Cynthia Plaster Caster: archivera subversiva de la falocracia del rock
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Cynthia Plaster Caster: archivera subversiva de la falocracia del rock

La historia de Cynthia Albritton, mejor conocida como Cynthia Plaster Caster comienza con una paradoja: la timidez convertida en técnica. En el Chicago de finales de los años 60, mientras la ciudad ardía en protestas políticas y revoluciones culturales, Cynthia buscaba una forma de pertenecer a un mundo que la fascinaba pero que parecía diseñado para excluirla: el rock and roll. La solución no vino de la música, sino de la escultura.

Inspirada por una tarea de su profesor de arte que consistía en «moldear algo sólido que conservara su forma», Cynthia encontró en el alginato dental la herramienta perfecta para capturar la esencia de una era. El 25 de febrero de 1968, Jimi Hendrix se convirtió en el primer sujeto de lo que ella llamaría su «colección». La importancia de este momento no radica en el encuentro sexual, sino en el cambio de autoridad. En una habitación de hotel, el guitarrista más influyente del planeta tuvo que someterse a las instrucciones de una joven estudiante.

El proceso requería que el modelo permaneciera inmóvil, vulnerable y cubierto de una pasta fría de fraguado rápido. En ese instante, la jerarquía de la «Estrella de Rock» se disolvió. Hendrix no era un dios; era materia prima. Como bien analiza el obituario de The New York Times, este acto fundacional marcó el inicio de una carrera donde la mujer dejó de ser la observadora para convertirse en la cronista anatómica del poder.

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Fotografía documental del molde de yeso #00004 de Jimi Hendrix, realizado por Cynthia Plaster Caster en 1968, exhibido sobre una columna de mármol.

Las Plaster Casters: La logística del deseo y el archivo

Cynthia Plaster Caster no operaba sola. Entendiendo que la captura de la falocracia requería una infraestructura, formó el grupo de las Plaster Casters. Este equipo funcionaba con una división del trabajo casi industrial, dividida en roles que optimizaban la «recolección» de especímenes. Había una encargada de las relaciones públicas (convencer al músico), una asistente técnica (preparar la mezcla de alginato) y Cynthia, la artista principal, encargada de la ejecución del molde.

Esta logística de la captura permitía que las sesiones se llevaran a cabo con una eficiencia clínica en medio del caos de las giras. No era una orgía; era una sesión de casting. Cynthia estaba gestionando un archivo, no acumulando experiencias. Cada pieza era numerada, fechada y catalogada con la precisión de un entomólogo. Al estandarizar el proceso, Cynthia Plaster Caster eliminó el aura del artista. En su estantería, el molde de un músico de culto de la escena underground de Chicago tenía el mismo peso visual que el de una estrella de estadio. El yeso se convirtió en el gran ecualizador de la industria.

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Taxonomía de la falocracia: El objeto como subversión

Desde una perspectiva semiótica, el trabajo de Albritton es una respuesta directa al falocentrismo de la cultura occidental. En la historia del arte, el falo ha sido representado como un símbolo de erección eterna y poder absoluto (el obelisco, el tótem, el mástil). Cynthia Plaster Caster, sin embargo, capturó la realidad biográfica y falible del órgano. Al convertirlo en un objeto de yeso blanco y frío, despojó al «macho alfa» del rock de su principal herramienta de intimidación y seducción.

Esta taxonomía de la falocracia permitía al espectador (y a la propia artista) observar el poder desde una distancia segura. En una galería, los moldes alineados funcionan como una crítica silenciosa a la hipersexualización del rock. El impacto de esta obra ha sido validado por décadas de crítica cultural, puesto que desde 1968 hasta 2014, realizó más de 70 moldes de falos, principalmente de músicos de rock y punk, directores de gira, actores y artistas, entre ellos Jello Biafra de los Dead Kennedys, Pete Shelley de los Buzzcocks, el actor y cantante Anthony Newley e Ivan de los Flying Karamazov Brothers

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Cynthia Plaster Caster junto a su maleta original de 'The Plaster Casters of Chicago', parte de su archivo histórico de arte rock.

El secuestro del archivo: Cynthia Plaster Caster vs Cohen

La verdadera prueba de fuego para la legitimidad de su obra no ocurrió en un estudio, sino en una sala de justicia. En 1971, Cynthia Plaster Caster decidió que su colección era demasiado valiosa para correr riesgos en la carretera. Frank Zappa, quien se convirtió en su protector intelectual, le ofreció la bóveda de su mánager, Herb Cohen, para resguardar las piezas. Lo que Cynthia no previó fue que el sistema del rock, el mismo que ella había moldeado en yeso, intentaría apropiarse de su trabajo.

Cuando la relación entre Zappa y Cohen colapsó, el mánager se quedó con la colección como un rehén financiero. Cohen argumentó que, puesto que los moldes se habían realizado bajo el amparo de la «familia Zappa», las piezas pertenecían a la empresa. Esta disputa legal, documentada en el caso Albritton v. Cohen, es uno de los hitos más fascinantes de la propiedad intelectual en el arte. Durante años, Cynthia luchó para demostrar que ella era la autora intelectual y material de las esculturas.

La victoria de Cynthia Plaster Caster en 1991 fue un triunfo para la gestión cultural independiente. La corte reconoció que la técnica del casting, la selección de los sujetos y la curaduría de la colección constituían una obra de autor protegida. El hecho de que la industria intentara retener los moldes como activos económicos probó, irónicamente, que la obra de Cynthia era arte de alto valor y no un simple subproducto del fanatismo.

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El giro femenino: De la falocracia a la sororidad

Hacia el final de su vida, Cynthia Plaster Caster ejecutó un giro editorial que completó su visión del mundo. Bajo el nombre de «Breast Casters«, comenzó a moldear los pechos de mujeres artistas que admiraba, como Peaches y Karen O. Esta expansión de su archivo no fue un cambio de tema, sino una evolución de su método. Después de décadas de «desarmar» la masculinidad, decidió celebrar y registrar la potencia femenina.

Este acto de sororidad artística permitió que su archivo se convirtiera en un mapa completo de la anatomía creativa de una era. Cynthia Plaster Caster entendió que para que su taxonomía fuera justa, debía incluir a todas las fuerzas que movían el escenario. Al morir en 2022, dejó tras de sí no solo una colección de yesos, sino un manual de resistencia: la prueba de que se puede entrar al corazón del patriarcado, tomar lo que se necesita para el arte y salir con la propiedad intelectual en la mano.

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El silencio de los ídolos de Cynthia Plaster Caster

Cynthia Plaster Caster falleció en 2022, pero su archivo es hoy más relevante que nunca. Su legado, ahora resguardado por la ciencia en el Instituto Kinsey y celebrado por la industria en el Rock & Roll Hall of Fame, es la prueba de que se puede entrar al corazón del patriarcado y salir con la propiedad intelectual en la mano. Cynthia tuvo la última palabra porque tuvo el molde original. El rock calla; el yeso de Cynthia, ahora bajo la lupa de la academia, permanece como el registro más honesto y vulnerable de la historia del exceso.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola