La historia reciente de la NFL se divide en un antes y un después de una rodilla en el suelo. Lo que comenzó como un acto de resistencia individual frente a la brutalidad policial en Estados Unidos, terminó transformando la estrategia del Super Bowl para el desarrollo y construcción del medio tiempo.
Hoy, el evento es un bastión de la multiculturalidad, pero detrás del brillo del neón, subyace una táctica de contención diseñada para enterrar una de las mayores crisis de relaciones públicas en la historia del deporte. Un momento poco visibilizado por los reflectores dado su tendencia política, pero que detonó la necesidad de representación negra y latina en el Super Bowl.
Super Bowl LX: Por qué esta es la edición más cara hasta ahora

El sacrificio de Colin Kaepernick y el veto del sistema
En el año 2016, Colin Kaepernick decidió no levantarse y colocar una rodilla en el suelo durante la entonación del himno nacional, buscando visibilizar el racismo sistémico que azota a su país. La respuesta de la liga y de un sector político encabezado por Donald Trump fue implacable, resultando en el veto total del jugador.
Kaepernick fue señalado como antipatriota y excluido del emparrillado, convirtiéndose en un mártir cuya protesta obligó a la liga a replantearse toda su estrategia del Super Bowl para no perder anunciantes. Kaepernick no se quedó de brazos cruzados ante el veto sistemático de los equipos.
En 2017, presentó una queja formal contra la NFL, acusando a los propietarios de colusión para mantenerlo fuera de la liga debido a sus posturas políticas. El caso se resolvió en 2019 con un acuerdo confidencial millonario, lo que muchos interpretaron como una admisión silenciosa de culpa por parte de una liga que ya planeaba su nueva estrategia del Super Bowl.
Jay-Z y el pacto con Roc Nation: ¿Progreso o cooptación?
Para 2019, la NFL enfrentaba un boicot masivo de la audiencia afroamericana y de artistas que se negaban a actuar en solidaridad con Kaepernick. La solución fue contratar a Jay-Z y su productora Roc Nation para curar el medio tiempo. Esta alianza fue el pilar de una nueva estrategia del Super Bowl, la cual prometía «justicia social» pero que en la práctica sirvió para despolitizar la protesta.
El medio tiempo como un activo de marca administrado
Desde 2020, el escenario ha sido una vitrina de orgullo negro y latino, desde Shakira y J.Lo hasta la reciente hegemonía global de Bad Bunny en 2026. Sin embargo, esta diversidad parece ser el maquillaje de una liga que prefirió cambiar su playlist antes que sus estructuras de poder. La multiculturalidad pasó de ser una amenaza política a ser el activo más rentable dentro de la estrategia del Super Bowl, diseñada para que el mundo baile mientras se olvida el conflicto original.
Género urbano: Raíces, ritmo y revolución
Otros casos de la disidencia absorbida por el deporte
La historia del deporte está llena de atletas que pagaron el precio de su voz antes de que sus causas se volvieran piezas clave de marketing. Un ejemplo claro es Mahmoud Abdul-Rauf, quien en los años 90 fue marginado de la NBA por no ponerse de pie durante el himno nacional. Al igual que Kaepernick, su carrera se truncó mucho antes de que la inclusión fuera un activo rentable o parte de una estrategia del Super Bowl o de cualquier liga profesional.
Otro caso emblemático es el de John Carlos y Tommie Smith en los Juegos Olímpicos de 1968, tras levantar el puño enguantado en el podio. Fueron expulsados y acosados por años, pero hoy sus imágenes son utilizadas en videos promocionales sobre los valores de la unión. Esto demuestra que la rebeldía solo es aceptada por las instituciones cuando ya ha sido domesticada y convertida en una iconografía inofensiva que encaja perfectamente en cualquier estrategia del Super Bowl actual.
La atemporalidad del «Sportswashing» social
El caso Kaepernick–NFL–Roc Nation muestra cómo el sistema gestiona la crisis: no soluciona el problema, pero mejora la representación visual. Mientras el mundo celebra a Kendrick Lamar o Usher, la pregunta sigue en el aire sobre dónde queda la protesta que no puede empaquetarse. La diversidad es real, pero en este tablero solo se permite cuando genera beneficios económicos y fortalece la estrategia del Super Bowl ante una audiencia global.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





