La conmovedora historia de la perrita Aída en el Palacio de Bellas Artes
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La conmovedora historia de la perrita Aída en el Palacio de Bellas Artes

El Palacio de Bellas Artes es uno de los edificios más emblemáticos de la Ciudad de México, un ícono de la arquitectura y la cultura nacional. Pero más allá de su majestuosa cúpula y su imponente fachada, este recinto esconde una historia conmovedora que pocos conocen: la del arquitecto Adamo Boari y su fiel compañera, la perrita Aída. Este relato no solo nos habla del profundo amor por una mascota, sino que también revela un detalle arquitectónico único que humaniza a una de las obras más importantes de la historia moderna de México. Así es como se desarrolla la historia de la perrita de Bellas Artes.

Adamo Boari fue el visionario arquitecto italiano que, a principios del siglo XX, fue comisionado por el gobierno de Porfirio Díaz para diseñar el majestuoso Palacio de Bellas Artes. Su tarea no fue menor: crear un teatro nacional que reflejara el progreso y la modernidad de México. Boari, con su estilo ecléctico que fusionaba el Art Nouveau en el exterior y el Art Decó en el interior, no solo plasmó una visión estética, sino que también imprimió su propia historia personal en la obra. Durante los largos años de construcción, Boari no estaba solo; siempre lo acompañaba Aída, mejor conocida actualmente como la perrita de Bellas Artes, quien se convirtió en su inseparable compañera de obra.

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perrita de Bellas Artes

La relación entre Boari y Aída era tan profunda que el arquitecto decidió rendirle un homenaje único. Según crónicas y relatos orales, Boari solicitó al escultor italiano Gianetti Fiorenzo que inmortalizara a Aída en la fachada del palacio. La petición era clara: incluir la figura de su perrita en una de las máscaras decorativas del edificio, un detalle sutil pero cargado de significado. Fiorenzo cumplió la voluntad del arquitecto, y así fue como la imagen de una perra Setter se esculpió en mármol blanco, un eterno tributo al amor incondicional entre un hombre y su mascota, que hoy en día, la perrita de Bellas Artes pasa desapercibida para la mayoría de los transeúntes.

Aunque no existen documentos oficiales que detallen la petición formal, la historia ha sido transmitida de generación en generación y es ampliamente aceptada en círculos de historiadores y cronistas de la Ciudad de México. El hecho de que Boari, un hombre reconocido por su rigor profesional, decidiera incluir un elemento tan personal en una obra de tal magnitud, habla de la importancia que Aída, la perrita de Bellas Artes, tenía en su vida.

Este pequeño detalle hace que el Palacio de Bellas Artes no sea solo un monumento de mármol, sino una estructura que guarda una historia de afecto y lealtad, recordándonos que incluso las grandes obras de arte y arquitectura pueden tener un corazón. La próxima vez que visites el palacio, busca la figura de Aída, la perrita de Bellas Artesy descubre el legado de un arquitecto que dejó su corazón inmortalizado en la piedra.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola