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CULTURA17 agosto, 2026

Rick Rubin y la caída del falso gurú: creatividad, tecnología y The Way of Code

Rick Rubin y la caída del falso gurú: creatividad, tecnología y The Way of Code
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En mayo de 2025, Rick Rubin creó en colaboración con Anthropic —la compañía responsable de Claude— The Way of Code, un proyecto web interactivo. Este proyecto adapta la estructura de 81 capítulos del Tao Te Ching a una reflexión sobre inteligencia artificial, creatividad y vibe coding. Además, cada capítulo está acompañado por una pieza digital que el lector puede modificar mediante una conversación con Claude.

El proyecto se presenta como una meditación sobre el arte y la ciencia de programar con inteligencia artificial. También plantea una pregunta más incómoda: ¿qué ocurre cuando una tradición filosófica milenaria se utiliza como interfaz y como parte del discurso promocional de una empresa tecnológica?

Para entender por qué Rubin ocupa esta posición conviene volver a su trayectoria. Como la mayoría de los amantes de la música sabrán, comenzó su carrera durante los años dorados del hip hop. Además, fue responsable de producciones de artistas tan vitales como Beastie Boys y, con el tiempo, brincó a todo tipo de sonidos. Por ejemplo, exploró desde el metal con Slayer y Danzig hasta la vanagloriada vuelta de Johnny Cash en sus últimos años de vida. Incluso le dio la bendición a la etapa en inglés del pop dosmilero de Shakira.

Rick Rubin y su lugar como gurú creativo

Rubin, más allá de ser un productor que ayudaba a sus colaboradores a resolver callejones de composición y problemas técnicos, fungía como mediador entre el mundo de las ideas y la realidad cuantificable. Por eso, esa característica lo hizo un personaje singular dentro de la industria musical.

Con el tiempo, ese oficio de productor se transformó en algo más. A Rubin comenzó a acompañarlo un aura de sabio, de guía espiritual entre el artista y su obra. Una imagen que se consolidó alrededor de su figura y terminó por convertirlo en una autoridad creativa más allá de la música.

El 17 de enero de 2023 publicó The Creative Act: A Way of Being. Este libro mezcla nociones de distintas tradiciones espirituales, sentido común y un tono cercano a la autoayuda para artistas.

El lenguaje del libro también guarda afinidad con discursos sobre intuición, atención, creatividad y liderazgo que circulan en ciertos sectores de la industria tecnológica. Esa cercanía ayuda a explicar que Rubin pudiera pasar de hablar sobre discos y procesos artísticos a presentar una propuesta relacionada directamente con inteligencia artificial.

Portada del libro digital interactivo The Way of Code: The Timeless Art of Vibe Coding, adaptado por Rick Rubin a partir de las enseñanzas de Lao Tzu sobre la codificación basada en inteligencia artificial.

Qué es The Way of Code y qué relación tiene con Anthropic

The Way of Code es un proyecto web interactivo realizado por Rick Rubin en colaboración con Anthropic. Retoma los 81 capítulos asociados con el Tao Te Ching y los reorganiza como una serie de textos breves sobre creación, programación e inteligencia artificial.

Las piezas que acompañan cada capítulo no son únicamente ilustraciones. El visitante puede conversar con Claude y modificar su comportamiento o apariencia mediante instrucciones escritas.

La presentación del proyecto en el podcast de Andreessen Horowitz lo describe como una mezcla de libro, herramienta y manifiesto creativo. Dicho manifiesto está inspirado en el Tao Te Ching para la era del software y la inteligencia artificial.

Poco después, al presentar nuevas funciones para construir aplicaciones interactivas mediante conversaciones con Claude, Anthropic utilizó The Way of Code como ejemplo. Así se mostró una forma de creación donde dialogar con un modelo puede producir piezas digitales modificables.

Qué significa vibe coding

El término vibe coding fue popularizado por el investigador Andrej Karpathy y se refiere a una práctica en la que una persona describe en lenguaje natural lo que quiere construir mientras un modelo generativo produce el código.

En lugar de escribir cada línea manualmente, el usuario da instrucciones, prueba resultados, solicita cambios y decide si la pieza funciona de acuerdo con su intención.

Sin embargo, esto no significa que la experiencia técnica desaparezca. Una investigación de Advait Sarkar e Ian Drosos sobre más de ocho horas de sesiones prolongadas de vibe coding encontró que quienes trabajan de esta manera alternan entre dar instrucciones, revisar rápidamente el código generado, probar la aplicación, corregir errores y decidir cuándo intervenir de forma manual.

