Pauline Boty: El rescate de un icono femenino en el pop art
Arte

Pauline Boty: El rescate de un icono femenino en el pop art

Nacida en 1938, Pauline Boty se formó en el Royal College of Art, donde su presencia fue tan disruptiva como su talento. En un entorno dominado por figuras masculinas como Peter Blake o David Hockney, ella logró posicionarse como una líder de opinión y una creadora de vanguardia.

Sin embargo, la prensa de la época a menudo intentó reducirla a su apariencia física, etiquetándola como la «Marilyn Monroe de Wimbledon«. A pesar de este reduccionismo, Pauline Boty utilizó esa misma hipervisibilidad para infiltrarse en los medios masivos —actuando en televisión y locutando en radio— para difundir una estética que celebraba el deseo femenino y la iconografía popular desde una mirada radicalmente distinta a la de sus colegas varones.

Características del arte feminista: representación y empoderamiento
Pauline Boty

El deseo femenino y la crítica social en la obra de Pauline Boty

A diferencia de los artistas pop estadounidenses que a menudo retrataban a la mujer como un objeto de consumo, Pauline Boty invirtió la narrativa. En sus lienzos, figuras como Jean-Paul Belmondo o Elvis Presley eran representadas como objetos de la admiración y el placer de las mujeres.

Su obra maestra, It’s a Man’s World, es quizás el testimonio más potente de su genio; en ella, Pauline Boty yuxtapone iconos de la masculinidad hegemónica con una sensibilidad crítica que cuestionaba el papel de la mujer en una sociedad que la marginaba del poder político y artístico.

Esta capacidad para fusionar el glamour con la mordacidad política convirtió a Pauline Boty en una cronista única de la Guerra Fría y de las tensiones sociales de su tiempo.

10 grandes mujeres del arte feminista contemporáneo
Pauline Boty

Tragedia, olvido y el renacimiento de Pauline Boty

El impacto de Pauline Boty se vio truncado de forma devastadora en 1966. A los 28 años, en la cúspide de su carrera y durante su primer embarazo, le fue diagnosticado un cáncer terminal.

En un acto de sacrificio personal, rechazó el tratamiento de radioterapia para proteger la vida de su hija, lo que aceleró su fallecimiento apenas unos meses después del parto. Tras su muerte, el nombre de Pauline Boty se desvaneció de los libros de texto y sus pinturas fueron almacenadas en un granero, donde permanecieron ocultas por casi treinta años.

No fue hasta la década de los 90 que investigadores y curadores rescataron sus lienzos del polvo, revelando que el Pop Art no era solo una celebración del consumo, sino que, gracias a Pauline Boty, también había sido un espacio de resistencia feminista.

Antropología feminista: una herramienta imprescindible para romper estereotipos

Su legado imprescindible en la actualidad

Hoy en día, la autoridad temática de Pauline Boty es indiscutible para cualquier análisis profundo sobre el arte del siglo XX. Su redescubrimiento ha obligado a las instituciones a reescribir la historia del arte moderno, integrando su visión interdisciplinaria que abarcaba la pintura, el collage y la actuación.

La figura de Pauline Boty resuena con especial fuerza en las nuevas generaciones de artistas y activistas que ven en su vida y obra un ejemplo de integridad y valentía estética. Al final, la persistencia del arte de Pauline Boty demuestra que, aunque una artista pueda ser silenciada por el tiempo o la tragedia, la potencia de su mensaje termina por encontrar el camino de regreso al centro de la conversación cultural global.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola