La imagen es un fósil de la cultura pop: una estrella captada por cámaras de seguridad ocultando un objeto insignificante en un bolso de lujo. Aunque también puede tratarse de una estrella manejando un perfil bajo mientras sustrae algo sin pagarlo. Hablamos de los famosos cleptómanos.
El ciclo es predecible: el arresto, el titular escandaloso y la pregunta simplista del público: ¿por qué alguien que puede pagarlo todo elegiría robar? Sin embargo, el análisis debe empezar donde termina el morbo.
La cleptomanía no es un acto de avaricia ni un robo por necesidad; es un trastorno del control de impulsos donde el objeto deja de ser una mercancía para convertirse en un fetiche de liberación.
En una industria que devora la identidad del individuo, el robo se vuelve un acto de control paradóxico: una forma de sentir algo real en medio de una vida coreografiada.
Winona Ryder: El rostro del estigma mediático
El caso de Winona Ryder en 2001 es el punto de referencia obligatorio. Captada en Saks Fifth Avenue sustrayendo prendas y accesorios, la actriz se convirtió en el blanco de una saña mediática que prefirió la narrativa de la «niña rica malcriada» antes que admitir una crisis de salud mental.
Lo que quedó expuesto fue la incapacidad del sistema para procesar la vulnerabilidad de quien lo tiene todo. Para Ryder, el robo fue un síntoma de una depresión profunda y el agotamiento de una carrera iniciada en la infancia. Su juicio no fue por el valor de los objetos, sino un castigo moralino a la fractura de la perfección que Hollywood exige a sus figuras.
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Mia Goth: La cleptomanía como exploración de la psique
Recientemente, Mia Goth, la nueva soberana del terror psicológico, ha hablado abiertamente sobre su relación con la cleptomanía. Para Goth, el acto de sustraer objetos no parece nacer de la carencia, sino de una curiosidad insaciable por habitar los márgenes de lo prohibido.
Al admitir esta pulsión, la actriz rompe con el tabú del «secreto vergonzoso» y lo sitúa en un plano de honestidad brutal: el robo como una forma de experimentar la realidad sin filtros. Su caso humaniza el trastorno y nos recuerda que, para algunos creadores, la línea entre la actuación y la transgresión de la norma social es casi inexistente.
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Ezra Miller: El colapso en el ojo público
En años recientes, Ezra Miller ha protagonizado una serie de incidentes que incluyen una acusación de robo en viviendas particulares. Lo de Miller parece estar ligado a una crisis de identidad y estabilidad mucho más errática.
Aquí la cleptomanía o el allanamiento para sustraer objetos se mezcla con un comportamiento disociativo que la industria intentó silenciar para proteger inversiones multimillonarias. El caso de Miller revela cómo las productoras solapan o ignoran las patologías de sus artistas hasta que el escándalo es imposible de contener, demostrando que el valor de la persona siempre está supeditado al valor de la franquicia.
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Lindsay Lohan: La cleptomanía como grito de atención
La trayectoria de Lindsay Lohan estuvo marcada por el robo de un collar en una joyería en Venice, California y otras acusaciones menores que sepultaron su carrera por años. En su caso, la pulsión parecía ser una extensión de una vida personal fragmentada por las adicciones y la vigilancia constante de los tabloides.
Robar un objeto de lujo que podía pagar era, quizá, la única forma de recuperar el protagonismo de una narrativa que ya no controlaba. La industria, en lugar de ofrecer contención, la convirtió en el chiste recurrente de la cultura pop, validando la idea de que en el mundo del espectáculo, la enfermedad es solo contenido para el próximo chisme.
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Courtney Love: El cuerpo como campo de batalla
Hablar de Courtney Love es asomarse a una de las trayectorias más frontales y dolorosas del rock. Si bien Love no ha admitido públicamente la cleptomanía, su historial de «desapariciones» de objetos de lujo y joyas en eventos ha sido una constante en la narrativa de su caos personal.
Sin embargo, su transparencia reciente revela una capa de vulnerabilidad física extrema: una anemia severa que casi le cuesta la vida en 2021, sumada a diagnósticos de cáncer y años de lucha contra la drogadicción. Estos problemas de salud críticos no solo debilitan el cuerpo, sino que alteran la química cerebral y el comportamiento.
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El robo como estética de la desesperación
Estos casos demuestran que el éxito absoluto puede producir un vacío absoluto. La cleptomanía es una búsqueda de adrenalina pura para perforar la anestesia del privilegio; una forma de «hackear» la realidad para sentir el miedo al arresto cuando ya no se siente nada más.
El sistema judicial y los medios de comunicación suelen estigmatizar la patología para proteger la mística del éxito, pero el individuo queda marcado por un estigma que la industria suele romantizar en la ficción mientras lo castiga brutalmente en la realidad. Bajo las luces de neón de la fama, siempre hay impulsos que el dinero no puede domesticar.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