El conocimiento técnico se desplaza hacia la evaluación del código, la verificación de resultados, el manejo del contexto que recibe el modelo y la capacidad de reconocer cuándo la respuesta de la inteligencia artificial no es suficiente.

Este matiz es importante porque buena parte del atractivo narrativo del proyecto de Rubin depende de la idea de que una persona sin formación previa puede crear software de una manera comparable con alguien que lleva años programando. La herramienta puede ampliar el acceso, pero eso no significa que elimine las diferencias de experiencia, supervisión y criterio.

La comparación entre el punk y la inteligencia artificial

En una conversación con Marc Andreessen y Ben Horowitz, cofundadores de la firma de capital de riesgo a16z, Rubin cuenta que el proyecto nació casi como una broma: alguien desarrollando una propuesta sobre un fenómeno que apenas comenzaba a conocer.

En esa conversación concibe a la inteligencia artificial como una herramienta artística más, no necesariamente distinta de una guitarra o de una consola de grabación. También compara el vibe coding con el punk.

Según Rubin, el punk permitió que una persona pudiera formar una banda después de aprender apenas unos acordes, sin pasar primero por años de educación musical formal. Desde su lectura, la inteligencia artificial hace algo parecido con el software: permite comenzar a construir antes de completar una formación técnica prolongada.

Esta comparación expresa fenómenos atractivos y sumamente contemporáneos, pero también intrincados. Coloca la profesionalización en segundo término frente a las ideas de alcance, participación y democratización.

El problema es que la comparación pierde parte de su fuerza cuando el punk se reduce solamente a una técnica rudimentaria o al dominio de pocos acordes.

Las primeras escenas punk, la ética DIY y muchos circuitos independientes no se definieron únicamente por sus limitaciones técnicas. También crearon espacios para producir, presentar y distribuir música fuera de determinadas estructuras de la industria discográfica.

Por supuesto, no todo el punk compartió una misma ideología ni permaneció al margen de las grandes disqueras. Pero una parte importante de su historia está relacionada con la creación de comunidades, sellos, fanzines, conciertos y redes de distribución autogestionadas.

El vibe coding, en cambio, depende de los sistemas, servidores y condiciones comerciales de empresas privadas de inteligencia artificial. Sin Claude, sin los servicios de Anthropic y sin el modelo económico que sostiene la plataforma, no existe el “punk rock del software” que describe Rubin.

Desde esta perspectiva, la analogía termina comparando una cultura que, en varias de sus escenas, construyó alternativas frente a ciertas estructuras del mercado con una herramienta cuya operación permanece ligada a una empresa privada.

Qué es el Tao Te Ching

Algo similar ocurre con el uso que el proyecto hace del Tao Te Ching.

De acuerdo con la Stanford Encyclopedia of Philosophy, el texto, también conocido como Daodejing, es una de las obras más influyentes del pensamiento chino y suele traducirse como el “Clásico del Camino y la Virtud”.

Tradicionalmente se atribuye a Laozi, el “viejo maestro”, aunque para parte de la investigación contemporánea se trata de una figura legendaria y tanto la autoría como la composición del libro han sido discutidas durante siglos.

La Internet Encyclopedia of Philosophy también distingue entre Laozi como supuesto filósofo histórico, el nombre del texto y su posterior papel dentro del taoísmo religioso.

Esta distinción importa porque el taoísmo es una tradición filosófica y religiosa mucho más amplia que la selección de frases y nociones que suele circular en Occidente.

El Tao Te Ching organiza buena parte de su reflexión alrededor del dao, el camino o principio que atraviesa las cosas; el de, término asociado con la virtud o la potencia; y el wu wei, una forma de acción que no intenta forzar el curso de los acontecimientos.

Trasladar estas nociones al lenguaje de la programación no es un gesto neutral.

Representación artística tradicional de Lao Tzu (Laozi) sentado en un trono con vestiduras sagradas naranjas y símbolos del Tao, figura central que inspiró a Rick Rubin para su libro The Way of Code.
Lao Tzu (Laozi), autor del milenario Tao Te Ching en la antigua China.

Cuando una tradición espiritual se convierte en producto tecnológico

El historiador de las religiones Russell Kirkland señaló en “The Taoism of the Western Imagination and the Taoism of China”, un texto presentado en la Universidad de Tennessee en 1997, que muchas interpretaciones occidentales reducen el taoísmo a una pequeña selección de conceptos procedentes del Laozi y el Zhuangzi.

Esa selección suele dejar fuera la complejidad histórica, ritual, comunitaria y religiosa del taoísmo chino.

Aunque The Way of Code podría ser un ejercicio auténtico de aprecio por parte de Rubin, su adaptación parece sugerir que el wu wei puede trasladarse sin demasiada fricción a la relación entre una persona y una herramienta generativa.

Esta relación aparece con claridad en el capítulo 2 de The Way of Code. Ahí, la figura del “vibe coder” crea sin laborar de manera visible, permite que las cosas aparezcan, evita reclamar posesión sobre el resultado y deja atrás el trabajo una vez terminado.

Rubin adapta así una reflexión sobre actuar sin imponer la voluntad al curso de las cosas y la convierte en una descripción del proceso creativo asistido por inteligencia artificial: la persona indica una dirección, el sistema produce y el resultado aparece sin que el usuario intervenga directamente en cada una de sus partes.

El salto desde una reflexión sobre no forzar el curso de los acontecimientos hasta una forma de programar mediante Claude se parece al tipo de simplificación que describe Kirkland: una tradición extensa queda reducida a un conjunto de ideas que pueden circular con facilidad dentro de otro contexto.

Ese cruce entre espiritualidad y mercado no es nuevo.

En su ensayo “From Western Marxism to Western Buddhism”, Slavoj Žižek analiza el budismo occidental como un fenómeno cultural que puede funcionar como complemento del capitalismo.

Según Žižek, ciertas prácticas espirituales permiten participar en el ritmo acelerado del mercado mientras se conserva una sensación de distancia interior. No ofrecen necesariamente una alternativa a sus condiciones materiales, sino una manera de tolerarlas.

Esta perspectiva sirve como marco para preguntar si algunas formas contemporáneas de espiritualidad, incluida esta versión del taoísmo, proporcionan una serenidad simbólica frente al capitalismo sin modificar en absoluto sus estructuras.

Aplicar esa idea a The Way of Code es una lectura posible: se acepta el ritmo tecnológico y empresarial, pero se recubre con el lenguaje de la calma, el camino y la creación intuitiva.

Max Weber y la creatividad sin trascendencia

Vale la pena mencionar también a Max Weber. En las últimas páginas de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Weber describe el resultado de un proceso de racionalización. Este proceso terminó por separar la disciplina moderna del trabajo de la justificación religiosa que originalmente la sostenía.

La Stanford Encyclopedia of Philosophy recoge el pasaje que suele traducirse como “especialistas sin espíritu” y “sensualistas sin corazón”. La formulación puede cambiar según la edición y la traducción utilizada.

Weber no explica directamente The Way of Code, por supuesto. Pero su reflexión ayuda a describir el riesgo que me interesa señalar aquí. Se trata de una eficiencia y una fluidez creativa que sobreviven después de separarse de la tradición que alguna vez les dio un sentido trascendente.

En el proyecto de Rubin, una filosofía sobre el camino, la virtud y la acción se convierte en lenguaje. Sirve para hablar de productividad creativa mediante inteligencia artificial.

 Ilustración de estilo realista que muestra al sociólogo Max Weber sosteniendo un libro ante un paisaje industrial, sobre una fila de desarrolladores de software programando código en computadoras.
Max Weber vigilando la línea de producción y la burocracia técnica, es utilizada en el análisis de «The Way of Code» para contrastar la «jaula de hierro» de la hiperracionalización industrial con el enfoque zen y libre propuesto por Rick Rubin para el desarrollo de software actual.

Estrategias Oblicuas, Water Yam y creación mediante instrucciones

El proyecto de Rubin tampoco es el primero que cruza azar, instrucciones, filosofía o teoría de sistemas con la creación artística.

Las Estrategias Oblicuas, desarrolladas por Brian Eno y Peter Schmidt y publicadas por primera vez en 1975, son un mazo de tarjetas con instrucciones breves creadas para romper bloqueos durante un proceso artístico. Además, un perfil de Brian Eno publicado por The New Yorker explica que las tarjetas surgieron de métodos que ambos utilizaban para encontrar salidas laterales. Ellos recurrían a esto cuando una obra parecía estancada.

Por su parte, Water Yam, publicado en 1963 y desarrollado por George Brecht con George Maciunas, reunió tarjetas con “event scores”. Estas tarjetas contenían instrucciones mínimas que podían ejecutarse como acciones, interpretaciones o acontecimientos artísticos.

El Getty Research Institute lo describe como una antología en caja de las partituras de eventos que Brecht había compuesto hasta ese momento.

Ambos antecedentes exploraron la posibilidad de crear mediante restricciones, azar, instrucciones abiertas e interpretación. Lo hicieron mucho antes de que existiera un modelo de lenguaje capaz de conversar.

La diferencia, desde mi perspectiva, no está precisamente en la intención espiritual, sino en las condiciones materiales que permiten acceder a cada propuesta.

En su formato original, las Estrategias Oblicuas funcionan como un mazo físico. Se puede utilizar sin conexión, sin suscripción y sin depender permanentemente de los servicios de una empresa tecnológica. En cambio, The Way of Code solo puede modificarse mediante las herramientas y sistemas de una compañía privada.

La comparación no vuelve inocentes a las cartas ni convierte toda práctica física en un acto ajeno al mercado. Sin embargo, sí permite distinguir entre un objeto que puede circular y seguir funcionando por sí mismo. De igual manera, permite reconocer una experiencia cuya operación depende de servidores, modelos y condiciones empresariales.

Música, autoridad cultural e inteligencia artificial

La música es una herramienta muy potente para configurar la identidad porque se manifiesta emocionalmente y resulta difícil separarla de quienes la producen.

Esta relación puede obstaculizar el análisis del discurso. La admiración hacia una obra o una trayectoria se traslada con facilidad hacia las opiniones, productos y decisiones de la persona que admiramos.

Por eso, quienes participan en empresas creativas ocupan un lugar privilegiado dentro del imaginario popular. No solo producen objetos culturales; también adquieren autoridad para hablar sobre inspiración, trabajo, espiritualidad y formas de vida.

Los modelos de lenguaje cumplen funciones que pueden ser útiles desde múltiples perspectivas. El problema no está en negar esa utilidad. Al contrario, está en examinar lo que ocurre cuando las herramientas tecnológicas se unen con ideas espirituales y se presentan como una misma respuesta a la creatividad.

No podemos separar por completo lo creativo de sus condiciones económicas. Tampoco podemos tratar como neutral la decisión de utilizar una tradición filosófica para proporcionar profundidad cultural a una plataforma privada.

Campaña publicitaria oficial de las gafas Meta Glasses de Kylie Jenner, mostrando a la empresaria posando con lentes ovalados negros junto a globos de texto de una conversación interactiva con el asistente de inteligencia artificial Meta AI.
Meta Starfire Kylie Edition. En «The Way of Code», sirve como contraste directo frente a la postura artística, orgánica y casi mística que defiende Rick Rubin al concebir la programación asistida por inteligencia artificial como el nuevo «punk rock» de la creación de software.

¿La inteligencia artificial democratiza la creatividad?

¿Es Rick Rubin, entonces, un falso gurú?

El problema que encuentro no es tanto su sinceridad personal. Más bien, es la posición que ocupa: la de alguien capaz de prestarle a un producto comercial el prestigio de una tradición espiritual milenaria. El producto, además, no tiene que rendir cuentas por esa herencia.

Ese fenómeno me parece más importante que Rubin como individuo.

¿Qué ocurre cuando una filosofía de casi tres mil años se adapta a la interfaz de una empresa de inteligencia artificial? ¿Dónde termina la divulgación honesta y comienza la simplificación que le conviene a una marca?

¿El vibe coding democratiza de verdad la creación o solo desplaza la dependencia técnica hacia una dependencia todavía mayor de plataformas privadas?

Y quizá la pregunta más importante: ¿qué cambia en nuestra idea de la creatividad? Esto sucede cuando quien crea también funciona, al mismo tiempo, como marca, gurú y promotor de las herramientas que utiliza.

Por el momento no hay una respuesta concreta y absoluta para esas preguntas. Solo el tiempo y las interacciones con estas herramientas darán un poco más de certeza.

Pero mientras la industria tecnológica siga necesitando figuras capaces de traducir sus productos al lenguaje de lo sagrado, seguirá habiendo Rick Rubins dispuestos a hacer esa traducción.

Y seguirá siendo trabajo de quienes amamos la música señalar dónde comienza el producto y dónde termina la sabiduría que dice representar.

Redacción

Arturo Uriza

Arturo Uriza es locutor y periodista especializado en música e industrias culturales. Desde hace casi 20 años investiga y escribe sobre escenas, movimientos y fenómenos sonoros. Fue conductor de Wild Brunch y AlterEXA, y actualmente forma parte del podcast De Mono A Estéreo.

Instagram:Arturo Uriza

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