El anuncio de la retrospectiva «Desbocadas» en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile ha reavivado el interés global por una de las duplas más disruptivas de la historia reciente. Comprender quiénes eran las Yeguas del Apocalipsis requiere sumergirse en la intersección de la literatura, el performance y el activismo radical.
Este colectivo, integrado por los escritores y artistas Pedro Lemebel y Francisco Casas, no solo desafió la dictadura de Augusto Pinochet, sino que fragmentó la pulcritud del arte institucional para visibilizar las disidencias sexuales en un contexto de represión y silencio.
Inauguran Plaza de las Mujeres Trans Indómitas en la Cineteca Nacional

El origen de una insurgencia estética
Para situar geográficamente este fenómeno, es vital recordar de dónde eran las Yeguas del Apocalipsis. El colectivo nació y operó principalmente en la ciudad de Santiago de Chile, emergiendo en 1987 desde los márgenes de la escena cultural de la transición.
Santiago no fue solo su escenario, sino su material de trabajo; sus calles, teatros y edificios gubernamentales fueron testigos de intervenciones que buscaban quebrar la normalidad impuesta por el régimen. La capital chilena, con sus heridas políticas y su conservadurismo religioso, sirvió como el contraste perfecto para la estética barroca, pobre y marginal que Lemebel y Casas defendían.
Edmund White: el escritor queer que documentó la crisis del SIDA

La gramática del performance: ¿Qué hacían las Yeguas del Apocalipsis?
La pregunta sobre qué hacían las Yeguas del Apocalipsis encuentra su respuesta en una serie de acciones efímeras de alto impacto simbólico. Su trabajo se basaba en el «aparecimiento» no invitado en eventos públicos, lanzamientos de libros y marchas de derechos humanos.
Acciones icónicas como Las dos Fridas, donde recrearon el cuadro de Frida Kahlo unidos por una vía de suero, o su entrada desnudos a caballo en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, son ejemplos de cómo utilizaban su propia piel para denunciar el impacto del VIH/Sida y la homofobia estructural.
Estas performances no buscaban la complacencia estética, sino la confrontación. Al utilizar materiales precarios —cal, sangre, plumas o maquillaje barato—, las Yeguas del Apocalipsis instalaron una crítica feroz al mercado del arte y a la izquierda tradicional que, en ese entonces, aún postergaba las demandas de la comunidad LGBTQ+. Su obra es un archivo vivo de la resistencia física; un recordatorio de que, en tiempos de censura, el cuerpo es el único territorio soberano que queda.
La Reina Xóchitl: reina de la noche y activista LGBT+

Trascendencia y legado en 2026
La importancia de las Yeguas del Apocalipsis en el canon artístico reside en su capacidad para transformar la marginalidad en un lenguaje universal de resistencia.
Su influencia se extiende desde la teoría queer latinoamericana hasta las nuevas prácticas de arte político en el sur global. Con la retrospectiva curada por Gerardo Mosquera, el sistema del arte finalmente reconoce que Lemebel y Casas no eran solo provocadores, sino arquitectos de una nueva sensibilidad que permitió a las generaciones actuales habitar el mundo con mayor libertad.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





