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CULTURA14 julio, 2026

Voto femenino en México: la historia de cómo las mujeres consiguieron este derecho

Voto femenino en México: la historia de cómo las mujeres consiguieron este derecho
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Publicado originalmente el 8 de junio de 2021. Actualizado el 14 de julio de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.


El voto femenino en México fue reconocido a nivel constitucional el 17 de octubre de 1953. Esto ocurrió después de varias décadas de organización política, publicaciones, congresos feministas y propuestas legislativas. Sin embargo, las mexicanas tuvieron que esperar hasta las elecciones del 3 de julio de 1955 para votar por primera vez en unos comicios federales.

El reconocimiento no fue una concesión aislada del gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. Por el contrario, fue el resultado de las demandas sostenidas por mujeres como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Rosa Torre González, Beatriz Peniche y miles de trabajadoras, maestras, periodistas y militantes. Ellas reclamaron ciudadanía y participación política desde finales del siglo XIX.

¿Cuándo se aprobó el voto femenino en México?

El 17 de octubre de 1953 se publicó la reforma al artículo 34 de la Constitución mexicana que reconoció como ciudadanos de la República tanto a los hombres como a las mujeres. Con este cambio, las mexicanas obtuvieron el derecho constitucional de votar y ser elegidas para cargos públicos federales.

La historiadora Ana Lau Jaiven explica en su estudio El sufragio femenino y la Constitución de 1917 que el reconocimiento llegó después de una larga discusión sobre el significado de la ciudadanía y el lugar que las mujeres debían ocupar en la vida pública. Sin embargo, México aprobó este derecho más tarde que países como Nueva Zelanda, que permitió votar a las mujeres en 1893.

La reforma de 1953 tampoco significó que las mujeres votaran inmediatamente. La primera elección federal en la que pudieron ejercer ese derecho se celebró casi dos años después.

La primera vez que las mujeres votaron en México

El 3 de julio de 1955, las mexicanas acudieron por primera vez a las urnas en una elección federal. En esos comicios eligieron a las personas que integrarían la XLIII Legislatura de la Cámara de Diputados.

Cuatro mujeres ganaron una diputación federal: Albertina Ezeta Uribe, por el Estado de México; Margarita García Flores, por Nuevo León; Guadalupe Urzúa Flores, por Jalisco, y Marcelina Galindo Arce, por Chiapas. Su llegada a la Cámara mostró el alcance del cambio constitucional. No obstante, las mujeres continuaban siendo una minoría frente a los 162 lugares que entonces componían ese órgano legislativo.

Un año antes, en 1954, Aurora Jiménez de Palacios se había convertido en la primera diputada federal de México. Llegó al Congreso durante la XLII Legislatura como representante de Baja California. Esto ocurrió después de una elección extraordinaria. La cronología del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México la reconoce como la primera mujer que ocupó un asiento en la Cámara de Diputados.

Fotografía histórica en blanco y negro de una mujer mexicana con rebozo introduciendo su boleta en una urna electoral de madera durante las elecciones del 3 de julio de 1955 en México.
Jornada electoral del 3 de julio de 1955: Ciudadanas mexicanas ejercen por primera vez su derecho al voto federal, consolidando la reforma constitucional de 1953 que reconoció la igualdad de derechos políticos de las mujeres en México.

El voto municipal de 1947: un avance limitado

Antes de obtener derechos políticos federales, las mexicanas consiguieron participar en elecciones municipales. El 12 de febrero de 1947 se publicó una reforma al artículo 115 constitucional que estableció que las mujeres podían votar y ser elegidas en los comicios de los ayuntamientos en igualdad de condiciones que los hombres.

Este cambio ocurrió durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés. Sin embargo, todavía dejaba fuera las elecciones presidenciales, legislativas federales y otros procesos nacionales. El estudio académico Género y ciudadanía en México. La primera participación de las mujeres en una elección federal señala que el voto municipal de 1947 fue un antecedente importante. Sin embargo, la ciudadanía política plena no fue reconocida hasta 1953.

Algunos estados habían avanzado antes que la legislación federal. Yucatán reconoció la participación política de las mujeres durante la década de 1920, mientras que San Luis Potosí y Chiapas también aprobaron disposiciones locales en distintos momentos. Sin embargo, estos avances no siempre fueron permanentes y dependían de las decisiones de cada gobierno estatal.

Yucatán y los primeros congresos feministas

Yucatán tuvo un papel central en la historia del voto femenino en México. En enero de 1916 se celebró en Mérida el Primer Congreso Feminista de Yucatán, convocado durante el gobierno de Salvador Alvarado. En las reuniones se discutieron la educación de las mujeres, su independencia económica, su participación pública y sus derechos políticos.

