Dicen que si no conocemos nuestra historia estamos condenados a repetirla pero, ¿qué historia conocemos? Por fortuna, mientras exista la humanidad la historia seguirá escribiéndose y re-escribiéndose. Y en esas nuevas escrituras hoy queremos compartir los nombres de algunas mujeres artistas que en su tiempo, no fueron historia para aquellos que se supone, eran los responsables de registrar los hechos.

Clara Peeters, pintora flamenca barroca, se dio cuenta que el Museo del Prado, considerado uno de los más importantes del mundo para la pintura europea, especialmente del siglo XVI al XIX, ubicado en Madrid, España. En 200 años solo había dedicado una exposición exclusiva a una mujer artista.

No tan solo, la pinacoteca nacional cuenta con más de 5.000 obras de hombres, en contraste, hay 53 obras de mujeres. De las 8.000 pinturas catalogadas (expuestas y en los almacenes), tan solo cuatro son de artistas mujeres y en exhibición.

Posible autorretrato de Clara Peeters (1590-1621).

Según Manuel Jesús Roldán, quien se ha dedicado a recuperar a las artistas olvidadas por la “tradición androcéntrica del arte”. En su obra: Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte (Almuzara) “recopila ‘anécdotas’ artísticas como aquellas obras cumbres del arte que en su momento fueron rechazadas y censuradas, los primeros selfis hechos al óleo, las facetas más escabrosas de algunos creadores y, sobre todo, recupera el nombre y la historia de varias de las artistas más importantes pero aún así olvidadas”.

Te preguntarás a qué se debe que las hayan ocultado así. Roldán explica que las mujeres que no aparecen en los libros de arte o que no suenan en el imaginario colectivo, tiene que ver con el concepto de “Historia del Arte” proveniente del siglo XIX,

“centuria en la que se vetó especialmente la independencia creadora de la mujer por la moral burguesa reinante, relegó al género femenino a una condición hogareña casi exclusiva, marcando un canon casi exclusivamente masculino en las primeras publicaciones dedicadas al Arte”.

Entre otras razones, la manera en la que se consolidaron los museos europeos y los pensamientos de los grandes hombres de renombre como Renoir: “la mujer artista es sencillamente ridícula”. Legitimaron y estandarizaron formas de ver y concebir el arte que llega incluso hasta nuestros días.

Hay mucho que señalar al respecto, pero por ahora vamos apuntando la lista de las 14 artistas que recupera Roldán.

Ende, considerada la primera pintora de la historia. Copista encargada de iluminar códices en el siglo X. Firmó como:

“Ende pintrix et Dei aiutrix” (Ende, pintora y sierva de Dios) el manuscrito del “Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana”.

Hildegarda de Bingen, monja benedictina pionera en el campo de la música, la literatura y la pintura, fue silenciada en su propia época.

Sofonisba Anguissola la única mujer, pintora renacentista, cuyas obras se pueden ver en las colecciones del Prado. Miguel Ángel alabó su obra, Giorgo Vasari la incluyó en su diccionario con 133 biografías de artistas (todos hombres menos la escultora Properzia de Rossi y su mención). Se hizo famosa en Italia y Van Dyck la retrató, fue pintora de la Corte de Felipe II (un retrato suyo del monarca está en el Prado).

Pero como era mujer no podía firmar sus obras, por lo que muchas fueron atribuidas a hombres. La partida de ajedrez es uno de los pocos cuadros que tiene su rúbrica, otras como La dama del armiño siguen generando debate sobre si es obra de su mano o de la del Greco.

Partita a Scacchi (Partida de ajedrez). Óleo sobre tela, 72 x 97 cm. Museo Narodowe, Poznan, Polonia.

Lavinia Fontana de Italia del siglo XVI. Cotizada retratista que se convirtió en pintora oficial de la Corte del Papa Clemente VIII. Trabajó para el Palacio Real de Madrid. Probablemente la pintora más exitosa del renacimiento y el barroco por ser pionera en cuadros de desnudos de hombres y mujeres (en la época los estudios de anatomía estaban vetados para las mujeres) y en la conciliación: ella sustentaba la economía familiar con sus pinturas mientras su marido se ocupaba de la casa y sus 11 hijos.

Retrato de Bianca Degli Utili Maselli con sus hijos, Lavinia Fontana, 1604.

