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DISEÑO Y ARQUITECTURA7 agosto, 2026

Cines abandonados de la CDMX: nostalgia en el espacio público

Cines abandonados de la CDMX: nostalgia en el espacio público
Fachada del Cine Ópera en la Ciudad de México (México).
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Publicado originalmente el 9 de julio de 2025. Actualizado el 7 de agosto de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.


El Cine Ópera, el Cine Tlatelolco, el Palacio Chino, el Cine Orfeón y el Cine Bucareli formaron parte de una ciudad donde una sola pantalla podía reunir a miles de personas. Hoy ya no proyectan películas: algunos permanecen cerrados, otros fueron modificados y de varios sobrevive principalmente la fachada.

Durante mi recorrido por la calle de Serapio Rendón, la fachada del Cine Ópera fue el primer indicio de la escala que tuvieron las antiguas salas capitalinas. El edificio seguía cerrado, pero su frente todavía permitía reconocer el ventanal central y las dos figuras que sostienen las máscaras de la tragedia y la comedia. Alrededor continuaba la actividad cotidiana de la colonia San Rafael.

Ese contraste se repite, con distintas formas, en otros cines abandonados de la CDMX. El Ópera, el Cine Tlatelolco, el Palacio Chino, el Orfeón y el Bucareli están distribuidos entre la colonia San Rafael, Tlatelolco y distintas calles del Centro Histórico y su perímetro.

No todos se encuentran en la misma condición. En esta selección, la palabra abandonado reúne antiguas salas que dejaron de exhibir películas y permanecen cerradas, sin actividad regular, transformadas o parcialmente ocupadas. Algunas conservan buena parte de la construcción; de otras queda principalmente el frente visible desde la calle.

Ninguno de estos lugares funciona actualmente como una atracción turística con acceso regular. Pueden observarse desde el espacio público, pero no debe ingresarse sin autorización.

¿Por qué cerraron los grandes cines de la Ciudad de México?

Durante buena parte del siglo XX, las salas de una sola pantalla podían recibir a cientos o miles de espectadores. No eran únicamente lugares para proyectar películas: también albergaban estrenos, ceremonias, conciertos y otros espectáculos.

Ese modelo perdió terreno con la división de las grandes salas y la expansión de complejos con varias pantallas, especialmente aquellos instalados en centros comerciales. También influyeron los costos de mantenimiento, el deterioro de los inmuebles, los daños causados por sismos, los problemas de propiedad y los cambios en la distribución cinematográfica.

El investigador Francisco Haroldo Alfaro Salazar explica en el estudio académico Los palacios cinematográficos de la Ciudad de México, publicado por la revista Apuntes de la Pontificia Universidad Javeriana, que estas construcciones fueron referentes de la modernización urbana desde la década de 1920 hasta los años setenta. Conforme cambiaron la exhibición y la ciudad, varias fueron modificadas, reutilizadas, demolidas o cerradas.

Las antiguas salas no desaparecieron al mismo tiempo ni por una sola razón. Algunas cerraron durante la segunda mitad del siglo XX; otras prolongaron su funcionamiento mediante subdivisiones, precios bajos o cambios de propietario.

cines abandonados de la CDMX

Cine Ópera: películas, conciertos y décadas de cierre

El Cine Ópera se encuentra en Serapio Rendón número 9, en la colonia San Rafael. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia, abrió el 11 de marzo de 1949 con la proyección de Una familia de tantas, dirigida por Alejandro Galindo. La ficha del INAH también identifica las esculturas femeninas colocadas a los lados del ventanal, representaciones de la tragedia y la comedia.

El proyecto fue realizado por el arquitecto Félix T. Nuncio y la ambientación interior estuvo a cargo del escenógrafo Manuel Fontanals. Un documento de la Comisión de Cultura de la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal confirma la autoría de Nuncio y la ubicación del inmueble. ArchDaily en español también documenta la composición de la fachada y la participación de Fontanals en los interiores.

Las publicaciones históricas no coinciden por completo sobre su capacidad. Diversos registros sitúan su aforo alrededor de 3,800 espectadores, por lo que la cifra debe entenderse como una estimación y no como un dato definitivamente resuelto.

El inmueble sufrió daños durante el terremoto de 1985 y permaneció cerrado varios años. Más tarde comenzó a utilizarse para conciertos. El 12 de octubre de 1998, durante una presentación de Bauhaus, se produjeron disturbios cuando parte del público intentó entrar por la fuerza. El episodio agravó el deterioro, pero ocurrió en una construcción que ya había sufrido daños por el sismo y periodos prolongados sin mantenimiento.

