Pinturas naturales: qué son, cómo se hacían antes del acrílico y por qué están regresando

Las pinturas naturales nos han acompañado a lo largo de la historia. Plantas, minerales y hasta insectos fueron parte de numerosas sociedades que emplearon técnicas y paletas distintas, según las necesidades de la época.
Por eso, más que una tendencia estética, hoy estamos viendo la elección profesional de las pinturas de base natural como parte de la conservación y la compatibilidad de proyectos modernos e históricos.
¿Qué son las pinturas naturales y en qué se diferencian de las industriales?
Las pinturas naturales son creadas a partir de aceites vegetales, cal, huevo, mucílago, gomas vegetales y colas animales, por mencionar algunos. Aunque sus ingredientes de base provienen de la naturaleza misma, no quiere decir que sean 100 % libres de tóxicos o de metales pesados, pues ciertos pigmentos históricos tienen un riesgo toxicológico importante, como el cinabrio, que es un sulfuro de mercurio.
Su nivel de seguridad dependerá de su formulación, concentración de componentes, vías de exposición, soporte y formas de aplicación.
Por su parte, las pinturas industriales, en su mayoría, son de origen petroquímico con resinas sintéticas, vinílicas, acrílicas o epóxicas. También podemos encontrar opciones de procedencia mixta que incluyen minerales y aditivos de distintas fuentes. Por eso la diferencia no es absoluta, sino que influye la composición y el soporte.

La composición básica: el equilibrio entre pigmentos naturales, aglutinantes y solventes
En la práctica no existen verdades absolutas. Por eso, es útil conocer algunos componentes básicos:
- Pigmento: aporta cobertura, opacidad y textura. En las formulaciones se emplean arcillas, tierras y minerales para obtener tonos terrosos o lacas derivadas de grana cochinilla para lograr rojos y tonos carmines.
- Aglutinante: es el que mantiene unidas las partículas de pigmento entre sí. Puede consolidarse por evaporación de agua, como ocurre con gomas y colas, por oxidación y polimerización en los aceites secantes o por una reacción química como sucede con la cal. Entre los más comunes destacan la caseína, el huevo y, en técnicas más específicas, las ceras naturales. Cada uno envejece de forma distinta: las colas animales reaccionan a los cambios de humedad, la caseína puede formar películas duras y quebradizas, y los aceites secantes cambian de color y rigidez conforme envejecen, como se detalla en las guías de conservación de pinturas del Canadian Conservation Institute.
- Agua y otros disolventes: facilitan la mezcla hasta alcanzar la viscosidad adecuada. También se han utilizado trementina o alcohol. Por esta razón, la etiqueta «libre de disolventes» no es sinónimo de un producto 100 % natural.
Una formulación con alta carga de pigmento y poco aglutinante tiende a dar un acabado mate, pero si el aglutinante no alcanza para mantener unidas las partículas, la capa puede quedar porosa y más propensa a perder material o volverse pulverulenta. Una mayor proporción de aglutinante suele producir superficies más saturadas o brillantes, aunque el resultado depende de cada mezcla.
Sus principales características y usos
De las características de la pintura depende el uso. Por eso, antes de elegir una opción, es importante comprender estos conceptos:
- Transpirabilidad: algunos acabados minerales, especialmente los encalados, permiten un intercambio mayor de vapor de agua que numerosos recubrimientos que forman películas continuas. Esto puede ser importante en soportes porosos como piedra, adobe, ladrillo o morteros de cal, donde una capa demasiado impermeable puede dificultar la salida de humedad. El National Park Service destaca precisamente la permeabilidad al vapor del encalado como una de sus características útiles en edificios históricos.
- Compatibilidad: la caseína puede formar una película mate y durable, pero también rígida y quebradiza, por lo que funciona mejor sobre soportes estables. Las colas animales responden a los cambios de humedad y pueden contraerse cuando el ambiente es demasiado seco. En pinturas murales y frescos, además, la humedad puede transportar sales hacia la superficie y provocar pérdida de cohesión, descamación o deterioro de las capas pictóricas.