Aunque las asistentes no compartían una sola postura sobre el sufragio, el congreso permitió que las demandas femeninas se discutieran abiertamente. Además, la investigación El Primer Congreso Feminista de Yucatán de 1916 explica que aquellas discusiones formaron parte del proceso que, décadas después, llevó al reconocimiento de la ciudadanía de las mexicanas.

En 1922, Rosa Torre González fue elegida regidora del Ayuntamiento de Mérida. Un año después, Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib Cicero llegaron al Congreso de Yucatán como diputadas locales. Fueron algunas de las primeras mujeres mexicanas elegidas para ocupar cargos públicos.

Fotografía histórica en blanco y negro que muestra la asistencia masiva de más de 600 mujeres, en su mayoría maestras, sentadas en las butacas y palcos del Teatro Peón Contreras durante el Primer Congreso Feminista de Yucatán en enero de 1916.
Primer Congreso Feminista de México, celebrado del 13 al 16 de enero de 1916 en el Teatro Peón Contreras de Mérida, Yucatán.

Hermila Galindo y la Constitución de 1917

Hermila Galindo fue otra figura clave en la lucha por los derechos políticos de las mujeres. Como periodista y colaboradora del gobierno constitucionalista, defendió la educación sexual, la igualdad jurídica y la participación femenina en los asuntos públicos.

En 1917 presentó su candidatura para diputada por el quinto distrito electoral de la Ciudad de México, pese a que las autoridades no reconocían plenamente el derecho de las mujeres a ser elegidas. Sin embargo, su participación puso en evidencia una contradicción: la Constitución utilizaba una redacción masculina para definir a la ciudadanía, pero no incluía una prohibición expresa contra las mujeres.

El debate constitucional de esos años mostró que muchas autoridades consideraban que las mexicanas no estaban preparadas para intervenir en política. Además, Ana Lau Jaiven ha documentado que también existieron mujeres con posiciones distintas sobre el sufragio: algunas exigían el voto inmediato y otras consideraban necesario ampliar primero la educación femenina.

Elvia Carrillo Puerto, “la Monja Roja del Mayab”

Elvia Carrillo Puerto fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino mexicano. Nació en Motul, Yucatán, en 1881, y participó en organizaciones campesinas y feministas. Su trabajo político se concentró en los derechos de las mujeres trabajadoras, la educación, el control de la maternidad y el acceso a cargos públicos.

Fue elegida diputada local en Yucatán en 1923 junto con Beatriz Peniche y Raquel Dzib Cicero. Después del asesinato de su hermano Felipe Carrillo Puerto y del cambio político en el estado, enfrentó hostigamiento y tuvo que abandonar temporalmente Yucatán.

El expediente biográfico del INEHRM dedicado a Elvia Carrillo Puerto señala que continuó defendiendo el sufragio desde la Ciudad de México. Además, participó en la celebración pública realizada frente a la Cámara de Diputados tras la reforma de 1953.

El sobrenombre de “Monja Roja del Mayab” hacía referencia tanto a su disciplina política como a su participación en el socialismo yucateco. Su trayectoria permite entender que el voto femenino no surgió únicamente de las decisiones tomadas en la capital del país. Más bien, también surgió de movimientos regionales con años de trabajo previo.

Fotografía histórica en blanco y negro de una manifestación sufragista mexicana en los años 1930; un grupo de mujeres encabeza la marcha sosteniendo estandartes y pancartas que exigen la igualdad de derechos y la democracia mundial.
Manifestación por el sufragio femenino en la Ciudad de México liderada por organizaciones de mujeres inspiradas en el legado de Hermila Galindo y Elvia Carrillo Puerto.

Las publicaciones de mujeres antes del sufragio

La organización política estuvo acompañada por periódicos y revistas escritos y dirigidos por mujeres. Entre ellos se encontraba Violetas del Anáhuac, publicación que circuló entre 1887 y 1889 bajo la dirección de Laureana Wright de Kleinhans.

La revista abordó temas como la educación femenina, la capacidad intelectual de las mujeres, el trabajo y su participación en la sociedad. Estas publicaciones ayudaron a cuestionar la idea de que la vida femenina debía limitarse al hogar y abrieron espacios para discutir derechos que todavía no estaban reconocidos.

En Yucatán también fue importante La Siempreviva, fundada en 1870 por Rita Cetina Gutiérrez. Además de publicar textos escritos por mujeres, el proyecto impulsó una escuela para niñas y contribuyó a la formación de generaciones posteriores de maestras y activistas. El INEHRM analiza esta relación entre educación, prensa y participación pública en el estudio Rita Cetina, La Siempreviva y el Instituto Literario de Niñas.

La iniciativa de Lázaro Cárdenas que no entró en vigor

En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas envió al Congreso una iniciativa para reformar el artículo 34 constitucional y reconocer los derechos políticos de las mujeres. La propuesta fue aprobada por ambas cámaras y recibió el respaldo necesario de las legislaturas estatales.

Sin embargo, la reforma no terminó de publicarse y, por lo tanto, no entró en vigor. La historiadora Ana Lau Jaiven señala que el procedimiento quedó inconcluso pese a que se habían cubierto buena parte de los requisitos legislativos.

Algunas investigaciones han relacionado esta falta de publicación con el temor de sectores gubernamentales a que las mujeres votaran bajo la influencia de la Iglesia católica y apoyaran opciones conservadoras. El artículo académico El presidente Cárdenas y el sufragio femenino muestra que durante ese periodo las organizaciones feministas, sindicales y políticas aumentaron la presión para terminar con la exclusión electoral.

La frase atribuida a Cárdenas —“En México el hombre y la mujer adolecen paralelamente de la misma deficiencia de preparación, de educación y de cultura”— respondía al argumento de quienes sostenían que las mujeres no debían votar por falta de formación política. El planteamiento señalaba que esa supuesta carencia no era exclusiva de ellas.

Fotografía histórica en blanco y negro del presidente Lázaro Cárdenas del Río posando en exteriores junto a un numeroso grupo de mujeres jóvenes con vestidos claros y flores en el cabello durante su mandato presidencial.
Presidente Lázaro Cárdenas del Río, posando junto a un numeroso grupo de mujeres jóvenes con vestidos claros y flores en el cabello durante su mandato presidencial.

La concentración de 20 mil mujeres en 1952

El 6 de abril de 1952, más de 20 mil mujeres se reunieron en el Parque Deportivo 18 de Marzo de la Ciudad de México. Durante el acto exigieron al entonces candidato presidencial Adolfo Ruiz Cortines que se comprometiera a reconocer en la Constitución el derecho de las mujeres a votar y ser elegidas.

Ruiz Cortines hizo pública esa promesa durante la campaña. Después de asumir la Presidencia, envió la iniciativa que culminó con la reforma constitucional de 1953. El Archivo General de la Nación conserva documentos sobre aquella Asamblea Nacional Femenil y la participación de organizaciones procedentes de distintas regiones del país.

La concentración fue un momento importante, pero el sufragio no comenzó ahí. Las asistentes formaban parte de movimientos y redes políticas que llevaban décadas reclamando el reconocimiento de sus derechos.

Griselda Álvarez, la primera gobernadora de México

El acceso al voto no produjo una representación igualitaria inmediata. Tuvieron que pasar 24 años desde la reforma constitucional para que una mujer encabezara el gobierno de un estado.

En 1979, Griselda Álvarez Ponce de León asumió la gubernatura de Colima y se convirtió en la primera gobernadora de México. Su llegada mostró un avance en la participación femenina, pero también evidenció la lentitud con la que las mujeres accedieron a los cargos de mayor responsabilidad política.

Desde entonces, distintas reformas electorales han establecido mecanismos para aumentar su presencia en candidaturas, congresos y gobiernos. Sin embargo, el derecho a votar y ser elegidas también exige condiciones para participar sin discriminación, amenazas ni violencia política.

Griselda Álvarez Ponce de León, escritora y política mexicana que hizo historia al convertirse en la primera gobernadora de México (estado de Colima, periodo 1979-1985).

¿Por qué sigue siendo importante el voto femenino en México?

La reforma de 1953 convirtió a las mujeres en ciudadanas con derechos políticos reconocidos por la Constitución. No obstante, la historia del sufragio muestra que una modificación legal no elimina por sí sola las barreras para participar en la vida pública.

Las mexicanas pasaron de no tener reconocimiento federal a ocupar diputaciones, senadurías, gubernaturas y otros cargos de elección popular. Ese proceso fue posible por el trabajo de mujeres de diferentes regiones, clases sociales y corrientes políticas.

El 17 de octubre se conmemora el reconocimiento constitucional del voto femenino en México, mientras que el 3 de julio marca la primera elección federal en la que las mexicanas acudieron a las urnas. Las dos fechas permiten comprender que obtener un derecho en la ley y ejercerlo en la práctica son momentos distintos de una misma historia.

Redacción

Cinthia Flores

Fotógrafa, Reportera y Redactora cultural en Yaconic. Licenciada en Artes Visuales (UNAM), mi columna se especializa en la estética gótica, la arquitectura alternativa y el diseño de moda dark. Con una perspectiva forjada en medios como Infobae y PÓLVORA rock, utilizo mi lente y mi pluma para analizar el significado, la historia y la materialización de las subculturas visuales. Si buscas una inmersión profunda en la cultura oscura desde una mirada crítica y documentada, este es tu espacio.

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