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MODA6 octubre, 2026

¿Por qué la moda sigue copiando la ropa de los trabajadores? La historia del workwear

¿Por qué la moda sigue copiando la ropa de los trabajadores? La historia del workwear
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Las prendas obreras que conquistaron las pasarelas

Muchas de las prendas que hoy son tendencia en la moda nacieron fuera de las pasarelas. En sus inicios fueron pensadas para las largas jornadas de trabajo en talleres, minas, fábricas o campos. Eran piezas creadas para proteger el cuerpo, durar y facilitar el movimiento.

Antes de convertirse en lo que hoy representan, las botas robustas, por ejemplo, protegían los pies de quienes realizaban trabajos pesados o se enfrentaban a ambientes hostiles en el campo, las fábricas o la construcción. Con el paso del tiempo, muchas de estas prendas dejaron de pertenecer únicamente a los obreros. Por consiguiente, comenzaron a circular entre otras clases sociales y comunidades.

Esta es una de las paradojas del workwear o la ropa de los trabajadores: mientras más lejos está de los talleres o las minas que inspiraron originalmente sus formas, más interés despierta en el imaginario colectivo.

¿Por qué todavía usamos ropa que fue creada para trabajar? La respuesta es mucho más profunda y va más allá de la nostalgia o la comodidad. Asimismo, se relaciona con la funcionalidad y con los nuevos significados culturales que una prenda puede adquirir.

¿Qué es el workwear y por qué resulta tan atractivo para la industria de la moda?

El workwear o ropa de trabajo hace referencia a la indumentaria creada originalmente para ofrecer protección, resistencia y libertad de movimiento a trabajadores de fábricas, campos, talleres, minas o ferrocarriles. Es decir, estas prendas nacieron para resolver una necesidad concreta. Sin embargo, con el tiempo también adquirieron un valor cultural.

Esto ocurre porque la ropa no conserva necesariamente el mismo significado con el que apareció. Puede cambiar de comunidad, de época y de contexto, y con ello cambia también lo que representa. El teórico cultural Dick Hebdige estudió precisamente cómo las subculturas toman objetos y formas de vestir ya existentes para atribuirles significados diferentes.

En el caso particular de la ropa obrera, piezas creadas para soportar largas jornadas y proteger a los trabajadores terminaron convertidas, en otros espacios, en símbolos de identidad.

Quizá este es el mayor atractivo del workwear, pues la industria de la moda siempre busca algo capaz de mantenerse vigente. Sin embargo, la robustez de unas botas, un pantalón desgastado o los bolsillos de una chaqueta ofrecen algo más fascinante: una historia de esfuerzo y cotidianidad.

Frente a las tendencias fugaces, estas prendas ofrecen una apariencia que responde a la funcionalidad y no depende necesariamente de una temporada. También establecen una conexión con el imaginario de la clase trabajadora y el esfuerzo físico. Además, se mezclan con ropa deportiva, streetwear e incluso prendas formales.

Por otro lado, el workwear se ha relacionado históricamente con determinados ideales de masculinidad. La socióloga Raewyn Connell ha estudiado cómo los modelos masculinos son construcciones sociales que cambian con el tiempo y entre comunidades. En este caso, códigos como la fuerza física, el trabajo manual y las prendas robustas quedaron asociados durante décadas con la imagen del hombre que realizaba tareas pesadas. No obstante, ninguno de estos códigos sea exclusivo de los hombres ni permanezca fijo.

Lo cierto es que la funcionalidad terminó adquiriendo valor como señal de autenticidad. Las subculturas y el streetwear tomaron prendas que ya existían y las mantuvieron circulando en nuevos contextos. Sencillez, nostalgia industrial, durabilidad y utilidad sobrevivieron a su función original y convirtieron ropa creada para tareas concretas en iconos culturales.

Página de catálogo de 1928 con overoles, chaquetas y ropa de trabajo de mezclilla para hombres.
Overoles, chaquetas y conjuntos utilitarios aparecen como ropa funcional para trabajadores en una página del catálogo de The Charles William Stores de 1928–1929. Fuente: The Charles William Stores, p. 242.

Cómo la ropa de trabajo se convirtió en un icono de moda

No todas estas prendas salieron de las fábricas y los entornos laborales para saltar directamente a la moda. Algunas recorrieron caminos muy distintos. Sin embargo, tenían algo en común: procedían de entornos donde la ropa debía resistir, durar, proteger o facilitar el movimiento. Además, fueron esas mismas características las que después llamaron la atención de nuevas generaciones.

Cuando la resistencia adquirió otro significado

Los jeans tal vez sean el mejor ejemplo de cómo una característica pensada para la funcionalidad terminó adquiriendo un valor cultural. El denim se hizo popular como ropa de trabajo por su resistencia. Sin embargo, la historia de los jeans con remaches comenzó cuando el sastre Jacob Davis buscó una solución para reforzar los puntos donde los pantalones solían romperse.

Davis colocó remaches metálicos en zonas de tensión, como las esquinas de los bolsillos, y propuso a su proveedor de tela, Levi Strauss, registrar la idea juntos. El 20 de mayo de 1873, Jacob Davis y Levi Strauss obtuvieron la patente estadounidense para reforzar pantalones de trabajo con remaches, fecha asociada con el nacimiento del blue jean moderno.

Después, los jeans abandonaron poco a poco su asociación exclusiva con el trabajo. Pasaron por el western, el cine y las culturas juveniles hasta adquirir un significado relacionado con independencia y transgresión. La resistencia que justificó los remaches siguió allí, pero el pantalón dejó de hablar únicamente del trabajo físico.

Algo similar ocurrió con la chamarra de mezclilla. La prenda que hoy conocemos atravesó varias transformaciones dentro de Levi’s: la Type I, entonces denominada “blouse”, apareció en 1905, mientras que la Type II llegó después y en 1967 la Type III quedó identificada como Lot 70505, antecedente directo de la actual Trucker Jacket. Su construcción resistente, los bolsillos y la capacidad del denim para soportar el uso ayudaron a que la chamarra saliera del ámbito laboral. Además, encontró lugar en el rock, las escenas juveniles y la ropa de calle.

Anuncio de Timberland de los años ochenta muestra una bota de trabajo abierta para destacar su cuero, aislamiento y suela resistente.
Anuncio de Timberland de finales de los años ochenta perteneciente a la campaña “More Quality Than You May Ever Need”, lanzada en 1986 mientras la marca ampliaba su público más allá del trabajo y el outdoor. Imagen publicitaria: Timberland.

Las nuevas escenas cambiaron el significado de una prenda

La historia del workwear comenzó a volverse especialmente interesante cuando estas piezas fueron adoptadas por personas que ya no las necesitaban para aquello que habían sido creadas. Las subculturas juveniles encontraron algo más que funcionalidad: una bota podía transmitir dureza, una hoodie convertirse en una señal de cultura urbana y una prenda industrial podía expresar pertenencia.

En el caso de la sudadera con capucha, la hoodie surgió en Champion durante la década de 1930 como una prenda de calentamiento y protección contra el frío para atletas. Con el tiempo, su uso se extendió entre estudiantes universitarios y después encontró un lugar importante en el hip-hop de Nueva York, el graffiti, el breakdance y el skate. Hoy es una pieza cotidiana y ya no necesita estar asociada al deporte para tener sentido.

Otro ejemplo notable es Dr. Martens, cuya historia no comienza exactamente con la marca británica que conocemos hoy. En la Alemania de posguerra, Klaus Maertens y Herbert Funck desarrollaron una suela con cámara de aire. A finales de los años cincuenta, Bill Griggs adquirió la licencia de aquella tecnología y la adaptó a una bota pensada para trabajadores británicos: la primera Dr. Martens 1460 salió de producción el 1 de abril de 1960, fecha de la que tomó su nombre.

Durante sus primeros años fue una bota de trabajo utilizada, entre otros, por mineros, carteros y personal sanitario. Después entró en la música y diferentes escenas británicas —del ska y el punk al goth— la convirtieron en una señal de identidad. La resistencia dejó de ser su único valor: la bota también podía decir qué música escuchabas o con qué grupo querías identificarte.

Décadas más tarde sucedió algo parecido con Timberland. La historia de la empresa comienza con Nathan Swartz, quien entró a la Abington Shoe Company y posteriormente incorporó a sus hijos al negocio. La familia trasladó la producción a New Hampshire, en una región donde el clima exigía calzado capaz de soportar lluvia, nieve y cambios bruscos de temperatura. Nathan Swartz tomó el control de la compañía en 1955 y sus hijos se incorporaron posteriormente a la empresa familiar.

En 1973 apareció la bota original Timberland, creada alrededor de las condiciones del clima de Nueva Inglaterra y del trabajo al aire libre. Su cuero impermeable y su construcción resistente respondían a una necesidad práctica, pero con los años la misma bota encontró un público muy distinto. La Original Timberland Boot de 1973 estableció nuevos estándares de impermeabilidad para una bota de cuero y más tarde fue adoptada por la cultura urbana y el hip-hop, especialmente durante los años ochenta y noventa.

En 2023, el Nieuwe Instituut de Rotterdam dedicó la exposición Workwear: A Different Kind of Fashion a esta migración de las prendas: ropa creada originalmente como herramienta de protección que pasó de fábricas, talleres o entornos militares a las calles, los museos y las pasarelas. Incluso códigos como M-65 o 501 bastan hoy para evocar determinadas prendas.

Tupac Shakur con conjunto holgado de mezclilla, bandana y botas de trabajo amarillas en una escena nocturna.

El uniforme se convirtió en identidad

El overol y la chore coat también nacieron para facilitar el trabajo y proteger la ropa de ferroviarios, agricultores y otros trabajadores. Sin embargo, dejaron de funcionar estrictamente como uniformes para comenzar a representar comunidad, oficio y pertenencia.

El recorrido del overol también recuerda que la historia del workwear no pertenece únicamente a los hombres. Las mujeres usaron pantalones, overoles y prendas de una pieza en distintos trabajos industriales. Durante la Segunda Guerra Mundial este cambio se hizo especialmente visible en Estados Unidos. Allí, millones ocuparon puestos industriales mientras una parte importante de los hombres estaba en las Fuerzas Armadas.

La ropa tuvo que adaptarse a esa realidad. En 1940, la División de Ropa y Textiles de la Oficina de Economía Doméstica del Departamento de Agricultura estadounidense presentó prendas para las nuevas trabajadoras industriales. Para 1941, ya circulaban diseños de overoles, pantalones y trajes de una sola pieza que reducían riesgos frente a las faldas o mangas sueltas y añadían bolsillos útiles para la jornada. El Smithsonian conserva estos diseños de ropa creada para mujeres que entraban a fábricas y otros trabajos industriales.

La chore coat, por su parte, tiene raíces en la ropa laboral europea del siglo XIX. Su corte holgado, el cierre frontal y los bolsillos amplios resolvían necesidades muy concretas de agricultores, ferroviarios y trabajadores manuales: cubrir la ropa, moverse con facilidad y tener herramientas u objetos pequeños al alcance.

Dentro de esta historia, Carhartt tomó un camino propio. En 1992, las prendas de Carhartt ganaron presencia entre raperos, grafiteros y jóvenes de escenas callejeras, atraídos por su resistencia y su apariencia utilitaria. Más tarde el skate y el BMX también incorporaron piezas de la firma, llevando ropa asociada con oficios físicos hacia otro espacio cultural.

Los cargo pants nacieron alrededor de una necesidad igualmente directa: tener objetos y equipo al alcance de la mano. Sus grandes bolsillos laterales estaban vinculados a uniformes militares y esa característica terminó sobreviviendo al cambio de contexto. Para los años noventa, el cargo ya estaba instalado fuera del uniforme. Además, Jean Paul Gaultier utilizó pantalones cargo de inspiración militar en un conjunto de 1994 conservado por el Metropolitan Museum of Art. Los bolsillos siguieron allí, aunque su función ya podía ser tan visual como práctica.

