Berlín-México: el punk de los 80 no sólo fue moda y música

¿Qué tipo de anarquismo existía en Alemania y México entre 1970 y 1989? ¿Cómo fue el encuentro punk con las okupaciones, las luchas por la vivienda, la autogestión, las crestas, las botas obreras y el ruido caótico? La relación entre la escena alemana y la mexicana se explica también a través de movimientos urbanos, publicaciones independientes, luchas antinucleares, experiencias autogestivas, además de bandas, discos e influencias musicales.
A ese entrecruzamiento lo llamo Sponks (neologismo de Sponti y punk). Los Spontis —de spontan, espontáneo— fueron activistas políticos de la Alemania de los años setenta que rechazaban las formas tradicionales de organización y privilegiaban intervenciones creativas en la vida cotidiana, con elementos culturales, artísticos y humorísticos. Fueron también uno de los antecedentes de los Autonomen que se consolidaron a comienzos de los años ochenta. En mi elaboración de Sponks, spon significa también fuente: desde ahí asocio lo espontáneo con quien manifiesta la actualización de experiencias originarias. Esa es la operación conceptual desde la cual propongo rastrear afinidades entre movimientos que ocurrieron a miles de kilómetros de distancia.
De los Spontis a las okupaciones alemanas
A finales de los años sesenta y durante la década siguiente, las ciudades de Alemania Occidental fueron escenario de okupaciones, huelgas inquilinarias y luchas por la vivienda vinculadas con distintas corrientes de la izquierda extraparlamentaria. Berlín Occidental y Frankfurt se convirtieron en lugares importantes para esas luchas, que al comenzar los años ochenta confluyeron con una nueva oleada de casas ocupadas y con la aparición pública de los Autonomen.
Al mismo tiempo crecieron las movilizaciones contra la energía nuclear, la guerra y distintas políticas del Estado alemán. Migrantes, estudiantes, agricultores, activistas y grupos autónomos coincidieron en algunas de esas luchas, aunque no necesariamente compartieran una misma organización ni una misma estrategia política.
Durante aquellos años, el movimiento antinuclear adquirió una dimensión importante alrededor de lugares como Brokdorf, Grohnde y Gorleben. En Brokdorf hubo grandes protestas desde 1976; Brokdorf y Grohnde quedaron asociados a las movilizaciones masivas y los enfrentamientos de 1976 y 1977, mientras Gorleben se convirtió desde
1977 en uno de los principales focos de oposición al almacenamiento y procesamiento de residuos nucleares. En mayo de 1980, miles de antinucleares ocuparon un terreno cerca de Gorleben y levantaron la “República Libre de Wendland”, desalojada por la policía el 4 de junio. También era el tiempo de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), el Movimiento 2 de Junio y las Células Revolucionarias/Rote Zora, organizaciones armadas cuyas relaciones con los movimientos autónomos y antinucleares fueron distintas y, en el caso de las Células Revolucionarias/Rote Zora, incluyeron vínculos con luchas antinucleares.
En enero de 1978, Spontis y distintos grupos de la izquierda no dogmática participaron en el congreso TUNIX de Berlín Occidental. El encuentro reunió a miles de personas y se convirtió en uno de los momentos importantes de la cultura alternativa alemana de aquellos años. Esas luchas ayudaron a extender proyectos alternativos, okupaciones y espacios autogestivos que cobran mayor fuerza al comenzar la década de los ochenta. Los Spontis fueron uno de los antecedentes de los Autonomen, protagonistas posteriores de las luchas por las casas ocupadas y los llamados “espacios libres”.
En ese ambiente comenzó también a consolidarse la táctica conocida como Bloque Negro. A finales de los setenta y comienzos de los ochenta aparecieron grupos de manifestantes vinculados al medio autónomo que marchaban juntos, con ropa oscura, cascos, máscaras y otros elementos de protección. La denominación Schwarzer Block comenzó a circular a principios de los ochenta y quedó asociada en 1981 a investigaciones judiciales contra militantes autónomos de Frankfurt. Posteriormente, la táctica sería retomada por movimientos anarquistas y anticapitalistas en otras partes del mundo.

En el DF, el punk también tenía una historia anterior
Mientras aquello ocurría en Alemania, acá en el DFectuoso mexicano iniciaba el naciente movimiento urbano popular. En septiembre de 1971, la ocupación masiva de terrenos en el Pedregal de Santo Domingo, Coyoacán, dio origen a una colonia cuya construcción exigió organización comunitaria para defender la tierra, abrir calles y conseguir servicios. Ahí, la primera generación anarco-plebeya escuchó los primeros sonidos punk en Radio Juventud y, posteriormente, en El lado oscuro de laluna, transmitido por Radio Educación del 1 de agosto de 1978 al 12 de noviembre de 1981. Esa historia formó parte del movimiento urbano popular que durante los años siguientes luchó por vivienda, servicios y territorio en una ciudad que crecía hacia sus periferias.
El movimiento urbano popular tenía también sus propias fuentes ideológicas. Entre ellas estaba la huelga inquilinaria de 1922 en el puerto de Veracruz, organizada alrededor del Sindicato Revolucionario de Inquilinos encabezado por Herón Proal y sostenida por una amplia participación de mujeres. María Luisa Marín fue una de sus figuras centrales y encabezó la Federación de Mujeres Libertarias. También estaban las publicaciones de los hermanos Flores Magón, que décadas después continuaban circulando a través de distintos proyectos editoriales libertarios, entre ellos Ediciones Antorcha, que publicó textos de Ricardo Flores Magón en 1980 y 1981.
Un hecho que marcó la vida política de México fue la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Una década después, distintas expresiones libertarias volvieron a encontrarse en las calles. Así, entre estudiantes de barrio, comunas, proyectos autogestivos y grupos anarquistas aparecían nombres como Academia Negra, Rosa Negra, la Coordinadora de Estudiantes Libertarios, Regeneración Sexta Época y la brigada Práxedis G. Guerrero, además de experiencias de autogobierno universitario.
La banda pre-punk mexicana de finales de los setenta se formaba también entre lecturas anarquistas y un contexto donde los jóvenes submetropolitanos confrontaban desalojos y otras formas de control sobre los barrios. Una generación que creó sus primeras iniciativas culturales mientras escuchaba las primeras distorsiones sociales de la banda Energía.
Por eso afirmo que el punk mexicano no nació solamente de la importación de una estética musical. Entre sus antecedentes hubo también lecturas anarquistas, luchas por la vivienda, formas de autogestión y una cultura juvenil producida desde las periferias.

Fanzines, autogestión y el “hazlo tú mismo”
Así, anarquismo, autogestión y las publicaciones del hazlo tú mismo son afinidades ineludibles en esta historia de entrecruzamientos anarquistas y punk.
A otra escala territorial, en el “Disturbio Funeral” o Ciudad de México vivimos la represión a la guerrilla urbana, el “auge petrolero” y la incorporación de los partidos de izquierda al parlamento. En la marginalidad rebelde, en 1978 el anarquista catalán Ricardo Mestre Ventura fundó en la Ciudad de México la Biblioteca Social Reconstruir, un acervo libertario que reunió libros, periódicos, revistas y folletos de distintas partes del mundo y que con los años incorporó también una amplia colección de publicaciones punk y juveniles.
En esos circuitos estaban también la revista Tierra y Libertad, la revista CAOS y la Editorial Antorcha. Estas lecturas llegaron a jóvenes estudiantes de barrio que pusieron en marcha proyectos autogestivos y publicaciones anarquistas y pre-punk. Durante los primeros años ochenta circularon publicaciones como La Pared, órgano informativo del Consejo Popular Juvenil, cuyo primer número apareció en marzo de 1983. También circuló Falzo Magazine, uno de los primeros fanzines vinculados con el punk mexicano y producido por Chucho Punk a comienzos de los años ochenta.
Los fanzines permitieron que noticias, ideas, imágenes y experiencias atravesaron fronteras sin necesidad de los grandes medios. Fueron construyendo redes internacionales mediante cartas, intercambios, apartados postales y contactos con colectivos de España, Argentina, Brasil y Perú; antes de internet ya circulaban esos materiales entre distintas geografías.
En 1983, el punk se visibilizó en las marchas contra la crisis y la austeridad convocadas por organizaciones obreras y universitarias independientes y se produjo el film Corazones de humo, de Enrique Estévez; al año siguiente, el colectivo PND organizó las exposiciones CAOS I y II. Al mismo tiempo, Tierra y Libertad introdujo el logo de la banda anarkopunk CRASS en su publicación, donde circularon análisis críticos sobre el movimiento ecologista en México, en el cual destaca el artículo sobre URAMEX e información sobre la lucha del SUTIN en torno a los basureros radiactivos y la autogestión. Estas fueron lecturas que retomaban los anarquistas de barrio.
En ese explosivo tránsito de los primeros años ochenta, el pre-punk se convirtió más adelante en un movimiento punk mexicano cada vez más visible. Aparecieron bandas como Energía, Rebeld Punk, Descontrol, Crimen Social y Sistema Negativo. Pero junto a las bandas existían publicaciones, espacios, colectivos y formas de organización que hacían del punk algo más que un género musical.
En 1986 llegó a México vía postal el diskozine Lebenslag, de la Brigada Fozzy, que contrainformaba a través de su música y letra con una crítica al imperialismo y un llamado a la acción directa.

1985: solidaridad entre las ruinas
En la Ciudad de Humo mexicana, los sismos de septiembre de 1985 aceleraron el espontaneísmo anarquista y punk a través de su solidaridad de barrio a barrio y el encuentro de grupos y bandas de las distintas periferias. En ese escenario, fanzines punk y publicaciones anarquistas fungieron como medios de contrainformación y transmisión de experiencias.
Entre las ruinas que nos dejó el terremoto, la revista Testimonios publicó La ola verde, sobre el movimiento verde y antinuclear en México, mientras crecían las críticas contra el proyecto nuclear de Laguna Verde. En aquellos años también circulaban discusiones sobre la relación entre juventud, crisis económica, punk y organización autónoma.
En 1985, la UAM-Azcapotzalco dedicó el número 16 de su Revista A de Ciencias Sociales y Humanidades a “Crisis y juventud: se acabaron los sueños”, que organicé y participé con un ensayo, pero aquí deseo destacar los fanzines El punk no es unamoda, de Alejandro Boonz y Universo Suburbano, de Tijuana.
Desde entonces, la participación de los colectivos punk en marchas contra la crisis, en apoyo a las huelgas obreras, en eventos contra la central nuclear Laguna Verde y los encuentros en el espacio público promovidos por los editores de Contraviolencia proliferaron, así como la creación de espacios culturales. Este fanzine, surgido en Santa Fe, difundió ideas anarquistas y libertarias y llegó a tener una distribución que incluía México, España y Argentina.
De 1985 a 1990, la banda punk y anarquista realizó proyectos autogestivos, entre los que figuran el Centro Autogestivo Comunitario de la colonia Maravillas, en Ciudad Nezahualcóyotl, donde participaron Enrique Ácrata y el colectivo Contraviolencia; el Centro Cultural Libertad, promovido por el Colectivo Caótico; y DxPxSxO (Dogma Personal Sin Orden), una okupación impulsada por la banda punk de distintas colonias de la zona de Álvaro Obregón. La Okupa Dogma Personal Sin Orden funcionó en Minas de Cristo, a la entrada de Barrio Norte.
En 1989, SS20 llevó al disco parte de una producción atravesada por la represión y otros conflictos políticos de aquellos años. Su único 12″, Secta Suicida Siglo 20, fue autoeditado en 1989; la discografía recuperada posteriormente incluye además grabaciones de 1986 y 1987. Aquellos temores pertenecían también al imaginario político de una generación que había crecido bajo la amenaza de la Guerra Fría.

México y Alemania: afinidades antes que una sola historia
México y Alemania desarrollaron escenas distintas, atravesadas por condiciones sociales, políticas y urbanas propias. Entre ambas pueden rastrearse afinidades y circulaciones dentro de las redes punk, anarquistas y contraculturales más amplias.
En Alemania, las okupaciones, el movimiento antinuclear, los Autonomen y distintas expresiones punk coincidieron en determinados espacios y momentos. En México, las luchas urbanas, el anarquismo, los fanzines y la autogestión barrial encontraron otras maneras de relacionarse con el punk.
Las publicaciones hicieron posible que parte de esas historias viajaran a través de fanzines, discos, revistas y cartas provenientes de Europa y otros países llegaban a México, mientras publicaciones mexicanas circulaban fuera del país. Contraviolencia, por ejemplo, distribuía ejemplares en España y Argentina, y otros fanzines publicaban direcciones de colectivos de España, Argentina, Brasil y Perú para mantener correspondencia e intercambiar materiales. Alemania aparece aquí como una afinidad dentro de esas redes internacionales más amplias, alrededor de temáticas antinucleares, la okupación, el anarquismo, la autogestión y el punk.
Mientras en Alemania el movimiento autónomo atravesaba durante la segunda mitad de los ochenta transformaciones importantes, en México las experiencias punk y libertarias continuaron creciendo y durante los años noventa dieron lugar a un movimiento anarcopunk más claramente articulado.
Fanzineros y colectivos como Brigada Subversiva, ZYNTOMA, Motín, CHAPS y CCRFP formaron parte de esas redes junto con Contraviolencia. El Archivo Desobediente del Museo Universitario del Chopo conserva materiales vinculados con esta historia del punk mexicano, mientras la relación entre Contraviolencia, CCRFP y Brigada Subversiva aparece documentada en investigaciones sobre la autogestión dentro del punk mexicano. Durante los años siguientes, algunas de estas formas de organización se cruzaron con nuevas okupaciones y con el zapatismo surgido públicamente en 1994, además de los movimientos contra la globalización neoliberal. Las expresiones mexicanas identificadas específicamente con el Bloque Negro aparecerían después, dentro de una historia que ya había acumulado años de punk, anarquismo, fanzines y autogestión. La historiografía sobre el neoanarquismo mexicano sitúa antecedentes de esa radicalización desde la huelga de la UNAM de 1999 y señala 2012 como un momento de especial visibilidad del black bloc en México.
A medio siglo de la irrupción del punk, regresar a estas historias permite observar algo que se pierde cuando todo queda reducido a una cresta, una chamarra o un disco: el punk fue también una manera de producir espacios, publicaciones, solidaridades y formas de organización desde los márgenes.
Ahí, entre la Ciudad de Humo y las ciudades alemanas, entre fanzines, okupaciones, ruido y autogestión, todavía pueden rastrearse los Sponks.
Redacción
Pablo Gaytán Santiago
Pablo Gaytán Santiago es doctor en Ciencias Sociales por la UAMX, videasta y creactivista. Su trabajo investiga y documenta las culturas punk y anarquista, los movimientos suburbanos y la memoria social en México. Es autor de libros y ensayos, y realizador de documentales y videozines sobre contracultura y movimientos sociales.











