Envejeció de una forma no esperada.
  • Quedó ligado a una relación.
  • Perdió definición.
  • Existe una cicatriz.
  • Se busca hacer otra pieza.
  • Hay presiones laborales.
  • Existe discriminación.
  • Cambió la relación con el símbolo.
  • La persona quiere recuperar la posibilidad de elegir.

Tatuarnos no siempre es rebeldía y borrarnos tampoco significa que de pronto nos volvimos conservadoras.

Dispositivo láser utilizado para procedimientos dermatológicos de eliminación de tatuajes
Dispositivo láser utilizado para procedimientos dermatológicos de eliminación de tatuajes

El negocio de eliminar tatuajes

Aunque el tatuaje tiene historias diferentes según cada región y cultura, durante buena parte del siglo XX fue asociado en numerosos contextos occidentales con marineros, prisiones y subculturas.

Su expansión entre públicos más amplios transformó esas percepciones, pero no eliminó por completo el estigma. Tampoco existe una historia lineal en la que el tatuaje haya pasado simplemente de la marginalidad a la aceptación: su significado depende del momento, la comunidad, el diseño y la persona que lo lleva.

Junto a la industria que pone tinta ha crecido otra dedicada a quitarla.

De acuerdo con una proyección comercial de Fortune Business Insights, el mercado mundial de eliminación de tatuajes fue valuado en 1.29 mil millones de dólares en 2025. La misma versión del reporte calcula que crecerá de 1.49 mil millones en 2026 a 4.87 mil millones en 2034, con una tasa anual compuesta de 15.98% entre 2026 y 2034.

El informe divide el mercado por procedimiento —tratamientos con láser, cirugía, dermoabrasión y otros— y por usuarios finales, como clínicas, hospitales y otros establecimientos. Sus cifras miden el valor económico estimado del sector: no representan el número exacto de personas que reciben tratamientos ni proceden de un registro oficial de pacientes.

Las proyecciones dependen de la metodología y de lo que cada consultora incluye en su definición de mercado.

IMARC Group calculó 327.5 millones de dólares para 2025 y proyectó 577.8 millones para 2034, con una tasa anual de 6.32%.

La diferencia puede deberse a las regiones, servicios, tecnologías y segmentos incluidos por cada consultora. No significa necesariamente que uno de los dos cálculos sea incorrecto, pero impide combinar sus cifras como si formaran una sola serie histórica.

Lo que sí muestran, a pesar de sus metodologías distintas, es que la eliminación de tatuajes se ha convertido en un sector comercial con expectativas de expansión. No demuestran por sí solas que cada vez más personas se los estén borrando ni permiten calcular cuántos pacientes existen en México.

Por qué las mujeres aparecen como el principal mercado en las proyecciones

Fortune Business Insights proyecta que las mujeres representarían 68.53% del mercado en 2026. El reporte relaciona esta participación con una mayor demanda de modificación o eliminación de tatuajes.

Como respaldo, menciona un dato de la Korean Society for Laser Treatment and Surgery según el cual, en 2020, las mujeres representaron 60% de las personas que acudieron a servicios de eliminación en Corea del Sur.

El dato indica quiénes llegaron a esas clínicas, pero no explica por qué lo hicieron. Tampoco permite trasladar automáticamente las razones de un país a otros mercados.

No sabemos, a partir de esa cifra, si las pacientes buscaban borrar un nombre, modificar un diseño, aclarar la tinta para cubrirla, cumplir una condición laboral o responder a una presión estética.

Asistir a una clínica no equivale automáticamente a arrepentirse.

No todas las personas eligen con la misma libertad

La eliminación de tatuajes también tiene una cara menos estética y más relacionada con la discriminación.

Un estudio publicado en 2022 en Frontiers in Public Health analizó a 278 personas adultas mexicanas tatuadas que recibían atención médica gratuita en Tijuana.

La población estudiada enfrentaba condiciones de vulnerabilidad estructural: 67% tenía antecedentes de deportación desde Estados Unidos, 80% había estado en prisión y más de la mitad había experimentado falta de vivienda recientemente.

El 69% manifestó interés en recibir un servicio gratuito de eliminación de tatuajes. El 43% dijo que no le gustaban o se arrepentía de algunos de sus diseños, y 31% reportó barreras laborales relacionadas con sus tatuajes.

La muestra no representa a todas las personas tatuadas de México ni permite calcular el tamaño del mercado nacional. Sí muestra que la eliminación puede estar relacionada con el trabajo, el estigma y condiciones sociales más amplias.

Para una persona deportada, racializada, que estuvo en prisión o a la que le han cerrado puertas por sus tatuajes, borrarlos puede ayudarle a reducir prejuicios, el acoso de las autoridades o el rechazo en un empleo.

En esos casos, quitárselos no siempre es una decisión del todo libre. A veces es una forma de adaptarse a un entorno que sigue castigando determinadas apariencias.

Esta parte casi no aparece ni en la publicidad de las clínicas ni en muchos análisis de TikTok, donde borrarse un tatuaje se presenta como una segunda oportunidad o una simple decisión estética.

Pero no cualquiera puede hacerlo. Se necesitan miles de pesos, varias sesiones, tiempo para trasladarse y recuperarse, y acceso a una clínica con personal y equipo adecuados.

Mientras para algunas personas borrar un tatuaje es una elección, para otras ni siquiera es una opción. La posibilidad de volver a decidir sobre el cuerpo también depende del dinero y de las condiciones de vida.

Especialista preparando y ajustando el dispositivo láser antes de la sesión de eliminación
Especialista preparando y ajustando el dispositivo láser antes de la sesión de eliminación

Mi pequeña diabla y yo

Para muchas personas de mi generación, tatuarse coincidió con el momento en que la tinta dejó de verse como algo exclusivo de ciertas subculturas y se volvió una forma mucho más común de expresarnos.

A veces era una manera de hacer nuestro un cuerpo vigilado por la familia, la escuela, la religión o los estándares de belleza. Otras, como en mi caso, porque equis, éramos chavas, había unas chelas, una amiga y un flash tattoo que en ese momento nos pareció buena idea.

La cosa es que una cambia más rápido que un tatuaje. A veces deja de gustarte porque ya no te representa. Otras, porque quedó mal hecho, envejeció raro o te recuerda a alguien que ya no quieres tener tan presente.

Tampoco creo que ver distinto un tatuaje con los años signifique automáticamente que maduraste. Borrarlo no te vuelve una persona más evolucionada o iluminada, así como conservarlo tampoco quiere decir que sigues atorada en el pasado.

En esa decisión se mezclan muchas cosas: el gusto, el dolor, el trabajo, la discriminación, la moda y, claro, el dinero para pagar el tratamiento.

Por eso vuelvo a mi pequeña diabla.

Cuando me la tatué no estaba pensando en arquetipos, energías ni símbolos ocultos. Había tomado unas chelas, estaba con una amiga y el diseño me pareció cagado. Ya después llegaron todas las preguntas.

Después de esta búsqueda sigo sin tener del todo claro qué lugar ocupa ese símbolo en mi vida. Pero quizá ya no me importa tanto descubrir qué significa, sino decidir qué quiero hacer con él ahora.

No sé si voy a borrarlo. Tal vez sí, tal vez lo deje ahí o quizá nuestra relación vuelva a cambiar con los años.

Borrarla no cambiaría la noche en que la escogí ni a la Scarlett del pasado que tomó esa decisión. Pero dejarla tampoco significa que tenga que seguir siendo la misma.

Al final, tatuarse y borrarse quizá no sean cosas tan opuestas. Las dos tienen que ver con decidir qué hacemos con nuestro cuerpo y con las historias que llevamos en él.

Redacción

Scarlett Lindero

Scarlett Lindero es periodista de investigación y editora con más de diez años de experiencia en medios y proyectos editoriales. Ha colaborado con Gatopardo, La Cadera de Eva, Newsweek en Español, Aristegui Noticias y El Heraldo de México. Escribe sobre cultura digital, género, derechos humanos, datos, arte, subculturas, tecnología y fenómenos simbólicos de la vida cotidiana.

LinkedIn:Scarlett Lindero

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