Judith Leyster, artista holandesa del XVII. Hija de un cervecero, la pintura apareció como un oficio necesario para sobrellevar la escasez económica de la familia. Influenciada por Rembrandt, Vermeer, Frans Hals, su maestro, y la pintura caravaggista. Dejó el arte cuando se casó, así que hay una cincuentena de obras conservadas, pero hoy “sigue observándonos directamente a los ojos desde la Galería Nacional de Arte de Washington mientras pinta a un violinista”.

Artemisia Gentileschi pintora del barroco, primera mujer admitida en la selecta Academia del Disegno florentina, donde consiguió el mecenazgo de los Medici. La Galería de los Uffizi muestra una de sus obras, de clara influencia caravaggista, más reconocidas: Judith decapitando a Holofernes. Cabe resaltar que en dicha obra, “ella se representó en los rasgos de Judith y se vengaba de su preceptor artístico y agresor sexual, Agostino Tassi, retratándole como Holofernes”.

No conforme llevó a Tassi, a juicio por violación, él fue desterrado pero ella sufrió torturas y un humillante examen ginecológico para demostrar su inocencia. Por ello, es para muchos, la primera pintora feminista de la historia y Roma le ha dedicado una gran exposición.

Jael y Sisara (1620). Jael (autorretrato de Artemisia) era una heroína judía que mató al general cananita Sisara (siempre el rostro de Tassi).

Luisa Roldán, sevillana hija del mejor escultor de la segunda mitad del siglo XVII. Conocida como La Roldana. «Dominó la talla de madera y barro, fue escultora de cámara de Carlos II y Felipe V y suyas son tallas como Entierro de Cristo, que se exhibe en el Met de Nueva York, o el gran San Miguel Arcángel del Escorial». A pesar de esto, pasó muchas dificultades económicas y también cayó en el olvido después de morir.

Angélica Kauffmann, la mujer que pusó rostro a Goethe o Reynolds. Pintora suiza neoclásica que alcanzó una gran fama en el siglo XVIII al igual que la francesa Marie Loise Elisabeth Vigée Lebrun, una de las retratistas más cotizadas de la época.

Roldán dice que “No aparecerá en los libros de Historia del Arte pero sí en los de Historia Universal: retrató a toda una corte de personajes cuyas cabezas acabarían cortadas en la guillotina de la Revolución Francesa”. Pintó, por ejemplo, a Lord Byaron o a María Antonieta hasta en 35 ocasiones. El primer retrato se lo hizo con solo 23 años.

Retrato de una mujer como una Vestal – Kauffmann, Angelica | Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (1930.129).

Berthe Morisot, Mary Cassat y Marie Bracquemond. Mujeres de primer nivel del siglo XIX que formaron parte del Impresionismo, al igual que la escultora Camille Claudel. No por ser de las vanguardias del siglo XX recibieron un mejor trato. «Aunque Frida Khalo, Georgia O’Keefe, Berthe Moristot, Sonia Delaunay (de la que se puede ver actualmente una exposición en el Museo Thyssen de Madrid) o Tamara de Lempicka son más conocidas, en el ostracismo han quedado nombres. Numerosos nombres como los de Sophie Taeuber Arp, Lenora Carrington, Lee Krasner, un auténtico referente del expresionismo abstracto siempre a la sombra de Pollock, su marido. O Florine Stettheimer, la mujer que hizo el primer autorretrato desnuda de la historia del arte.

Maruja Mallo no puede faltar entre las mujeres pioneras y a rescatar de la Historia del Arte. Española desterrada de los libros y una de las grandes surrealistas. El propio Dalí la calificó como “mitad ángel, mitad marisco”, además mujer comprometida políticamente con la difusión del arte. Formó parte de la Generación del 27 y colaboró con las Misiones Pedagógicas republicanas, tuvo que exiliarse a EEUU y Argentina durante la Guerra Civil y la dictadura española. Según Roldán:

“Es una de las creadoras de las que quizá se conozca más su anecdotario (su rebelión contra el uso del sombrero, sus provocaciones anticlericales o el empleo de pantalones prestados, ‘soy la primera travesti’, para acceder a un edificio religioso) que su propia obra”.

El cuadro Sorpresa del trigo, de 1936.

Y María Zambrano complementa, cometió:

uno de los errores más destructivos e imperdonables: ser libre

El mismo que todas estas mujeres, incluyendo las de ahora, con su trabajo, esfuerzo y talento, continúan desmintiendo esas palabras de Bocaccio que decían que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres.


Fuente: El Confidencial


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