La industria de la moda atraviesa una crisis de identidad sin precedentes. Mientras el discurso ambientalista satura las redes, las grandes casas de costura se enfrentan a un dilema atemporal: ¿cómo mantener el aura de exclusividad y sofisticación sin recurrir a la explotación animal? Con esa interrogante, los sustitutos veganos en casas de moda son una realidad hoy en día.
La reciente incursión de Stella McCartney con su iniciativa Fevvers es solo la punta de un iceberg biotecnológico. La diseñadora británica pionera en el rechazo a las pieles, ha presentado una alternativa a las plumas tradicionales creada sin maltrato animal, utilizando biotecnología de vanguardia.
Hoy, el estatus ya no se mide por la rareza de una piel exótica, sino por la capacidad de un diseñador para intervenir la materia a nivel celular. Los sustitutos veganos en casas de moda le están dando un giro al diseño que creía sobrevivir únicamente del estatus que según recae en la explotación animal.
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Hermès: La validación del micelio (Sylvania)
Cuando la casa Hermès, guardiana absoluta de la tradición marroquinera francesa, anunció una colaboración con la startup MycoWorks, el mercado del lujo tembló. No se trataba de un experimento «eco-friendly» de una marca emergente, sino del estándar de oro del cuero validando el Sylvania, un material derivado del hongo que emula la porosidad y la flexibilidad de la piel de becerro.
Para Hermès, integrar este material en su icónico bolso Victoria no es solo una movida sustentable; es una declaración de que la artesanía puede evolucionar hacia lo bioplástico sin perder la pátina de la exclusividad. Sin embargo, la brecha de accesibilidad es abismal: estas piezas siguen siendo objetos de deseo para una élite que puede pagar el precio de la innovación.
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Gucci: El nacimiento del Demetra
Bajo la visión de la casa italiana, el lujo debe ser disruptivo o no será. Gucci dedicó dos años de investigación interna para lanzar Demetra, un material compuesto por un 77% de materias primas de origen vegetal (viscosa y pulpa de madera) que se produce en sus propias curtidurías en Italia.
A diferencia de las imitaciones plásticas del pasado, el Demetra se comporta como un cuero premium en términos de durabilidad y tacto. Al implementarlo en sus siluetas de calzado más populares, Gucci no solo está reduciendo su huella de carbono, sino que está obligando a sus consumidores a cuestionar si el valor de un objeto reside en la vida del animal o en el proceso de ingeniería que hay detrás del logo.
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Balenciaga: La provocación de la piel «viva»
Demna Gvasalia ha hecho de la ironía su herramienta de diseño más potente. En su colección de invierno 2022, presentó un abrigo de longitud extrema fabricado con EPHEA, una alternativa de cuero de hongo diseñada específicamente para la marca.
Lo que hace a esta pieza una joya de la moda contemporánea es su capacidad de engaño visual: el abrigo conserva el peso, la caída y la oscuridad gótica propia de la estética de Balenciaga, pero prescinde totalmente del sacrificio. Demna utiliza estas piezas para señalar una contradicción: adoramos la estética de la piel pero rechazamos la crueldad, y solo la biotecnología de alta gama parece tener la llave para resolver este conflicto ético.
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Alexander McQueen: De la vendimia a la pasarela
La casa Alexander McQueen ha transitado hacia una ética más estricta bajo el paraguas del grupo Kering. Desde 2021, la firma se ha consolidado como una marca fur-free, eliminando por completo el uso de pieles animales con pelo en todas sus colecciones. Si bien el cuero vacuno aún persiste en ciertos artículos de lujo, la marca ha comenzado a explorar una materialidad más consciente, sustituyendo elementos tradicionales por textiles de alta ingeniería como el algodón orgánico y viscosas sostenibles.
Este movimiento es crucial: demuestra que una firma cimentada en la sastrería rígida y la estética gótica puede mantener su ADN dramático sin depender de la industria de la piel, marcando un camino hacia la deshabituación de los insumos de origen animal.
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Iris van Herpen: El manifiesto del bioplástico
Si alguien ha entendido que la moda es una rama de la ciencia aplicada, es Iris van Herpen. La diseñadora holandesa ha sido pionera en el uso de materiales impresos en 3D y plásticos reciclados del océano, colaborando estrechamente con la organización Parley for the Oceans.
Sus vestidos parecen plumas, escamas o estructuras celulares que vibran con el movimiento, pero están fabricados con polímeros recolectados de los vertederos marinos. Para Van Herpen, la tecnología no es una alternativa al mundo natural, sino una forma de protegerlo mediante el diseño de estructuras que serían imposibles de lograr con materiales de origen animal.
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Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