La relación de la ciudad con el lugar no se limita a su deterioro. En Recuerdos del Cine Ópera, la revista cultural Nexos reconstruye parte de la vida del recinto y su importancia dentro de la colonia San Rafael, antes de que cerrara y comenzaran las discusiones sobre su posible recuperación.

Al recorrer Serapio Rendón comprobé que la fachada continúa siendo el elemento que mejor permite reconocer el antiguo cine. Desde la banqueta se distinguen el nombre del recinto, el ventanal central, los accesos cerrados y las dos figuras. El exterior muestra el paso de los años, mientras la calle conserva el tránsito y la actividad habitual de la colonia.

En octubre de 2025 volvió a mencionarse la posible incorporación del Cine Ópera a un corredor cultural que conectaría avenida Hidalgo, Eje Central y Garibaldi. La propuesta no significó que su rehabilitación estuviera aprobada ni que existiera una fecha de reapertura. Al 2 de agosto de 2026, el inmueble no mantenía una programación cultural permanente.

Cine Tlatelolco: del proyecto habitacional al incendio de 2026

El Cine Tlatelolco fue construido dentro de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, concebida para reunir viviendas, comercios, escuelas, instalaciones deportivas y servicios culturales.

Una investigación de Agencia Con Tlatelolco señala que la sala abrió el 23 de septiembre de 1967 con La hora 25, película dirigida por Henri Verneuil y protagonizada por Anthony Quinn y Virna Lisi. La misma publicación atribuye la construcción al arquitecto Julio de la Peña.

El periodista Héctor de Mauleón coincide con esos datos en la crónica Volver a Tlatelolco: sitúa la inauguración el 23 de septiembre de 1967, identifica La hora 25 como la película de apertura y menciona a Julio de la Peña como responsable del proyecto. La coincidencia entre ambos artículos permite descartar la fecha imprecisa que durante años circuló en algunas recopilaciones.

La historia del cine quedó unida a la de la propia unidad habitacional: el proyecto urbano impulsado por Mario Pani, la represión estudiantil del 2 de octubre de 1968 y los daños que el terremoto de 1985 causó en diferentes edificios de la zona.

Diversos relatos vecinales sostienen que el lugar fue utilizado para atender víctimas o resguardar cuerpos después de la masacre de Tlatelolco. Las fuentes documentales consultadas no confirman que funcionara como morgue u hospital de campaña. La historia sobrevive principalmente dentro de testimonios y versiones orales vinculadas con la memoria del 2 de octubre.

El Cine Tlatelolco dejó de proyectar películas en 2001 y permaneció sin una actividad regular. La noche del 25 de enero de 2026 se registró un incendio en el interior. La alcaldía Cuauhtémoc confirmó que personal de su Dirección de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil participó en las labores para controlar el fuego. También acudieron integrantes del Heroico Cuerpo de Bomberos y servicios médicos.

Los reportes indicaron que se encontró basura quemándose dentro del antiguo cine.Los cuerpos de emergencia realizaron labores de control y evaluación de riesgos, no se reportaron personas lesionadas.

La alcaldía Cuauhtémoc señaló que el edificio se encontraba abandonado cuando ocurrió el incendio. Sin embargo, las autoridades no difundieron un dictamen técnico público que permitiera determinar el alcance de los daños sobre su estructura. Por esa razón, no puede afirmarse que el fuego haya destruido el antiguo cine.

El incidente volvió a llamar la atención sobre las condiciones del lugar y sobre los riesgos relacionados con la acumulación de residuos, la ocupación irregular y la falta de una función estable.

Palacio Chino: una fachada que sobrevivió al antiguo cine

El Palacio Chino abrió en 1940 en Iturbide 21, en el Centro Histórico. Sus interiores fueron conocidos por una ambientación compuesta por pagodas, dragones, figuras y otros elementos inspirados en distintas representaciones de Asia.

Durante sus últimas décadas, la gran sala fue dividida para alojar varias pantallas. Una investigación de Milenio documenta que el 26 de agosto de 2016 la cadena que lo operaba anunció un cierre temporal para revisar la situación del edificio. Las funciones no regresaron y el arrendamiento terminó posteriormente.

Buena parte de los interiores que distinguieron al Palacio Chino ya no se conserva como un conjunto reconocible. Actualmente sobrevive principalmente la fachada, mientras que el interior perdió gran parte de los elementos que caracterizaron al recinto.

Sobre la calle de Iturbide, el frente color vino se integra al tránsito peatonal y comercial del Centro Histórico. La marquesina, la pintura y los accesos muestran deterioro; alrededor, los negocios y el paso constante de personas ocupan una calle muy distinta a la que recibía a quienes acudían a una función.

El contraste es directo: la fachada todavía permite identificar que ahí funcionó un cine, pero ya no anticipa el acceso a los pasillos y decoraciones que hicieron conocido al lugar.

Las historias de apariciones y sucesos extraños forman parte de los relatos populares asociados con el Palacio Chino, pero no existen pruebas que permitan presentarlas como hechos. Su importancia está mejor sustentada en su ambientación, en las modificaciones que sufrió y en las más de siete décadas durante las que recibió espectadores.

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Cine Orfeón: una sala para más de 4,600 personas

El Cine Orfeón abrió en 1938 sobre la calle de Luis Moya, en el Centro Histórico. La investigación académica Los palacios cinematográficos de la Ciudad de México identifica al Orfeón como una obra de John y Drew Eberson, construida dentro de la corriente art déco. El estudio también señala que, después de un periodo cerrado, fue reinaugurado como teatro durante la década de 1990 y volvió a cerrar poco después.

Su capacidad en 4,628 espectadores y explica que parte de la galería fue desmontada durante la década de 1950. Esa modificación redujo el tamaño del interior y alteró la fachada. Los registros consultados documentan su importancia como una sala popular y como sede de espectáculos, pero no permiten afirmar que se especializara en películas de lucha libre o cine de serie B.

Su fachada permanece sobre Luis Moya, rodeada por hoteles, comercios, vehículos y puestos callejeros. La altura y el ancho del frente permiten dimensionar un lugar capaz de recibir a más de cuatro mil personas durante una sola función.

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Cine Bucareli: distintas etapas hasta su cierre en 2018

El nombre Cine Bucareli aparece asociado con diferentes etapas de la exhibición cinematográfica en la avenida del mismo nombre. Por ello, no debe hablarse de un solo establecimiento que funcionó sin interrupciones desde los años veinte hasta el siglo XXI.

La investigación histórica Adiós al cine más barato, el Cine Bucareli, publicada por El Universal, rastrea los primeros años del lugar y señala que fue reinaugurado en 1941 con aproximadamente 1,800 butacas distribuidas entre luneta y anfiteatro. La cifra coincide de manera general con otros registros, aunque existen pequeñas variaciones en el número exacto.

El artículo Cine Bucareli en abandono: esta es su historia, publicado por La Silla Rota, precisa que la reinauguración de 1941 ocurrió con 1,813 butacas. Esa cifra permite presentar el aforo con mayor cautela: alrededor de 1,800 espectadores, no como un número absoluto aceptado por todas las fuentes.

Durante parte del siglo XX estuvo relacionado con la Compañía Operadora de Teatros. En una etapa posterior pasó a la Organización Ramírez, empresa fundada en 1971 y vinculada con el desarrollo de Cinépolis. El establecimiento cerró en enero de 2018.

Con el paso del tiempo, la sala fue dividida para funcionar como un complejo con varias pantallas. Esa transformación le permitió continuar operando durante varias décadas, aunque ya no conservaba el funcionamiento de una gran sala única.

El establecimiento ubicado en Bucareli 63 cerró durante la primera semana de enero de 2018. El Universal relacionó el cierre con la pérdida de actividad comercial en la avenida, los bloqueos frecuentes y una disminución de visitantes. La nota también destacó que el lugar era conocido por mantener precios más accesibles que otros complejos.

El Bucareli muestra que la desaparición de las antiguas salas no siempre ocurrió mediante una clausura repentina. Algunas se mantuvieron durante décadas gracias a remodelaciones, divisiones internas, precios bajos y cambios administrativos.

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Cinco salas y distintas formas de desaparecer

El Ópera fue afectado por el terremoto de 1985 y después recibió conciertos. El Tlatelolco formó parte de una unidad habitacional y sufrió un incendio en enero de 2026. El Palacio Chino terminó dividido en varias pantallas. El Orfeón atravesó modificaciones y reaperturas. El Bucareli funcionó hasta 2018 después de diferentes transformaciones.

Estos casos muestran que los antiguos cines de la Ciudad de México no cerraron por una sola causa. En su desaparición intervinieron el deterioro, los sismos, los costos de mantenimiento, los cambios comerciales, los problemas de propiedad y la expansión de otros modelos de exhibición.

Lo que permanece también es diferente. En algunos casos todavía puede reconocerse buena parte del volumen del recinto; en otros, la fachada es el principal vínculo con su pasado cinematográfico.

Al terminar el recorrido regresé a la imagen del Cine Ópera sobre Serapio Rendón. Frente al edificio continuaban pasando vehículos y personas, mientras las dos figuras de su fachada permanecían sobre un acceso cerrado. El contraste no necesita adornos: un lugar proyectado para recibir a miles de espectadores forma parte ahora de una calle que sigue funcionando sin él.

Redacción

Stephanye Reyes

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe.

Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola

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