De las fábricas a las pasarelas: workwear, streetwear y lujo

El salto desde las fábricas hacia las pasarelas no fue directo. Entre ambos espacios estuvieron las subculturas, la música y después el streetwear. Por lo tanto, fueron estas comunidades las que primero separaron muchas prendas de su función laboral y descubrieron que su resistencia, su amplitud o sus bolsillos también podían expresar identidad.

Por eso, cuando diseñadores y firmas de lujo comenzaron a mirar el workwear, encontraron tejidos capaces de soportar el uso. Además, hallaron siluetas que permitían el movimiento, bolsillos nacidos de necesidades reales, costuras visibles, cierres robustos y superficies que cambiaban con el desgaste.

Massimo Osti llevó muchas de estas características hacia la moda urbana. Su interés por la ropa militar y utilitaria estaba en la construcción de las prendas, los materiales y sus acabados. En 1982 creó Tela Stella para Stone Island, una lona de inspiración militar sometida a tratamientos que modificaban su apariencia. Sin embargo, conservaba esa sensación de material resistente y preparado para el uso.

Elsa Schiaparelli había explorado décadas antes otra posibilidad. En su colección Cash and Carry, presentada en el invierno de 1939, incorporó grandes bolsillos que permitían transportar objetos sin depender de un bolso. Una solución práctica relacionada con el contexto de guerra terminó dentro de la alta costura.

Antes de que una firma de lujo presentara botas pesadas, chamarras de trabajo o pantalones cargo en una pasarela, músicos, skaters, grafiteros y jóvenes ya habían separado muchas de estas prendas de su significado laboral. Por otra parte, el streetwear permitió que conservaran las huellas de su origen mientras comenzaban a representar otras comunidades.

Pierre Bourdieu relacionó el gusto y las elecciones cotidianas con la posición social. Desde esa lectura, una chaqueta de trabajo puede pasar de ser parte de las herramientas de un obrero a ser consumida por otro grupo. Por ende, ahora tiene otro precio, materiales y contexto. La prenda puede seguir siendo reconocible, pero su valor social cambia.

También las subculturas modifican esos significados, como estudió Hebdige. Unos jeans, unas botas o una hoodie no dicen lo mismo en todos los espacios. Depende de quién los use, cómo los combine y qué comunidad los adopte. Por eso, la historia del workwear también está atravesada por clase, música, género, calle y consumo.

Look de Jean Paul Gaultier de 1994 con pantalones estampados, top utilitario, corbata, guantes y botas negras en pasarela.
Jean Paul Gaultier mezcló códigos militares, utilitarios, graffiti y cultura callejera en su colección Les Tatouages de Primavera/Verano 1994. Foto de pasarela: Condé Nast Archive

¿Por qué el workwear sigue regresando a la moda?

Luego de este recorrido podemos entender mejor por qué la moda sigue regresando a la ropa de los trabajadores. Hay elementos que las prendas actuales intentan reproducir —resistencia, comodidad, utilidad, amplitud— pero que en el workwear aparecieron porque alguien realmente los necesitaba.

Un bolsillo existe porque alguien alguna vez necesitaba guardar algo mientras trabajaba. El tejido es resistente porque el entorno podía ser duro y exigía prendas capaces de soportar la jornada. Incluso el desgaste que hoy se reproduce artificialmente fue durante mucho tiempo una consecuencia del uso.

Esa historia todavía se puede ver y tocar en el denim grueso, la lona, el cuero, los bolsillos amplios, los remaches, las costuras reforzadas y las botas preparadas para durar.

En estas prendas siguen presentes la nostalgia industrial, la durabilidad, los materiales resistentes, la autenticidad y la posibilidad de mezclarlas con streetwear o ropa formal. Frente a prendas pensadas para una temporada breve, la ropa utilitaria conserva una ventaja bastante sencilla. Muchas de las soluciones para las que fue creada todavía funcionan.

Redacción

Isbelia Farias

Isbelia Farías es licenciada y magíster en Filosofía y doctora en Ciencias Sociales, con formación en difusión cultural. Escribe sobre arte, literatura y cultura desde una perspectiva filosófica, con especial atención a los símbolos, las identidades colectivas y las voces excluidas de los centros de poder.

LinkedIn:Isbelia Farías

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