Entre Corazones de humo y Deveras me atrapaste: de la Sanfe a Cultisur, los orígenes del cine (contra)cultural chilango

Nota del autor: Ponencia en el Ciclo de conferencias “70 y 80: la década perdida del cine mexicano”, realizado el 19 de febrero de 2026 en la ENAH. Organizado por el grupo de investigación Encuentro de Cine Mexicano Antropología e Historia.
La década podrida
La frase “la década perdida” para los científicos sociales latinoamericanos de la década del ochenta pretendía suavizar los efectos de la crisis económica y sus consecuencias sociales en el continente. Muy al contrario, quienes mejor la definirán serán los colectivos punk, quienes ironizaron sus condiciones existenciales como “la década podrida”. Sin perspectivas, ya que eran parte de un proletariado suburbano atravesado por el desempleo, la imposibilidad de acceder a una escuela de educación media o superior, y por más futuro inmediato el comercio informal o migrar a los Estados Unidos.
Los miles y miles de jóvenes sin boleto, entonces se agregaron en pandillas llamando la atención de antropólogos y aspirantes a cineastas. Así, el cuequense Juan Guerrero realizó entre 1982 y 1984 el documental Funki, en donde relata y da voz a la pandilla asistente a las tocadas de los moribundos hoyos Funki… “En concreto, ¿qué presenta Funki? Testimonios que pasan veloces y fragmentos de alguna tocada; más testimonios y más tocadas en una alternación que podría llegar al infinito vertiginoso…” Es un documental de un director naco, de nacos y para nacos, según Jorge Ayala Blanco.

Al mismo tiempo el colectivo Jim Morrison del CUEC (Oscar Eguía, Eugenio González Casanova, César Taboada), “pretende hacer sociología redentorista-política con la pandilla de Los Salvajes de Santa Fe, en donde “se ponían a pasear patrullas por ciudades perdidas y luego promovía al Consejo Popular Juvenil con el corto Abuso de autoridad (1983-1984); esta última junto con Una larga experiencia (1981) sobre el mítico Three Souls in my Mind realizado por Sergio García y ¿Cómo ves?, de Paul Leduc, filmada en 1985 y estrenada el 1 de agosto de 1986 van a contribuir a la estereotipación de la figura del chavo-banda, a quien seguramente les gustaba la música del Tri. Homogeneidad contracultural oficialista. Incluso, en Deveras me atrapaste Tenoch Ramos, protagonista de la película, refritea Abuso de autoridad muy Lora coyoacanense, para recrear ese imaginario correcto de la contracultura chilanga.
Al mismo tiempo fuera de la Santafas oficialista y del mimético cultisur; al norte, por los rumbos de la colonia San Felipe de Jesús llegaban otro grupo de nobeles cineastas, esta vez encabezado por Enrique Estevez del grupo de producción toluqueño de Gerardo Lara para rolar con el rodaje de Corazones de humo(1983).

De la periferia al centro
Los cinco integrantes del fundacional colectivo Punk Never Died del movimiento punk del norte de la Ciudad de México —Chucho, Ganzo, Cabezón, Koala, Silencioso— son proyectados en la pantalla bajo el formato 16 milímetros, para recrear el recorrido nómada suburbano punk. En las secuencias-escenarios se ve al Kabezón saliendo de los basureros de Santa Cruz Meyehualco hacia las calles de las colonias San Felipe de Jesús, la Aragón y la línea del metro Santa Anita-Martín Carrera y como fondo suburbano vemos los ejes viales y la crisis económica de la “década podrida” de los ochenta. Un norte suburbano envuelto en smog previo a las primeras contingencias ambientales.
El rumbo a lo desconocido de este colectivo no es algún departamento o un concierto en la zona centro de la ciudad, sino la tocada “a la que a huevo” tienen que llegar. El Silencioso con sus artes manuales roba un auto para llegar a la tocada. La agregación de la banda ocurre entre dichos, palabras, devaneos, carrilla y relato de los sucesos en las tocadas.
En el montaje-collage, Koala aparece laborando en una embotelladora clandestina de productos de limpieza y por extraño que parezca en esos años, Estevez, el director y guionista, intentó convertir a esta joven en personaje central de Corazones de humo. Koala se acicala muy punk y adquiere spray para grafitear sus consignas punk. Grafitea sobre una barda laminada Sex pitotes, más adelante, en un muro recién acabado de levantar, intenta hacer otra pinta pero los albañiles se lo impiden. Empieza el picudeo entre “maistros” y punks y resuelven moverse.

En breve road picture gestual y paisajístico llegan al anochecer al tokín en algún suburbio de la provincial Toluca; en donde se dan cita pandillas de distintos lugares de la suburbe. Unos reconocen el territorio, otros buscan apañar alguna bebida, mientras otros más intentan dar portazo. Pero la lucha de simbolización del territorio gana; se genera la bronca entre bandas. La policía llega con sus resonancias viriles gubernamentales y apaña a los integrantes del PND por ser los más extraños y estrafalarios.
Una razia más contra los “malvivientes” chavos-banda que buscaban encontrar a sus afines para intercambiar mensajes, furia, rabia contra un Estado y una sociedad en declive. El final del cortometraje está marcado por las rejas carcelarias con un estridente “no más presos” de La Polla Records. Y exclama más de un punk de la época, “pinche final tan jodido”. Claro, porque no corresponde a la postura punk de rebelión frente a la autoridad estatal.
Corazones de humo elude la mitificación victimista de la banda de Los Salvajes proyectada en el cortometraje Abuso de autoridad del colectivo Jim Morrison y la culturización homogénea que la clase media hace de la banda al identificar automáticamente la nueva-vieja música del Tri hasta con la banda punk. Visión derivada, tal vez, de aquel documental superochero Una larga experiencia (1981) sobre el mítico Three Souls in my Mind realizado por Sergio García, creador del cuarto cine —el contracultural—.

Enrique Estevez, el joven director de 24 años (1959-1987), con una gran sensibilidad dirige la lente del camarógrafo Eduardo Herrera, para mostrar en detalle la estética naciente del artista punk Ángel del crimen, quien fuera en ese momento integrante del colectivo Radiografía Urbana en la ENAP. La indumentaria intervenida de manera original se diferencia de la estética punk inglesa. Aquí funciona el reciclaje, la estética de la basura, el caló barrial-punk y la documentación de la actitud captada en las imágenes y las placas de producción que se vuelven piezas de arte conceptual punk.
Todos esos elementos, rápidamente, no por obra de la película, sino del movimiento, fueron recreados, retomados y significados en la ciudad a lo largo de la década del ochenta. Con una banda de ruido hardcore-punk-radical vasco y anexas, seguramente retomadas de las cintas que le llegaban al PND vía apartado postal: Kontuz Hi (Dejen paso libre), Iggy Pop (Lust for Life), Decibelios (Dodot no ha muerto), La Polla Records (No más presos).
Que marca la escisión audiovisual, ya que el relato se estanca en la versión chavo-bandesca y el soundtrack tiende a la radicalidad punk importada. Nada que ver.
La propuesta estética, temática, contracultural suburbana de Corazones de humo muestra su franca sintonía con la obra del grupo de cineastas toluqueños de Gerardo Lara. Quien realizó en la década del ochenta sus clásicas El Sheik del Calvario (1983), en donde Estevez colaboró en el guion; Diamante (1985), y posteriormente Un año perdido(1993). Con sus personajes marginales de barrio o la transformación de dos jóvenes mujeres a partir de una huelga universitaria en la UAEM. Gerardo Lara fue el productor y el co-guionista fue Juan Pablo Villaseñor, quien en 1997 dirigió Por si no te vuelvo a ver. Enrique Estevez pertenecía a este grupo de cineastas que miran al mundo desde sus personajes submetropolitanos o como dice la academia “de la periferia” o “la marginalidad”. Nada más que su propia juventud le hizo una mala jugada.

Lo cierto es que podemos observar que el cortometraje no tiene un montaje congruente y más bien parece un collage. Lo cual tiene un origen. De acuerdo al mito, se cuenta que Enrique era un buen motociclista que se desplazaba casi cotidianamente de Toluca al antiguo DF en su vehículo, hasta que un 9 de septiembre de 1987 encontró el sendero al otro mundo. Falleció a los 28 años como muchos artistas que se han negado a envejecer. Así el autor de Corazones de humo se encontró en la frecuencia de Eugenio González (Abuso de autoridad), quien falleció de la misma manera.
La ficha oficial de Corazones de humo acredita la edición a Enrique Estevez; aun así, no sabemos si realmente fue él quien terminó materialmente el montaje o alguno de los integrantes del equipo realizó este corto “casi de manera documental”, estrenado en 1991 en la VI Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara. “Corazones de humo da testimonio de un México desconocido e insólito para la clase media; el mundo del punk sórdido, contradictorio, doloroso”, como se describe en la sinopsis. He citado esta sinopsis oficial con el fin de remarcar la lectura victimológica de los curadores de la película.
El corto ustedes lo pueden visionar en YouTube, el cual se mueve entre las viejas y nuevas generaciones punk. Pero hay que mencionar que la película no mereció en su tiempo ninguna reseña, ni Enrique Estevez su director, recibió algún recordatorio por haber sembrado la semilla del cine punk mexicano en los medios audiovisuales. Valga esta reseña para su reconocimiento.

En cultisur Deveras me atrapaste
Al año siguiente, en 1984, el año del sanjuanicazo y las bombas molotov del Primero de Mayo contra Palacio Nacional, se realizó el rodaje de Deveras me atrapaste (estrenada en 1985) de Gerardo Pardo. Producida por Manchuria Producciones, y después comercializada por Manuel Barbachano Ponce para difundirla en cines comerciales. El guion fue escrito por Gerardo Pardo y Antonio Pardo y se estrenó en 1985. La película es protagonizada por Lucy Reina (Aida) y Gerardo de la Peña (Humo).
El título del largometraje oscila entre la referencia a la rola de The Kinks y la cretina fábula amorosa, en este caso protagonizada por un rockstar cultisureño “que regresa de ultratumba para enseñarle a consumir drogas a la provincianita fresota y ser sustituido por ella en un nefando conjunto de rock (de veras me atrofiaste)” (Ayala Blanco, dixit).
Aida, hija de un empresario tampiqueño (Claudio Brook), está comprometida con un joven político de aquella ciudad, a pesar de su futuro programado, decide (el público no sabrá qué o quién la indujo a tomar su decisión) huir de la comodidad del hogar paterno. Su amiga Laura, quien vive en unión libre con Tenoch (músico, integrante de la banda villana Newspaper y estudiante de comunicación en la UAM-X), le consigue un departamento. Aida se agrega a su grupo de amigos con quienes conoce el mundillo contracultural rockanrolero. Las fiestas, los “atacones” de drogas, los conciertos, efectuados siempre en espacios cerrados muestran la socialización contracultural sureña entre cuatro paredes, no así, en los espacios públicos o la calle.
La vida de Aida-sonámbula transcurre entre sus viajes psicóticos nocturnos, su abstemia por las drogas y prendida a su pequeña realidad. En su psicosis se enamora de Humo, arquetípico guitarrista de un grupo de rock, llamado Manchuria. Así, entre el sueño psicótico, surreal y la realidad del cerco policial patriarcal para regresarla a su hogar y el flujo contracultural clase media, Aida conoce la modernidad iluminada de la ciudad; los videojuegos, el video, la estética de neón, el cine de ciencia ficción —“Iti, go home”—, la imaginación literaria, la estridencia rockanrolera y el lenguaje cultisur que encuentra su fuente en la literatura de la onda.

Estos flujos contraculturales sureños encuentran en la literatura de José Agustín. Por cierto, no veremos a Aida leer al santón de la contracultura cultisur, eso sí quedará para la posteridad aquella secuencia donde habla doctamente sobre la obra de Parménides García Saldaña, fallecido en 1982, sin exequias mediáticas ni nada por el estilo.
Para realizar “Deveras me atrofiaste” (Ayala Blanco, dixit) los hermanos Pardo adaptaron el cuento “Miriam”, de René Avilés Fabila —incluido en el libro Lejos del Edén, la Tierra—.
“En apretada síntesis (cito a René Avilés Fabila), mi texto trata de un novelista (Juan Pablo) muerto prematuramente a quien le es permitido regresar para concluir su obra literaria maestra. La relación es compleja y comienza con encuentros en la casa donde vivió hace un lustro, ahora habitada por Miriam. Él se enamora de la joven, quien le corresponde. Más que un encuentro fantasmagórico, es poético. El convenio es no hacerse preguntas, únicamente deben amarse y llevar a cabo sus respectivas tareas para no romper la magia”.
A diferencia del cuento, el fantasma masculino del filme es rockanrolero y no escritor. Esa modificación dotó de identidad a la historia de los hermanos Pardo en un contexto de emergencia del llamado rock en español que oscilaba entre el rock importado de España y Argentina, pero cumplió con la proliferación de bandas locales que aspiran integrarse a la industria discográfica. Acotamos que Avilés Fabila, el escritor ondero, fue mentor de los hermanos Gerardo y Antonio Pardo, quienes además formaron la banda de rock progresivo-experimental Manchuria: Gerardo en la batería y Tony en la primera guitarra. Los también estudiantes de cine en el CCC escribieron el guion, dirigieron y musicalizaron el film. Digamos que como obra cinematográfica Deveras me atrapaste pretendió ser una obra total de arte contracultural.

Producida de forma independiente en formato 16 milímetros, finalmente fue transferida al de 35 milímetros para su proyección comercial por CLASA FILMS y Barbachano Ponce. Para que el gran público pudiera conocer la historia de Humo, guitarrista arquetípico, imaginario de cualquier banda de rock, muerto trágicamente en moto —una vez más, la muerte accidental del artista contracultural— quien elige a Aida para introducirla al mundo contracultural.
En primera instancia Aida se resiste, hasta que envuelta en sus dilemas familiares, decide no regresar al hogar patriarcal, para embarcarse en los viajes psicoactivos de transformación como reza el ideario iniciático contracultural y regresar al mundo real convirtiéndose en una cantante rockanrolera.
La trama muestra a los jóvenes rockeros acosados y violentados por la policía bajo el estigma “drogadictos”, “pandilleros” y “delincuentes”, pero porque son los amigos de Aida, la hija de un político. Aunque a diferencia de los rockanroleros suburbanos y punk, las bandas punk podían tocar en escuelas de educación media y superior, o antros clase media, así como los programas de la productora COMROCK (promovido por Ricardo Ochoa, de la banda Náhuatl). A pesar de aquella forzada secuencia de la incomprensión contracultural de un funcionario universitario.
En palabras de Gerardo Pardo, el director: “La película intenta simpatizar con este espíritu (el de los grupos mexicanos de rock) y se aleja de los discursos paternalistas de las películas juveniles que hicieron Enrique Guzmán y César Costa, pues en este caso no interesan los consejos de una juventud sana ni abordar el rock con ideologías de izquierda o derecha. Creemos que el rock se le puede tomar como una bandera de muchas causas sin hacerla tanto de peper. No necesita la bendición de los intelectuales, ni los aplausos de los funcionarios, es una forma de vivir que abarca todo”. En los Ariel, Deveras me atrapasteobtuvo nominaciones, entre ellas a Mejor Película y Mejor Dirección.

Acerca de la adaptación del cuento de René Avilés Fabila a la pantalla, en 2016, el escritor luego de haber visto la película de sus ex-alumnos en la Cineteca Nacional, escribió en su columna “Entre la literatura y el cine” publicada en Excélsior: “En la Cineteca, cuando concluía el filme, Gerardo Pardo acercándose me preguntó si mi llanto era de emoción. No, repuse, es producto de ver destrozada mi más bella historia amorosa. Por fortuna Juan Pablo (el personaje en el cuento de Avilés Fabila) regresó a su enigmático lugar de origen y Miriam se suicidó en pos de él. Ninguno verá el filme, acaso ni siquiera lean el relato donde los inventé”.
En fin. En Deveras me atrapaste Aida se integró al movimiento contracultural rokanrolero y dejó a Humo que regresara al Mictlán, al nicho de los jóvenes muertos, un mito que alimenta a las nuevas generaciones de rockanroleros de la década podrida.
Salida
Corazones de humo y Deveras me atrapaste son un par de piezas cinematográficas realizadas en medio de las crisis económicas, un estado autoritario-opresivo-represivo que configuran la Década Podrida para los jóvenes proletarios y clase media. Son dos mundos aparte, sin contacto en ese momento. Pero con gran desigualdad en cuanto a la manifestación de sus voces. Es significativo que la pieza de Gerardo Pardo haya tenido visibilidad de clase, fue exhibida en la Cineteca Nacional, aspiró a ganar el Ariel, fue invitada en sendos ciclos de cine independiente en el Palacio de Bellas Artes y en el CREA.

La pieza de Enrique Estevez, muerto prematuramente, quedó en el olvido, pero ahora muy visitada en YouTube. Aun así, no ha sido visionada por los críticos e historiadores. Tal vez se deba a que los especialistas del sur de la ciudad no quieren reconocer que un cineasta no chilango haya realizado el primer film punk, después vendrían otras producciones, muy vistas y hasta premiadas, pero que no llegan a plantear esa sincronía entre cineasta y actores naturales.
Para cerrar me interesa destacar que de manera imaginaria y punk Corazones de humo se conecta con Submetropolitanos. El video ensayo que dirigimos un servidor, Guadalupe Ochoa y Chucho Punk entre 1985 y 1990. Y que estrenamos por coincidencia en el mes de febrero de 1990 en el Museo Nacional de Culturas Populares, con una gran recepción por parte de los colectivos punk. Submetropolitanos inicia precisamente con un collage de imágenes de la producción de Corazones de humo y salta al presente para dar testimonio también del espíritu creativo de esa época punk.
Redacción
Pablo Gaytán Santiago
Pablo Gaytán Santiago es doctor en Ciencias Sociales por la UAMX, videasta y creactivista. Su trabajo investiga y documenta las culturas punk y anarquista, los movimientos suburbanos y la memoria social en México. Es autor de libros y ensayos, y realizador de documentales y videozines sobre contracultura y movimientos sociales.