- Aceites secantes: forman películas mediante procesos de oxidación que continúan después de que la superficie parece seca. Con los años pueden aumentar su rigidez, amarillear o desarrollar fisuras dependiendo del soporte y de las condiciones ambientales. El Canadian Conservation Institute documenta estos procesos de deterioro en pinturas.
- Durabilidad: varía según el tipo de pigmento, el aglutinante, la aplicación, el soporte, la exposición solar, la humedad, la lluvia, las sales y el mantenimiento.
Antes de aplicar pintura natural, es recomendable realizar una evaluación de la superficie para asegurar su compatibilidad y el acabado. Ninguna pintura por sí sola sirve para corregir problemas de humedad, filtraciones o presencia de sales.

Antes del acrílico: ¿cómo se hacían las pinturas en la antigüedad?
Empecemos por entender que las pinturas acrílicas utilizan polímeros sintéticos. Las emulsiones acrílicas para artistas comenzaron a comercializarse durante la década de 1950 y se extendieron durante los años sesenta: el Getty Conservation Institute documenta que Liquitex apareció como pintura de emulsión acrílica para artistas en 1956 y que para 1965 la mayoría de los fabricantes ya ofrecían sus propias líneas.
Antes de su expansión, los aglutinantes más usados incluían huevo, aceites secantes, gomas vegetales, caseína, colas animales, cera y cal, empleados según la técnica y el soporte.
Pero mucho antes de eso, en cavernas de distintas partes del mundo, expertos han encontrado pinturas rupestres de tonos rojos y pardos derivados de ocres y óxidos de hierro, blancos minerales y negros carbonosos.
De hecho, en el antiguo Egipto se documenta el uso de malaquita molida para verdes y óxidos de hierro para rojos y amarillos, carbón para tonos negros y compuestos de cobre para azules, como se detalla en el glosario de materiales del proyecto Mummy Portraits of Roman Egypt del Getty, mientras que otras culturas mezclaban pigmentos y resinas naturales para embarcaciones, armas y artefactos cotidianos.
Así que la composición exacta de las pinturas antiguas varía según la región, la época y la disponibilidad de elementos locales.
Pigmentos orgánicos e inorgánicos
Si volvemos la mirada a cómo se hacían las pinturas naturales, nos encontraremos con una clasificación de sus elementos:
- Orgánicos: las especies del género Indigofera eran las responsables de la materia prima para dar con el tono índigo o añil. Del insecto Dactylopius coccus se obtenía la grana cochinilla que produce el tono carmín o rojo intenso; para ser utilizado en pinturas podía fijarse en un sustrato mineral y convertirse en un tipo de laca. Las flores, lacas de plantas, savias, resinas, ciertas maderas y frutos aportaban varios colores según su especie y combinación con otros elementos.
- Inorgánicos: de óxidos e hidróxidos de hierro mezclados con la arcilla y otros minerales se conseguía el amarillo, rojo y ocres pardos. La calcita proporcionaba el blanco o también se utilizaba como agente de carga.
- Materiales carbonosos: del carbón vegetal se obtenía el color negro. Pese a que su origen es orgánico, su composición está influida por el carbono.
El papel de los aglutinantes tradicionales
Para que el pigmento se fije a la superficie requiere de un aglutinante, por lo que históricamente se recurría a:
- El mucílago de nopal: puede mejorar la adhesión y la plasticidad de morteros y capas pictóricas, según la formulación documentada por el INAH en sus estudios de conservación.
- La caseína: forma películas durables y mates, aunque una vez seca puede resultar quebradiza, por lo que requiere soportes suficientemente estables.
- La clara de huevo: crea una película transparente en manuscritos y pintura decorativa.
- La yema de huevo: es el aglutinante característico de numerosas técnicas de témpera.
- Las gomas: forman películas transparentes que funcionan en acuarela, tinta y otras técnicas.
- Las colas animales: sirven como aglutinantes en pinturas al temple, pero son sensibles a las variaciones de humedad.
- Los aceites: linaza, amapola, nuez y otros aceites secantes aportan brillo y profundidad. Su endurecimiento ocurre mediante procesos de oxidación y polimerización que continúan durante el envejecimiento.
- Otros aglutinantes: la cera de abeja se fundía hasta convertirse en una pasta bastante estable, pero es sensible al calor, a la acumulación de suciedad y a la deformación, así que su durabilidad depende de la técnica y la conservación.

Los pigmentos naturales en México y el mundo: una historia de la pintura universal
En los tiempos prehispánicos en México y el resto del mundo, se emplearon diversos pigmentos naturales para teñir indumentaria, cestería, instrumentos decorativos y musicales, así como pintar murales que hoy son parte de la historia.
El arte mural de Teotihuacán
Los murales teotihuacanos se realizaron sobre soportes de estuco y otros componentes minerales. Los investigadores del INAH en conjunto con la UNAM identificaron hematita y cinabrio en murales del complejo de Quetzalpapálotl, los cuales fueron utilizados para obtener pigmentos de color rojizo en decoraciones que datan entre los años 200 y 350 d.C.
Los murales mayas
El reconocido azul maya es una de las más notables innovaciones de la América prehispánica. Su composición fundamental combina índigo o añil con paligorskita, una arcilla presente en yacimientos de la península de Yucatán y otras regiones. Esta mezcla de un colorante orgánico y un mineral está bien establecida y ayuda a explicar la extraordinaria estabilidad del pigmento.
Lo que todavía se estudia con mayor detalle es cómo se relacionan ambos materiales durante su preparación. El calentamiento favorece la interacción del índigo con la paligorskita y puede permitir que parte del colorante penetre en los canales microscópicos de la arcilla. Investigaciones experimentales sobre el azul maya también han comprobado que las condiciones de calentamiento influyen en el color y la resistencia del pigmento. Las preguntas actuales se concentran, por eso, en esos mecanismos y en reconstruir con mayor precisión cómo se preparaba históricamente.
La pintura novohispana
El arte novohispano nació del cruce entre modelos europeos, recursos de América y conocimientos indígenas. Pero no todas las obras tuvieron la misma mezcla, pues se diferenciaban según la fecha, la región, el soporte y el origen. Por eso, identificar los materiales exactos requiere un análisis individual.
Por ejemplo, en la pintura de caballete de los siglos XVII y XVIII se identificó el añil como parte de la pintura novohispana. Este pigmento de origen mesoamericano se obtiene de las plantas de la Indigofera y continuó utilizándose en obras de caballete del periodo colonial y posiblemente en murales. Su deterioro y los materiales asociados continúan siendo objeto de estudio, como muestra la investigación de María Castañeda Delgado publicada por el INAH.
La pintura mural también permite observar cómo cambiaron —y en algunos casos permanecieron— ciertos materiales después de la Conquista. En el exconvento de Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca, construido en el siglo XVI, un estudio publicado por Intervención, revista del INAH, identificó cinabrio o bermellón, oropimente y negro de hueso en una de sus etapas pictóricas.
La presencia del cinabrio resulta especialmente interesante porque este mineral también se utilizaba antes de la Conquista, como vimos en Teotihuacán. No basta para afirmar que las técnicas prehispánicas continuaron intactas durante el periodo novohispano, pero sí ayuda a entender que algunos materiales conocidos en el territorio siguieron formando parte de nuevas tradiciones pictóricas.
El azul ultramar natural del lapislázuli —cuya principal fase coloreada es la lazurita— procedente históricamente, entre otras regiones, de Badajshán, Afganistán, tuvo un gran valor en Europa durante la Edad Media y el Renacimiento y fue empleado en zonas de especial importancia visual y simbólica, como explica este análisis del Smithsonian sobre el uso histórico del lapislázuli.
En el fresco italiano conviene distinguir procedimientos distintos. En el buon fresco, los pigmentos compatibles con la cal se dispersan en agua y se aplican sobre un enlucido todavía húmedo de cal y arena. Conforme la cal reacciona con el dióxido de carbono del aire y vuelve a convertirse en carbonato de calcio, el pigmento queda fijado en la superficie durante el proceso de carbonatación.
Pigmentos como la azurita y el lapislázuli podían tolerar mal la alcalinidad del enlucido fresco, por lo que se aplicaban a tempera o a secco sobre una preparación previa. La Enciclopedia dell’Arte Medievale de Treccani distingue estas aplicaciones del buon fresco. La pintura mural realizada con aceites corresponde a otro procedimiento sobre superficies preparadas o secas y no debe confundirse con la técnica al fresco.
En distintas tradiciones locales del Sahel y África subsahariana —como murales en Burkina Faso o la mampostería de Malí— documentadas por ICCROM, la arcilla, el ocre y el carbón conformaron parte de la paleta local empleada en la conservación y mantenimiento de estas obras.
Esta convergencia muestra cómo distintas culturas resolvieron el color con los recursos biológicos, comerciales y geológicos que tenían a mano: minerales, plantas, aceites, resinas y recursos animales que se adaptaban según la técnica y la región.
¿Por qué las pinturas naturales están regresando?
Las pinturas naturales están de regreso por necesidades técnicas, patrimoniales y ambientales en la construcción y conservación.
- Conservación histórica: la restauración de la mampostería histórica exige respetar materiales compatibles con los originales.
- Bioconstrucción y construcción sostenible: las pinturas minerales de cal y ciertos sistemas pueden evitar que se forme una membrana plástica continua, permitiendo una mayor permeabilidad al vapor. Pero no son una solución universal, pues su desempeño depende de la técnica, el soporte y las condiciones ambientales.
- Aplicaciones contemporáneas y pinturas ecológicas: existe interés por materiales que puedan mantenerse y repararse sin generar incompatibilidades con el soporte, además de reducir ciertos impactos ambientales.
- Oficios tradicionales: caleros, estucadores, yeseros y maestros de temple siguen siendo necesarios para preparar morteros compatibles, ajustar granulometrías y trabajar acabados tradicionales.
Y no es solo una recuperación teórica. En el Cementerio Viejo de Manatí, Puerto Rico, por ejemplo, el National Park Service documentó trabajos de conservación en los que se retiraron pinturas modernas deterioradas y se recuperó el uso de encalados en monumentos históricos. El caso ayuda a entender por qué un material tradicional puede volver a utilizarse: no por nostalgia, sino porque su comportamiento puede resultar más compatible con determinados soportes antiguos.
En conservación de edificios históricos continúa aplicándose el mismo criterio. Historic England recomienda acabados de cal permeables en ciertos muros y revocos tradicionales, especialmente cuando recubrimientos demasiado impermeables pueden dificultar la salida de humedad.
Esto no quiere decir que la pintura natural sea la mejor opción o que la pintura sintética sea inadecuada, pues esto depende de la compatibilidad, para lo cual hay que realizar un diagnóstico y ensayo previo.

¿Todavía se pueden fabricar y utilizar pinturas naturales en la actualidad?
Sí. Si bien la cal y la arcilla no desaparecieron del todo de la construcción tradicional, hoy existe un interés renovado por estos materiales en cuatro áreas específicas:
- Fachadas y muros: la cal y la arcilla se utilizan en morteros, estucos y acabados para restauración, construcción con tierra y bioconstrucción.
- Revestimientos interiores: la caseína y otras proteínas pueden emplearse en preparados para morteros interiores y yeso.
- Acabados en madera: los aceites secantes siguen utilizándose para trabajar muebles, puertas, vigas y otros elementos de madera.
- Artes y decoraciones: los pigmentos de tierra y minerales continúan formando parte de acuarelas, óleos, témperas, tintas y revestimientos decorativos.
Las pinturas de base natural pueden ser una alternativa vigente para las exigencias del patrimonio histórico y ciertas prácticas contemporáneas, siempre que su composición, aplicación y compatibilidad hayan sido evaluadas previamente.
Ventajas y limitaciones de las pinturas naturales frente a las opciones sintéticas
A continuación se presenta una comparativa general. El comportamiento real siempre dependerá de la formulación y del soporte. Para estas diferencias técnicas son especialmente útiles los estudios del Getty Conservation Institute sobre pinturas modernas, las recomendaciones de conservación de mampostería histórica y la documentación sobre emisiones y curado de recubrimientos.
| Criterio | Formulaciones de base mineral / natural | Formulaciones sintéticas e industriales |
|---|---|---|
| Relación con el soporte | Pueden funcionar bien con cal, piedra, tierra, yeso y morteros porosos cuando son compatibles con las capas existentes. | Pueden funcionar bien en soportes modernos, pero algunas películas poco permeables pueden generar problemas en mampostería histórica. |
| Envejecimiento | Puede aparecer pérdida de cohesión, pulverulencia, amarilleamiento o rigidez según el aglutinante, la humedad y la exposición. | También pueden aparecer fisuras, pérdida de flexibilidad, cambios de color o desprendimientos según la resina y las condiciones ambientales. |
| COV | Las mezclas minerales acuosas pueden tener emisiones bajas, pero los aceites y disolventes naturales también pueden emitir compuestos orgánicos volátiles. | Las pinturas al agua suelen emitir menos COV que las formuladas con disolventes orgánicos, aunque las emisiones no desaparecen automáticamente al secarse la superficie. El Canadian Conservation Institute explica que pueden continuar durante el secado y curado. |
| Uniformidad | Puede variar por el origen de los materiales, la granulometría, la mezcla y la absorción del soporte. | La fabricación industrial ofrece mayor control entre lotes en color, viscosidad y brillo. |
| Secado y curado | Las gomas y colas dependen principalmente de la evaporación; la cal carbonata y los aceites secantes endurecen por oxidación y polimerización. | El secado puede combinar evaporación y formación posterior de película; el curado completo depende de la resina y de las condiciones ambientales. |
| Reparación futura | Algunos encalados y acabados minerales pueden reaplicarse de forma gradual si el soporte se mantiene estable. | Algunos recubrimientos envejecidos pueden ser difíciles de retirar de superficies porosas sin afectar el material original; las guías del National Park Service sobre limpieza de mampostería histórica advierten sobre estas dificultades. |
El legado del color
Si las pinturas naturales se siguen utilizando es porque el conocimiento tradicional se ha mantenido en el tiempo. Por eso su uso actual abre una conversación muy interesante sobre el impacto ambiental y la afinidad de los materiales, sin tratar de invalidar las opciones industriales. Su regreso no debe interpretarse como un rechazo pleno a la industria o como una fijación al pasado.
Porque el color nunca fue un elemento más, sino que la sostenibilidad de una pintura también viene marcada por la compatibilidad, la durabilidad y la conservación de la memoria de los oficios, sin dejar a un lado las necesidades de cada proyecto.
Pero la decisión final dependerá de una evaluación completa, comprendiendo sus posibilidades, sus límites y lo que funciona mejor en cada contexto.
Redacción
Deilis Guevara
Deilis Guevara es redactora de contenidos y estratega digital con más de diez años de experiencia en investigación documental y escritura SEO. Formada en turismo y hotelería, ha colaborado con marcas y agencias de Europa y Latinoamérica, creando artículos, guías y contenidos especializados en viajes, cultura y estilo de vida.
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